Ausiàs March escribió poesía a la manera de los trovadores durante la primera mitad del siglo XV. El amor es el tema de la mayoría de sus poemas, en los que la voz poética del enamorado se queja del sufrimiento que debe soportar, y se dirige a una dama cuyo nombre esconde tras un pseudónimo (el "señal"), y a la que a menudo pide merced (favor y clemencia).
Cogemos una olla llena de niebla e introducimos castillos embrujados, criptas tenebrosas, almas condenadas y monstruos horripilantes, tormentas eléctricas y noches inacabables, y lo aliñamos con la más densa oscuridad. Si se desea, añadimos escenas sacadas de leyendas populares. Mezclamos con cuidado y ya lo tenemos: una novela digna del género gótico (su calidad dependerá de la destreza del cocinero). En los relatos góticos se advierte un erotismo misterioso y un amor por aquello decadente y ruinoso. La depresión profunda, la angustia, la soledad, el amor enfermizo, aparecen en estos textos vinculados con aquello oculto y sobrenatural.
Daniel Sempere, el protagonista de La sombra del viento, tiene diez años cuando su padre lo trae a un lugar misterioso escondido en el corazón de la Ciudad Vieja: el Cementerio de los libros olvidados. En los espacios de aquel laberinto, el chico encuentra un libro maldito escrito por un desconocido Julián Carax: La sombra del viento.
Hay algo inexplicable en el éxito de Joanne Kathleen Rowling, la creadora de Harry Potter. ¿Cómo puede ser tan enorme? ¿Por qué es tan fulminante? ¿Qué tiene Harry Potter para convertirse en un fenómeno de la literatura infantil a la vez que para los adultos?