Uno de los retos científicos más ambiciosos de nuestros días es la búsqueda del bosón de Higgs. La existencia de esta escurridiza partícula es fundamental para que la visión del mundo de la física contemporánea sea consistente. Sin embargo, hasta ahora, nadie ha podido detectar su presencia.
Los rayos han asustado a la humanidad desde hace siglos. La mitología griega consideraba que eran las armas que Zeus utilizaba contra sus enemigos y con las que sometió a los titanes. A los celtas les hacían temer que el cielo se les fuera a desplomar sobre la cabeza. El acerbo popular los considera peligrosos: una de las peores maldiciones es “mal rayo te parta”.
Hasta inicios del siglo XX no se creía que un invento humano que pesara más que el aire pudiese volar. El mismo Lord Kelvin afirmó " nada creado por el hombre y más pesado que el aire puede volar ". Pocos años más tarde, en 1903, tuvo que tragarse sus propias palabras al ver como los hermanos Wright daban tumbos por el aire con un armatoste que, a pesar de su aspecto rudimentario, voló unas decenas de metros antes de estrellarse...
¿Qué fenómeno no conocían los físicos de la última década del siglo XIX, que sin embargo usaron los Wright para construir sus artefactos voladores?
Todos hemos oído hablar de la teoría de la relatividad y conocemos el nombre de su autor: Albert Einstein. Sin embargo, esta teoría que es una de las más revolucionarias de la historia de la ciencia es a la vez una de las menos comprendidas. Entender sus implicaciones puede ser complicado. Sin embargo, sus principios básicos están al alcance de cualquier curioso. Sólo hay que prestar un poco de atención: