El desciframiento de la Piedra de Rosetta
Written by Eduard TàpiaMonday, 29 May 2006 18:07

En 1822 Champollion descubrió la manera de leer los jeroglíficos egipcios mediante el estudio del contenido de la piedra Rosetta, un monolito en el que figuraba inscrito un mensaje en tres idiomas antiguos: griego, demótico y jeroglífico.
“Yo lo soy todo para Egipto y Egipto lo es todo para mí.”
La vida de J. F. Champollion (1790-1832) es una verdadera carrera contrarreloj que da sentido a la monumental tarea para la cual el lingüista francés se sintió en todo momento preparado: el desciframiento de los jeroglíficos. Hablamos de un apasionado orientalista que ya con dieciséis años manifestó la sospecha que la escritura jeroglífica del Egipto faraónico estaba directamente relacionada con el copto, el lenguaje egipcio coincidente con la era cristiana. En sólo cuatro años, sin dejar de investigar y profundizar sus conocimientos en otras lenguas (árabe, hebreo, persa o sánscrito), Champollion fue nombrado miembro de la Académie Delphinale de Grenoble y profesor de la facultad de historia de la misma ciudad. Antes de su exilio a Figéac (1816-1817), tuvo tiempo de publicar su trabajo L’Egypte sous les Pharaons (1814) y de elaborar una gramática y un diccionario del copto.
Desde entonces y hasta 1822, Champollion retomó intensamente el estudio de los jeroglíficos en Grenoble y en París. La fecha clave en esta tarea fue el 22 de septiembre del mismo 1822, cuando el incansable lingüista hizo público a Lettre à Monsieur Dacier que, estudiando la piedra Rosetta, había conseguido lo que parecía imposible: descifrar los jeroglíficos egipcios. En 1828 viajó a Egipto y se dedicó a la frenética recopilación de material que después traduciría. En veinte meses puso a prueba in situ todos sus conocimientos. No es extraño, pues, que la primera cátedra de egiptología de la historia se creara en 1831 en el Collège de France expresamente para Champollion. Finalmente, el agotamiento venció a Champollion, pero ni siquiera una muerte prematura no impidió que se publicaran póstumamente —durante más de diez años— obras que habían quedado en el cajón, entre ellas la Grammaire égyptienne y el Dictionnaire égyptienne.
“Je tiens l’affair!”
“¡Ya lo tengo!” fueron las primeras palabras de Champollion a su hermano antes de comunicarle que era capaz de descifrar la escritura sagrada del Antiguo Egipto. Acto seguido, sufriría un desmayo como resultado del agotamiento mental. Con la ayuda de los grabados de la piedra Rosetta, que ofrecían un mismo texto traducido a tres lenguas (jeroglífico, demótico y griego), Champollion acababa de demostrar que la escritura jeroglífica no era exclusivamente simbólica como erróneamente se había creído desde hacía siglos.
¿Cómo lo hizo?
En primer lugar, comparó el número de caracteres egipcios con el de palabras griegas: 1.419 caracteres egipcios y 486 palabras griegas; por lo tanto, los jerogíflics no podían representar palabras, sino fragmentos de palabras. Además, se fijó especialmente en aquellos grupos de símbolos jeroglíficos que aparecían en un círculo (cartuchos) y que, según se pensaba, debían designar nombres de personajes que reinaron. Por lo tanto, hacían referencia a nombres propios que tanto en griego como en jeroglífico se deberían pronunciar del mismo modo.
Si el texto griego hablaba de una alabanza al rey “Ptolmis” (Ptolomeo), descendiente del general de Alejandro Magno, no costaría demasiado localizar los correspondientes cartuchos para comprobar que, efectivamente, los egipcios podían también hacer referencia a una entidad del mundo real (por ejemplo el faraón) a través, no de uno, sino de más de un símbolo. ¿Se podría hablar pues de la existencia de símbolos que representarían sonidos como en nuestros alfabetos?
El hecho de que la palabra “faraón” (Ptah) y el mismo nombre del faraón (Ptolemeu) presentaran los dos mismos símbolos iniciales (p y t), parecía responder afirmativamente a esta pregunta. Para reforzar el planteamiento, Champollion sólo debía fijarse en nombres de regentes en otras fuentes que compartieran el máximo de letras con el cartucho de Ptolmis. En el obelisco Filas aparecía el nombre de Cleopatra, que ofrecía hasta cuatro letras comunes (p, t, o y l).

