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SIDA: Una epidemia mundial aún sin solución Imprimir E-Mail
escrito por Antonio R. García   
martes, 30 de mayo de 2006

Sida

La infección por el virus de la inmunodeficiencia humana o VIH constituye la mayor epidemia a nivel mundial ocurrida en la segunda mitad del siglo XX y principios del XXI. Se estima que en 2005 ocurrieron cinco millones de nuevas infecciones, y que el número total de personas afectadas alcanzó los 40 millones. Aunque la tasa de mortalidad ha disminuido gracias a la aparición de nuevos fármacos, no existe todavía ninguna vacuna o tratamiento que evite o elimine la infección. Sólo la prevención es efectiva contra el VIH y todos somos susceptibles de contagio.

Un virus humano procedente de los simios

El virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) tiene su origen en el virus de la inmunodeficiencia de los simios o VIS, y se cree que fue entre los años 1920 y 1940 cuando en África central ocurrieron las primeras trasmisiones desde simios a humanos. Se originaron así dos variantes del virus, el VIH-1, causante de la mayoría de los casos de SIDA en el mundo, y el VIH-2, restringido al África occidental.

Chimpancé

Las células humanas al servicio del virus

Al igual que el resto de virus, el VIH tiene una estructura simple aunque altamente especializada para infectar células y multiplicarse dentro de ellas. Para ello posee una envoltura de composición similar a la membrana de las células humanas, que protege la cápsida vírica e impide que el virus sea reconocido fácilmente como un agente nocivo al que eliminar. La cápsida vírica consiste a su vez en proteínas propias del virus que forman una estructura en forma de cono y que alberga en su interior el material genético vírico.

Las células son grandes máquinas que realizan sin rechistar las operaciones que se indican en su material genético (el DNA). Cuando un virus infecta una célula, introduce un fragmento de material genético nuevo con las instrucciones necesarias para crear más virus. Así, la célula obedece estas instrucciones como si fueran propias y dirige toda su maquinaria a la producción de miles de virus que terminarán por reventar la célula.

El material genético del HIV, a diferencia que en la mayoría de seres vivos, no es DNA, sino RNA. Por eso, cuando el virus infecta la célula, lo primero que tiene que hacer es convertirlo en DNA, gracias a una proteína que el virus contiene: la retrotranscriptasa.

Una vez hecho esto, el DNA vírico se integra en el DNA de la célula, comportándose entonces como un gen más que se duplicará cuando la célula se divida. Las dos células hijas fruto de la división estarán por tanto infectadas también por el VIH.

El VIH podrá entonces permanecer en este estado de latencia por un periodo indefinido o bien comenzar a utilizar la maquinaria de la célula para multiplicarse. Se generarán así miles de virus que podrían ser liberados para infectar otras células.

SIDA


CICLO INFECCIOSO DEL VIH

  1. La envoltura del virus se fusiona con la membrana celular.
  2. La cápsida del virus se introduce en la célula.
  3. Se libera el material genético del virus (RNA).
  4. La retrotranscriptasa del virus convierte el material genético RNA en DNA.
  5. El DNA vírico se integra en el DNA de la célula.
  6. La célula sigue las instrucciones del DNA vírico y produce nuevos virus.
  7. Los virus salen de la célula a infectar otras células.

Ciclo infeccioso VIH

La enfermedad: el sistema inmunitario comprometido

El VIH no infecta indistintamente cualquier célula del cuerpo humano, sino que infecta específicamente células del sistema inmunitario llamadas linfocitos. Estas células son las encargadas de reconocer los agentes patógenos externos y desencadenar una respuesta inmunitaria que los elimine. El desarrollo del SIDA hace que el sistema inmunitario esté especialmente debilitado y que por ello el individuo enfermo sea susceptible de contraer fácilmente otras infecciones, conocidas en este caso como infecciones oportunistas.

Virus

Esta especificidad del VIH se debe a que el virus necesita reconocer en la membrana de las células una proteína llamada receptor CD4, a la cual necesita unirse para llevar a cabo la infección. Este receptor, además de en los linfocitos, se encuentra también en otras células llamadas células dendríticas localizadas en las mucosas. Las mucosas son las membranas que tapizan las cavidades corporales que se abren al exterior, como son la boca, el recto y los genitales, por lo que se piensa que son las células dendríticas de las mucosas las primeras en ser infectadas en la transmisión sexual del VIH.

Fases de la infección

La infección por VIH, también conocida como seropositividad, no implica el desarrollo inmediato de la enfermedad del SIDA, sino que normalmente empieza con un periodo de tiempo más o menos largo (hasta 10 años, dependiendo de la persona) asintomático, es decir, sin indicios de la infección. Sin embargo, tras la infección se desata una terrible lucha entre el virus invasor y el sistema inmunitario, que durará todo este periodo asintomático. Durante este tiempo el individuo es capaz de transmitir el virus si no toma las medidas preventivas necesarias por desconocimiento de su propia infección.

La silenciosa guerra entre el VIH y el sistema inmunitario, más tarde o más temprano, siempre acaba con la victoria del primero, salvo en casos muy especiales. Es entonces cuando aparecen los síntomas del SIDA propiamente dicho, debidos a la destrucción del sistema inmunitario.

UNA EPIDEMIA MUNDIAL

El SIDA representa un grave problema de salud en todo el mundo. En algunos países africanos, una de cada dos mujeres son portadoras del VIH.

SIDA

La prevención es la única solución efectiva

El virus del SIDA se encuentra en la sangre y en otros líquidos corporales de personas seropositivas como son el semen, los fluidos vaginales y la leche materna. Se distinguen por tanto tres mecanismos de transmisión del VIH: transmisión por la sangre, transmisión sexual y transmisión de la madre al hijo si la mujer embarazada es seropositiva.

En el caso de la transmisión por la sangre, compartir agujas para el uso de drogas inyectables es una práctica de alto riesgo. En el ámbito doméstico, no compartir objetos que hayan podido estar en contacto con la sangre, como el cepillo de dientes, la cuchilla de afeitar etc., es suficiente para la prevención.

Preservativo

Irineu i Degasperi

En la transmisión sexual serán prácticas de riesgo todas aquellas que pongan en contacto este tipo de líquidos de una persona infectada con las mucosas de una persona sana (boca, genitales y recto). Los besos y otras prácticas que no impliquen penetración o sexo oral sin preservativo, no comportan riesgo.

 
 
 
 
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