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El fuego es un elemento propio de los ecosistemas mediterráneos, pero el número actual de incendios es 10 veces superior al natural. Los fuegos de origen humano, ya sean provocados o accidentales, están sobrepasando la capacidad de regeneración de los bosques y amenazan con su desaparición.
Un elemento natural del Mediterráneo
Hay lugares que se incendian año tras año. Todos los veranos recibimos noticias de graves incendios forestales en muchos países de la Cuenca Mediterránea (España, Grecia, etc.), y también en California, en Australia, en Chile y en Sudáfrica. Pero, ¿qué tienen en común todos estos lugares tan alejados del planeta para sufrir continuamente los efectos del fuego? La respuesta es sencilla: en todos ellos la época más calurosa del año coincide con la más seca.
Sabemos que en todas las zonas con un clima mediterráneo el fuego es un elemento natural presente desde hace millones de años, mucho antes de que los humanos lo empezáramos a dominar, que ha tenido un papel muy importante en la definición de estos ecosistemas. Tanto es así, que muchas especies que han vivido desde siempre en estos paisajes presentan mecanismos para protegerse o para reaparecer después de un incendio. Hoy, sin embargo, los bosques como los de Cataluña se queman a un ritmo aproximadamente diez veces superior al que sería natural y estos mecanismos empiezan a no ser suficientemente eficaces.
¿Qué hacen las plantas ante el fuego?
John Harald
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Algunas plantas resisten directamente el paso de las llamas, como es el caso del pino piñonero (Pinus pinea) y del alcornoque (Quercus suber), que tienen la corteza lo suficiente gruesa como para soportar las llamas. Otras pueden rebrotar, es decir, sacar nuevos tallos y hojas verdes después de haber perdido completamente las que tenían, como es el caso del mismo alcornoque, los robles y las encinas (Quercus sp.). Otras plantas, como el pino carrasco (Pinus halepensis) y la jara blanca (Cistus albidus), protegen sus semillas con cubiertas duras que se abren una vez pasado el fuego, de tal manera que aunque la planta muera, su descendencia tiene posibilidades de garantizar la continuidad local de la especie. Otras muchas plantas, pero, no presentan ninguno de estos mecanismos y pueden llegar a desaparecer definitivamente de la zona quemada. |
¿Y los animales?
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El fuego mata muchos animales. Los grandes mamíferos y reptiles, así como muchos insectos, son víctimas habituales de las llamas porque les resulta difícil huir o encontrar refugio. En general, los pájaros sobreviven más, dado que pueden recorrer grandes distancias en poco tiempo. Algunos, como el pito real (Picus viridis), vuelven pronto tras el fuego, usando los troncos quemados que han quedado de pie como refugio y fuente de alimento. Los animales que hacen madrigueras bajo tierra, como los conejos, los ratones y las hormigas, pueden sobrevivir si permanecen dentro de la madriguera durante el incendio, pero después a menudo mueren de hambre porque no encuentran comida. Además, los incendios afectan también a la supervivencia de los animales de las zonas vecinas no quemadas, porque los que llegan huyendo del fuego aumentan la competencia por los recursos en aquellos lugares.
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Pájaro denominado pito real (Picus viridis) Imagen: Sven Teschke
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El mito de los pinos pirófitos
¿Cuántas veces habéis oído aquello de que “los pinos quieren el fuego”? Este mito, como otros muchos, no nace de la nada; pero se ha desvirtuado totalmente. No hay ninguna especie de pino propia de la Península Ibérica que necesite la presencia del fuego para sobrevivir o reproducirse. Es cierto que el pino carrasco (Pinus halepensis) y el pino piñonero (Pinus pinea) reservan parte de sus piñas cerradas durante años gracias a una resina que sólo se seca con altas temperaturas. Esto permite que después de un incendio estas piñas liberen sus semillas en un medio sin competencia. Pese a esto, ambos pinos se reproducen normalmente sin fuego. Por otro lado, cada vez es más habitual que una misma zona vuelva a quemarse antes de que los nuevos pinos sean bastante maduros como para hacer nuevas piñas fértiles, y cuando esto pasa, también estas especies desaparecen de la zona.
El resto de pinos mediterráneos no tienen piñas de reserva (piñas serótinas) y su regeneración tras el fuego es muy limitada. El pino laricio (Pinus nigra), por ejemplo, vio reducida su distribución en Cataluña en un 30% (es decir, perdimos casi uno de cada tres árboles) tras sufrir los incendios de las comarcas centrales del 1994 y 1998.
© Beverley Vycital
¿Por qué se nos quema el bosque?
Dos de cada tres incendios en España son debidos al factor humano. Los fumadores que tiran colillas al suelo, los pícnics fuera del lugar señalizado, labradores que queman restos, líneas eléctricas mal mantenidas, urbanizaciones, vertederos legales y clandestinos que producen combustiones espontáneas y el éxodo rural, que hace disminuir el número de personas con los suficientes conocimientos del medio para detectar el fuego, llegar y apagarlo son algunos de los factores que explican una gran cantidad de incendios que año tras año queman miles de hectáreas de bosque.
En algunos casos los fuegos son intencionados. Éstos suelen ser los más peligrosos, puesto que los pirómanos producen fuegos muy intensos y con diferentes frentes que resultan muy difíciles de apagar.
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Las causas de los incendios son muchas. En las comunidades autónomas españolas de clima típicamente mediterráneo (Cataluña, Comunidad Valenciana, Región de Murcia, Andalucía y Baleares) los fuegos de origen natural no llegan al 8%, mientras que los intencionados y los debidos a negligencias representan dos de cada tres incendios. El resto son de origen desconocido. (imagen: commons.wikimedia.org)
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