Vas andando por un pasillo, te acercas a la puerta, te dispones a abrirla y... ¡ZAP! ¡Calambre! O bien llegas a casa un día frío, te sacas el jersey de lana, y... ¡BOING! ¡Todos los pelos se te ponen de punta! ¿Qué demonios está pasando? La respuesta: la electricidad estática.
No son pocas las películas que sitúan su acción trepidante en el espacio exterior. La mayoría de ellas, como la saga de Star Wars, cometen siempre el mismo "error": las naves, los cañones láser y las explosiones hacen ruido. Y es que en el espacio exterior el sonido no existe, dado que el sonido es una onda mecánica que para propagarse necesita de un medio. Aire, agua, piedra... el que sea, pero algo que pueda vibrar para propagar las ondas sonoras. El espacio exterior es totalmente vacío, no hay ni una migaja de aire, por lo tanto no podemos sentir nada.
Uno de los retos científicos más ambiciosos de nuestros días es la búsqueda del bosón de Higgs. La existencia de esta escurridiza partícula es fundamental para que la visión del mundo de la física contemporánea sea consistente. Sin embargo, hasta ahora, nadie ha podido detectar su presencia.
Los rayos han asustado a la humanidad desde hace siglos. La mitología griega consideraba que eran las armas que Zeus utilizaba contra sus enemigos y con las que sometió a los titanes. A los celtas les hacían temer que el cielo se les fuera a desplomar sobre la cabeza. El acervo popular los considera peligrosos: una de las peores maldiciones es “mal rayo te parta”.