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Lolita cumple 50 años con 50 millones de ejemplares vendidos. Y lo hace después de haber pasado por el cine de la mano de Kubrick; habiendo creado una nueva palabra y una nueva América, la de moteles y carreteras; y sobre todo consiguiendo que, después de tres generaciones, los lectores aún se sientan atraídos por ella.
Lolita es la historia de Humbert Humbert, profesor cuarentón que en su infancia se enamoró de una niña llamada Annabel. A causa de su muerte, Humbert acaba siendo un pedófilo obsesionado con su hijastra, Lolita, a quien se lleva como cautiva sexual por todo el país. Al final, ella le dejará por otro hombre, Humbert lo asesinará y acabará en la cárcel.
Lo cierto es que Lolita es una narración lírica de gran proeza verbal: la elegancia de su escritura y la riqueza de sus personajes han dejado huella en la literatura universal. Contra las iniciales acusaciones de pornografía, es una de las novelas más melancólicas, elegantes y líricas que existen. Se trata de una historia de amor enfermizo sobre el imposible deseo sexual de un hombre culto de mediana edad, donde conviven dos componentes explosivos: el incesto y la atracción por las preadolescentes. Al lado del relato erótico también nos encontramos con un ácido retrato de los Estados Unidos de los años 50, una de las grandes aportaciones de la novela.
Los dos personajes principales, Humbert y Lolita, llevan el peso de la historia. La forma en que Nabokov describe sus sentimientos provoca que, en lugar de escandalizarnos, sintamos lástima por la mente enferma de Humbert. Por otro lado, vemos como el personaje de Lolita, una bella adolescente de inteligencia y sensualidad precoces, en realidad carece de la ingenuidad que enamora a Humbert, jugando consciente y constantemente con la libido de su padrastro.
El nacimiento de Lolita
El origen de esta novela está marcado por El hechicero. En este libro de 1939, Nabokov retrata a un hombre de cuarenta años que sufre una atracción insatisfecha por las jovencitas y que se casa con una mujer enferma porque ésta tiene una hija de doce años: se trata de un adelanto de Humbert.
Se cuenta de Nabokov que para componer con verosimilitud a Lolita paseaba por los parques frecuentados por adolescentes. Es muy posible que en esta tarea de perfilar al personaje también se viera ayudado por sus años como profesor en Wellesley College, universidad norteamericana que imparte clases exclusivamente a mujeres, donde parece que despertaba verdadera adoración entre las universitarias. Hasta 28 romances hay en el currículum sentimental de Nabokov, que según su biógrafo Brian Boyd, “vivió con gran energía sus aventuras sexuales”. Sea como sea, estas experiencias sirvieron para crear la obra de arte que es Lolita.
Vera, su esposa durante 52 años, también contribuyó al libro. La gestación de Lolita se reveló
muy compleja y Nabokov “asediado por las dificultades técnicas y las dudas” arrojó al fuego el borrador de la novela, que Vera rescató rápidamente.
Ella también tendría mucho que ver en la edición de la novela, ya que fue muy difícil llegar a dar con un padrino. En diciembre del 53, Nabokov entregó el manuscrito en Nueva York: le dijeron que era brillante, pero que cualquier editor que lo aceptase se arriesgaba a ser multado o encarcelado. Después lo rechazarían otras cinco editoriales estadounidenses. Pero poco antes de agotar la vía americana, Vera se puso en contacto con la agente de Nabokov en Francia. En París Lolita llegó a manos de Maurice Girodias, que publicaba pornografía en inglés, libros censurados en otros sitios. Sin conocer la reputación dudosa del editor, Nabokov firmó: Lolita se publicaría en París en septiembre del 55.
Lolita de cine
Dos versiones cinematográficas han reflejado la novela de Nabokov: Stanley Kubrick la llevó al cine por primera vez en 1962 con James Mason y Sue Lyon como protagonistas y Adrian Lyne en 1997, con Jeremy Irons como Humbert Humbert y Dominique Swain como Lolita. Incluso existe una versión manga: Lolita Gótica ha hecho furor entre los aficionados a la animación japonesa.
Kubrick deja muy claro en las primeras y violentas imágenes de su versión que Lolita va a acabar mal: vemos a un Humbert maníaco matando a un hombre que le ha robado todo, que le ha robado a Lolita. En realidad, Kubrick le había prometido al director de la oficina de autocensura de Hollywood que la película acabaría en matrimonio. Para Kubrick, que tanta importancia daba a los contratos, fue una suerte que sus palabras no quedaran por escrito: un final feliz en un relato oscuro como Lolita resultaba totalmente inverosímil, aun cuando era legal en algunos estados contraer matrimonio con menores. En aquellos años, el puritanismo era tal que Neil Coward y Laurence Olivier rechazaron el papel de Humbert por considerar que podía tener efectos negativos sobre sus carreras.
Sin embargo, es admirable ver cómo ciertas escenas (Humbert pintándole las uñas de los pies a Lolita) logran transmitir tanto erotismo a pesar de que ni siquiera se permitió la filmación de un beso entre los amantes. De todas formas, el objetivo de Kubrick no era tanto plasmar el erotismo y la morbosidad (sí para Adrian Lyne) sino explicar el camino de perdición cuando se vive a expensas del oscuro objeto de deseo.
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