Cada año caen sobre la Tierra decenas de miles de meteoritos. La mayoría de ellos son muy pequeños, del tamaño de una piedra, y acaban desintegrándose en la atmósfera. Pero de vez en cuando se puede producir un impacto con un asteroide de dimensiones más preocupantes, incluso de algunos kilómetros de longitud. Cuando esto sucede se producen grandes explosiones que dejan cráteres enormes. El ejemplo más famoso, el que contribuyó a la desaparición de los dinosaurios hace 65 millones de años. Actualmente, sin embargo, no estamos fuera de peligro. Precisamente, se ha detectado un gran asteroide que se nos acerca...
Las imágenes animadas de los satélites que se ven en los programas del tiempo tienen una particularidad: las perturbaciones, las borrascas y las nubes siempre viajan de izquierda a derecha. Por ejemplo, una perturbación que nace en la península Ibérica va hacia la italiana y una que llega desde América se acerca a Europa. Ésta es una de las manifestaciones de una fuerza que influye la dirección de los vientos y de las corrientes. Pero la fuerza de Coriolis no aparece por arte de magia: su presencia nos recuerda que vivimos en un planeta que gira.
Definimos una especie como aquel conjunto de individuos que pueden cruzarse y producir descendencia fértil. Un caballo y un hipopótamo no pueden tener descendientes (creedme, no hace falta que lo probéis). Por lo tanto, no son de la misma especie (qué descubrimiento...). Un caballo y un burro, en cambio, sí que pueden tener descendencia: los mulos. Pero estos híbridos (así se denominan los descendientes de individuos de especies diferentes) no son fértiles. Ergo, el caballo y el burro no son de la misma especie.