¿Os imagináis que este verano lo único que tuviérais que hacer para alimentaros fuera tumbaros en la playa a tomar el Sol? Pero a todos nos han explicado en la escuela que los animales no hacen la fotosíntesis, ¿verdad? Eso en principio es cierto en un sentido evolutivo: el linaje que dio lugar a los animales no cuenta con la maquinaria molecular necesaria para realizar la fotosíntesis. ¡Los animales no tenemos cloroplastos ni clorofila! No obstante, hay animales que, mediante la simbiosis con cianobacterias, han adquirido la capacidad de obtener materia orgánica a partir de CO2 y la energía de la luz, exactamente igual que las plantas.
Seguro que en alguna ocasión habéis oído decir que las hormigas son más fuertes que nosotros, porque son capaces de levantar 50 veces su propio peso. Pero, ¿qué ocurriría si con una máquina imaginaria hiciésemos crecer las hormigas y llegaran a tener nuestro tamaño? ¿Serían realmente más fuertes que nosotros? La respuesta es que probablemente ni siquiera conseguirían erguirse y mantenerse de pie. Cambiar de tamaño no es tan fácil como se muestra en algunas historias de fantasía o de ciencia ficción. Las leyes de la Física convierten en inviable la posibilidad de que un gigante tenga la complexión de un ser humano, entre otras cosas.
En la sociedad actual, el deporte disfruta de un papel muy destacado. Los medios de comunicación nos bombardean constantemente con las actuaciones de los deportistas más famosos. El deporte profesional mueve enormes cantidades de dinero, y la publicidad aprovecha la pasión por el deporte para promocionar los productos más diversos. Pero ¿ha sido siempre así? ¿Existía el deporte hace unos miles de años? ¿Se practicaban las mismas actividades que ahora, o no tenían nada que ver con las disciplinas actuales? Echemos un vistazo y veamos cómo funcionaba esto del deporte hace unos miles de años.