El arte es una caja de sorpresas. En el momento más inesperado nos podemos encontrar con un efecto insospechado o con un nuevo reto para la vista. Este es el caso de la anamorfosis.
En 1907, después de unos cuantos meses de estudios, Picasso dio a conocer Las Señoritas de Aviñón a sus amigos más próximos. Las reacciones fueron diversas, pero sobre todo destacó la sorpresa frente a una obra de arte que rompía con toda la tradición pictórica anterior. Las convenciones que tanto se habían desarrollado en la historia del arte desde el Renacimiento eran totalmente transgredidas aquí. Aun cuando la obra no se puede considerar cubista, Picasso desplegó en ella muchos de los aspectos que formarían la base de este nuevo movimiento, como por ejemplo: la descomposición del espacio y las formas pictóricas, la inspiración en el arte primitivo y la combinación de diferentes puntos de vista en una sola figura.
La Torre Agbar es el tercer edificio más alto de Barcelona, que se ha convertido en un icono urbanístico, sobre todo por su peculiar forma cilíndrica y por la gama de colores que desprende a lo largo del día.
Extraído de un bloque de mármol al que otros escultores no supieron dar vida, el David de Miguel Ángel se convirtió en el ideal del arte renacentista. Símbolo del poder y la sociedad de la Florencia del siglo XVI, pasó a ser modelo estético del arte posterior. Hoy, quinientos años más tarde, esta figura majestuosa y de proporciones perfectas, sigue siendo tan admirada como el primer día.