Cuando nos hablan de la evolución de los seres vivos pensamos en un proceso lento y gradual que sólo se hace patente a lo largo de millones de años. Y aunque la evolución biológica es un hecho demostrado, algunos todavía insisten en dotarla de carácter hipotético argumentando que no podemos ver en directo cómo las especies evolucionan. Nada más lejos de la realidad. Son muchos los casos documentados de primera mano sobre fenómenos evolutivos observados en periodos inferiores a la vida de un investigador. Los organismos con ciclos de vida cortos, que en el tiempo que dura una vida humana han producido miles de generaciones, son los protagonistas de estas historias naturales de la evolución.
Hay organismos que evolucionan más rápido que otros. ¿Cómo lo consiguen? Evidentemente, no es una cosa que decidan. Hay una serie de factores que determinan la velocidad con que puede evolucionar un grupo de organismos ante un cambio en su medio ambiente.
Nunca nadie se había imaginado que las bacterias pudieran "hablar" entre ellas. Cuando por primera vez se descubrió que una bacteria podía saber cuántos individuos integraban su colonia y comportarse en consecuencia (dejar de multiplicarse, producir luz, etc.) nadie lo podía creer. ¿Cómo se lo hacían estos seres unicelulares tan sencillos a simple vista para saber cuántos compañeros los rodeaban?