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Vino con queso: la ciencia del maridaje Imprimir E-Mail
escrito por Salvador Pané   
jueves, 03 de agosto de 2006

Vino con queso

Combinar un vino con una comida puede parecer tarea fácil si se tiene en cuenta la tópica regla de servir vinos blancos con pescado y volatería; tintos con carne roja y quesos; jerez para los entrantes y oportos para los postres. Pero como en todas las reglas, existen excepciones, aún más si tenemos en cuenta la numerosa cantidad de propuestas exóticas que ofrece la cocina actual. No es menos cierto que hay manjares y condimentos que riñen con cualquier vino como el ajo crudo, los vinagres, algunos vegetales como el apio y salsas como el curry. Con lo cual, emparejarlos con un agua mineral o incluso con una buena cerveza sería lo más aconsejable.

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Liz Grist

El secreto de la ciencia inexacta del maridaje reside en la concordancia y el equilibrio, es decir, el vino no debe quitar nunca protagonismo al plato, ni éste al vino. Es preferible que los vinos más corpóreos acompañen a platos recios mientras que los jóvenes y delicados se apresten con platos más livianos.

En el caso de que se sirva más de un vino en un banquete, normalmente es conveniente ofrecer los más gráciles antes que los vigorosos. Por otra parte, los vinos más secos se servirán antes que los dulces a menos que exista un plato endulzado prematuro a los postres. También es aconsejable empezar por vinos de bajo contenido en alcohol. Otro factor a tener en cuenta es el sabor ácido que exhiben algunos platos. Si es el caso, los concertaremos con un vino que presente una acidez similar.


Seleccionar un vino que proceda de la misma región que el queso suele resultar exitoso

Para las uniones de vino con queso, no existen reglas inequívocas sino que el arte se fundamenta en una cierta intuición y sentido común. Sin embargo, ciertas pautas nos pueden servir de gran utilidad. Normalmente, seleccionar un vino que proceda de la misma región que un queso suele resultar exitoso. Un Ribera del Duero casará bien con un queso manchego. Del mismo modo, obtendremos un buen resultado de combinar un vino macedonio de la región de Naoussa con queso feta. Otro criterio a seguir consiste en seleccionar el queso en función de la edad del vino o viceversa. Los quesos más curados conviene servirlos con vinos reserva.

¿Con qué casa mi queso?

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Camembert

El láctico legendario de la región francesa de Normandía tiene una textura cremosa y una corteza blanca y surcada. Para compensar su palatabilidad mantecosa es bueno acompañarlo con un vino espumoso como un champagne. Un vino blanco y complejo como el chardonnay de sabor afrutado y levemente dulce también es una opción. Si se prefiere un vino tinto, podemos escoger un garnacha envejecido o bien un tempranillo joven.

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De cabra

Este queso con carácter se aviene convenientemente con vinos rancios como los de la región de Rueda o, si preferimos un vino francés, un sancerre afrutado y bien equilibrado es un buen acompañante. También, un buen partido para este queso es un vino tinto afrutado como un garnacha.

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Parmesano

Este láctico envejecido, como el manchego o el pecorino, de aroma acentuado y sabor picante tiene buena relación con vinos tintos de fuerte talante. Un cabernet sauvignon o un chianti con estas características constituyen un buen maridaje. Para los amantes de los blancos, un chardonnay de edad es la opción. También, el sauternes se complementa espléndidamente.

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Mahón

El queso menorquín, igual que el manchego, cuando está semicurado, acepta placentero la compañía de un vino tinto o blanco maduro. Si es tinto, podemos probar con un cabernet sauvignon o un tempranillo con cierto carácter que resalta el sabor del queso; si es blanco, un sauvignon blanc en su versión dulce aporta notas melosas.

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Gamonedo

El vacuno ahumado de Cantabria se acompaña bien con un vino dulce como el oporto o un moscatel. También, los tonos ahumados de este queso combinan bien con un tinto joven obtenido a partir de la variedad tempranillo (Rioja). Esto se puede aplicar a otros quesos ahumados como el chevrelait francés (de cabra) o la Ricotta Affumicata italiana (de oveja).

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Roquefort

La corpulencia del roquefort y, en general de los quesos azules, da poca libertad de movimiento, aunque hacen un buen dúo en la mesa con vinos dulces como sauternes, oporto o incluso un moscatel navarro.

 
 
 
 
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