Muchos animales destacan por sus capacidades especiales: la agudeza visual del águila, el finísimo olfato de los perros, la capacidad de oír ultrasonidos de los murciélagos, la regeneración de las salamandras ... Lejos de las películas de ciencia-ficción, todos estos son superpoderes reales: existen en la naturaleza y quizás algún día podríamos trasladarlos a nuestros cuerpos para convertirnos en auténticos "superhumanos".
La evolución entra en acción cuando, por algún motivo, se produce un cambio en el ambiente. Si este cambio es lento y gradual, la mayoría de especies se pueden adaptar a él. Pero si el cambio es abrupto, como es el caso del actual cambio climático, sólo aquellas especies con ciclos de vida cortos y muchos descendientes tienen opciones para adaptarse y sobrevivir. Precisamente, porque evolucionan rápidamente.
Cuando nos hablan de la evolución de los seres vivos pensamos en un proceso lento y gradual que sólo se hace patente a lo largo de millones de años. Y aunque la evolución biológica es un hecho demostrado, algunos todavía insisten en dotarla de carácter hipotético argumentando que no podemos ver en directo cómo las especies evolucionan. Nada más lejos de la realidad. Son muchos los casos documentados de primera mano sobre fenómenos evolutivos observados en periodos inferiores a la vida de un investigador. Los organismos con ciclos de vida cortos, que en el tiempo que dura una vida humana han producido miles de generaciones, son los protagonistas de estas historias naturales de la evolución.