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Ser o no ser (un planeta) Imprimir E-Mail
escrito por Hèctor Ruiz   
viernes, 15 de septiembre de 2006

Planeta

Nos hemos ido de vacaciones con la lección del curso anterior aprendida: el sistema solar tiene 9 planetas, a saber, Mercurio, Venus, la Tierra, Marte, Júpiter, Saturno, Urano, Neptuno y Plutón. Pero al volver de nuestra desconexión estival... ¡Sorpresa! ¡Resulta que ahora sólo son 8 los planetas de nuestro vecindario! ¿Es que quizás los americanos han hecho estallar uno con su afición a las bombas? No. Lo que pasa es que los astrónomos han aprovechado el verano para acabar de solucionar una discusión que arrastraban desde hacía años: ¿qué es un planeta? Parece absurdo, ¿verdad? Pues no ha sido una decisión fácil...

Porque esta definición, en realidad, implicaba cambiar nuestros esquemas sobre el sistema solar. Resulta que Plutón, el hasta hace poco noveno planeta de nuestro sistema estelar, tiene un diámetro de sólo 2.300 kilómetros. Comparado con la Tierra, de 12.750 kilómetros, es "una gran piedra" (y ya no lo compararemos con Júpiter, de 142.984 km) que gira alrededor del Sol. De hecho es más pequeño que nuestra Luna, que tiene 3.475 km. Cuando se descubrió Plutón, hace 76 años, se pensaba que era más grande, y enseguida se le otorgó el estatus de planeta. Pero las cosas se le fueron complicando cuando, poco a poco, gracias a las mejoras en los instrumentos de observación, se comprobó que su tamaño era bastante reducido. Todavía temblaría más su condición planetaria cuando, en 2003, el astrónomo Mike Brown descubrió el cuerpo celeste 2003-UBS313 más allá de Plutón, que tiene 3.000 km de diámetro. Desde entonces, la discusión sobre qué es un planeta y qué no lo es se acaloró hasta desembocar en una propuesta formal para definir, de una vez por todas y de forma consensuada, el estatus de planeta.

La propuesta inicial decía que un planeta es todo aquel cuerpo celeste con más de 800 km de diámetro que tenga una masa suficiente como para adquirir una forma esférica por efecto de su propia gravedad y que orbite alrededor de una estrella. Ésta definición permitía a Plutón respirar tranquilamente: cumplía con los requisitos para ser un señor planeta. Pero, con dicha definición, sorprendentemente, 3 cuerpos celestes más del Sistema Solar quedaban automáticamente incluidos en la familia de los planetas solares: el asteroide Ceres; el supuesto satélite de Plutón, Caronte; y el recientemente descubierto 2003-UBS313. La otra opción era dejar estos 4 cuerpos fuera del estatus planetario. Es decir, o bien aumentábamos a 12 el número de planetas o bien lo reducíamos a 8. ¡Qué dilema!

¿Planeta?

La decisión se tomó por votación el 24 de agosto tras largas jornadas de debate y reflexión. Al final, los astrónomos decidieron, que mal les pesara, valía más eliminar a Plutón. La definición de planeta aprobada ha sido:

Un planeta es todo cuerpo celeste que orbita alrededor de una estrella, que tiene bastante masa como para poseer una gravedad suficiente con la que superar las fuerzas rígidas de un cuerpo de manera que adquiere una forma esférica, y que ha limpiado las cercanías de su órbita de otros cuerpos celestes (es decir, que los ha capturado con su gravedad).

serplaneta1.jpg

Por orden de izquierda a derecha: Neptuno, Urano, Saturno, Júpiter, Marte, Tierra, Venus y Mercurio.

El pobre Plutón no cumple con la última condición, porque en su órbita atraviesa el cinturón Kuiper, lleno de millones de pequeños cuerpos celestes. Al menos, le han permitido quedarse con el título honorífico de "planeta enano". Ahora, sin embargo, la confusión radica en que Neptuno tampoco ha acabado de hacer bien sus deberes de basurero...

Sea cómo sea, este cambio en nuestros esquemas es un ejemplo muy bueno de cómo funciona la ciencia. Y es que la ciencia, a diferencia de lo que muchos piensan, no es un conjunto de saberes inmutables, sino un sistema de adquisición de conocimiento que consiste en poner a prueba continuamente nuestros conocimientos previos. Para hacerlo, el científico observa su entorno y realiza experimentos, acumula nuevas observaciones, las contrasta con las anteriores (las de todos los científicos que le han precedido) y nunca, nunca, nunca pone por delante de la observación la autoridad de ningún otro científico. Así, poco a poco, se va construyendo un mejor y más completo conocimiento de nuestro Universo. Si os sorprende el caso de Plutón, ¡maginaos cómo se sentirían los contemporáneos de Copérnico y Galileo! ¡¿Y qué hubiera pasado si todavía pensáramos que el Sol gira alrededor de la Tierra pese a las evidencias?! El progreso requiere de una mente abierta.


Trabajo en clase

 
 
 
 
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