Con respecto a la letra T, Champollion dedujo que se podría escribir de dos maneras diferentes, cosa que resultó correcta.
Este procedimiento permitía a Champollion ir confeccionando un primer alfabeto de símbolos fonéticos (fonogramas), con el cual se aventuró a descifrar más cartuchos, como este:

Las letras que conocía eran las siguientes:
1 2 3 4 5 6 7 8 9
A L ? S E ? T R ?
Así, dedujo que este nombre era el de ALKSENTRS (Alexandre), y añadió 3 símbolos nuevos a su diccionario.
Mediante este procedimiento, en pocas semanas, estudiando numerosos cartuchos disponibles no traducidos todavía, llegó a definir alrededor de 100 signos jeroglíficos.
Pero no acabaron aquí sus descubrimientos. Los jeroglíficos no eran tan sencillos.
Imágenes que representan sonidos
Los éxitos de Champollion no radican sólo en identificar algunos signos jeroglíficos con letras que representan sonidos (fonogramas), sino también en descubrir por qué se escogían precisamente estos signos para cada sonido. Esto lo consiguió gracias a sus grandes conocimientos de copto, lengua emparentada con el egipcio de la época faraónica. Los signos jeroglíficos no dejaban de ser figurativos (representaban objetos, como por ejemplo, un león) y fue al expresar estas imágenes en copto, cuando Champollion se dio cuenta de que se escogía la imagen para representar los sonidos iniciales. Por ejemplo, un león para representar el sonido inicial: "L".
La complejidad de la escritura jeroglífica se hacía bien patente, puesto que un mismo nombre podía componerse de ideogramas y fonogramas. Por ejemplo, en el cartucho siguiente:
representa el Sol, pronunciado RA en copto. En la piedra Rosetta, Champollion encuentra el segundo símbolo traducido al griego por “nacimiento”, que en copto se pronuncia como MS. Finalmente, los dos últimos signos ya los había descrito en su diccionario como SS. Así, dedujo el nombre de RAMSSS, Ramsés, el faraón del gran Éxodo hebreo.
Acto seguido, traduce también el siguiente:
El pájaro del jeroglífico representa un ibis, que a su vez es símbolo del dios egipcio Thot. La traducción sería, pues: THOTMSS, Tutmosis, otro famoso faraón.
Estas fueron los primeros pasos de Champollion a la hora de resolver el misterio de los jeroglíficos. Unos años después, —con el sistema más perfeccionado—, llegaría a la conclusión de que el jeroglífico era un combinado complejo de ideogramas, fonogramas y determinativos (símbolos para evitar ambigüedades). Desde entonces, la egiptología se serviría de todos estos estudios para seguir investigando.
Diccionario jeroglífico
Champollion descubrió que los jeroglíficos representaban sonidos o conjuntos de sonidos. Pretendían plasmar por escrito el lenguaje hablado. Pero a menudo los jeroglíficos omitían las vocales y por esto hay palabras que nunca sabremos completamente como se pronunciaban. Los jeroglíficos, además, se podían escribir de izquierda a derecha, de derecha a izquierda o de arriba abajo. Para saber en qué sentido de los dos primeros se deben leer, debemos fijarnos si aparecen símbolos que representen hombres o animales. Si miran hacia la izquierda, el texto se leerá de izquierda a derecha.

¿La maldición de los faraones?
Las dificultades en la historia francesa del desciframiento de la piedra Rosetta escasean y hacen pensar, incluso, que el secreto de los faraones no debería haber sido descubierto. Veamos aquí algunos ejemplos:
- 1801: La piedra no llegaría nunca a Francia, país de sus descubridores originales. Tras la victoria de los británicos sobre los franceses en Egipto, el destino definitivo del “botín de guerra” será el British Museum.
- 1807-1809: Una iluminación inadecuada provoca estrabismo en el ojo izquierdo de Champollion.
- 1815: La Académie Delphinale de Grenoble niega a Champollion la publicación de su gramática del copto, lengua clave, según él, para el análisis de la estructura jeroglífica.
- 1816-1817: Champollion es exiliado por los monárquicos a Figéac y desposeído de sus cargos en Grenoble, por haberse posicionado a favor de Napoleón Bonaparte.
- 1822: Apenas había comunicado a su hermano que ha empezado a leer jeroglíficos, Champollion se desmaya. La fiebre, producto de los nervios, lo mantendrá varios días alejado del trabajo.
- 1832: La fatiga y una infección que ha contraído en Egipto, acaban con la vida del joven Champollion.
La clave de todo

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