No somos conscientes,
pero sobre nuestras espaldas cargamos el peso de las millones y millones
de moléculas de aire que se encuentran justo sobre nosotros, formando
parte de la atmósfera. Esto es lo que denominamos presión atmosférica.
Como podemos deducir, esta presión depende de la altitud a la cual
nos encontramos: cuanto más arriba, menos aire tendremos encima y,
por lo tanto, menos pesará. Efectivamente, arriba de una montaña la
presión atmosférica es inferior que la se da a nivel del mar. ¿Cómo
podemos demostrar este fenómeno que nos acompaña día a día?
Hay materiales que son imanes de forma natural y permanente. Pero también podemos convertir en un imán cualquier material conductor de la electricidad. Sólo hay que hacer pasar una corriente eléctrica por su interior. ¿No te lo crees? Prueba y verás.