El cero absoluto es la temperatura correspondiente a 0 grados kelvin o, lo que es lo mismo, -273'15 grados en la escala de Celsius, que es la que nosotros usamos habitualmente. Esta temperatura ha traído de cabeza a muchos científicos desde que Guillaume Amontons teorizó sobre su existencia en el año 1702: según él, debía de existir una temperatura mínima por debajo de la cual era imposible llegar. Muchos investigadores han querido acercarse, y no precisamente para saber si hace mucho frío. Parece ser que el cero absoluto es una caja de sorpresas.
El último gran hito en el desciframiento de escrituras antiguas fue el iniciado por el egiptólogo británico John D. Ray con la posterior contribución del catalán Ignasi-Xavier Adiego y el alemán Diether Schürr: el desciframiento de la escritura caria. Utilizada por una pueblo de Anatolia occidental (Turquía) hace más de 2.500 años, su interpretación fue posible gracias a unas pequeñas inscripciones bilingües a quienes nadie había prestado atención. De nuevo, un pueblo de la antigüedad, protagonista de relatos mitológicos y gestas legendarias, volvió a la vida a través de sus propios escritos, de su propia lengua.
Uno de los desciframientos más espectaculares tras el gran hito de Champollion con los jeroglíficos egipcios fue probablemente el de la escritura lineal B. Esta historia reúne todos los ingredientes para escribir un emocionante relato de suspense: unas ruinas de una civilización mitológica, una investigadora que murió cuando estaba a punto de obtener la clave del desciframiento, un joven arquitecto que también murió trágicamente poco después de lograr este hito, la carencia total de textos bilingües u otras ayudas para iniciar el desciframiento, y una gran dosis de intuición, perseverancia y rigor como principal método hacia el éxito. Entender las escrituras de la época de la gloriosa Troya y el ambicioso rey Agamenón era una recompensa que bien valía la pena.