Ésta es
una versión reducida y libre de la novela Drácula
de Bram Stoker.
Drácula se transforma. Ha sido un personaje histórico, una superstición, una pesadilla y una inspiración. Bram Stoker lo convirtió en un personaje literario que popularizó la leyenda. Muchos de vosotros habréis visto la película que Francis Ford Coppola hizo basándose en este libro. Olvidadla por unos momentos. El Drácula de Stoker es diferente, la historia de Stoker es diferente. Descubridla en estas líneas, pero hacedlo a la luz del día, ya sabéis, dicen que, cuando se pone el sol..., Drácula recobra vida.
Ésta es una versión reducida y libre de El romance de Tristán e Isolda de Joseph Bédier.
Nunca dos amantes sufrieron tanto. Las historias de amor suelen tener un tiempo dulce para después entrar en la amargura... pero ¿y cuándo se entra en el infierno desde el principio? ¿Cómo pueden vivir dos enamorados a sabiendas de que su amor es a la vez el paraíso y el purgatorio? ¿Y, para qué tanto sufrimiento? Os parecerá extraño, incluso quizás imposible, pero todo lo que Tristán e Isolda sufrieron, lo aceptaron por lealtad al buen rey Marcos. Ya lo sabéis, dos son compañía; tres multitud...
Esta es una versión reducida y libre de la historia que Homero explicó en su poema épico La Ilíada, construido en 804 versos divididos en veinticinco cantos.
A veces gloriosos, a veces despreciables, los príncipes y reyes de esta historia se enfrentan en una guerra cruenta. Luchan, muchos mueren, otras lloran o se mofan, defienden su honor y a veces lo ignoran. Todo lo hacen creyéndose poderosos, pero sus vidas no son más que las piezas de un tablero donde los dioses -a veces gloriosos, a veces despreciables- depositan sus caprichos. Bienvenidos a una historia donde humanos y dioses se diferencian en algunas virtudes, pero se igualan en cada defecto.
Ausiàs March escribió poesía a la manera de los trovadores durante la primera mitad del siglo XV. El amor es el tema de la mayoría de sus poemas, en los que la voz poética del enamorado se queja del sufrimiento que debe soportar, y se dirige a una dama cuyo nombre esconde tras un pseudónimo (el "señal"), y a la que a menudo pide merced (favor y clemencia).