escrito por Jordi Domènech, Carol Gasset y Arianne Pérez
jueves, 05 de octubre de 2006
Nuestro cuerpo contiene aproximadamente unos 5 litros de sangre, que el corazón se encarga de impulsar en su recorrido por los vasos sanguíneos, y que cada hora recorren 120 veces el cuerpo humano entero. La sangre es el gran sistema de comunicación y transporte del organismo: lleva a las células el oxígeno y los nutrientes que necesitan, recoge los productos de rechazo del organismo, transporta las hormonas, regula la temperatura del cuerpo y otras magnitudes químicas de los tejidos y contiene nuestro sistema inmunitario.
¿Por qué la sangre es roja?
La sangre está formada por un líquido denominado plasma, en el cual encontramos tres tipos de células principalmente: glóbulos rojos, glóbulos blancos y plaquetas. Aquello que da el color rojo a la sangre es la hemoglobina, una proteína rica en hierro, que se encuentra dentro de los glóbulos rojos y que sirve para transportar el oxígeno por nuestro cuerpo. Por esto el hierro es tan importante en la dieta. La carencia de hierro, y, por lo tanto, de hemoglobina, provoca anemia, debilidad y palidez.
(c) Stephen Sweet
La hemoglobina es más roja cuando trae oxígeno (entonces se la denomina oxihemoglobina). Por eso, la sangre que corre por las arterias, que va del corazón a los tejidos, es de un color mucho más vivo que la sangre que circula por las venas, que vuelve de los tejidos al corazón sin oxígeno.
¿Qué son los glóbulos blancos?
Los glóbulos blancos son los responsables de defendernos de los agentes extraños que entran en nuestro cuerpo. Forman un terrible ejército encargado de identificar y destruir todo aquello que sea ajeno a nuestro cuerpo. Hay de varios tipos, por ejemplo, los macrófagos, grandes células que para eliminar los cuerpos extraños que encuentran en su camino los devoran;
Glóbulos blancos humanos teñidos con un colorante azul. Imagen de microscopia óptica de 400 aumentos.
los linfocitos T, los generales que identifican los objetivos y coordinan el ataque. O los linfocitos B, las células exploradoras que fabrican dianas (anticuerpos) con las que quedan marcados, y bloqueados en algunos casos, los posibles organismos patógenos.
Oriol Massana
¿Por qué no nos desangramos cuando nos hacemos una herida leve?
Cuando nos hacemos una herida y se rompe un vaso sanguíneo, perdemos sangre. Si la pérdida no se parara, moriríamos desangrados. Pero todos hemos sobrevivido a una rascada o un corte... Cuando se produce la ruptura de un vaso sanguíneo, se liberan unas proteínas de las paredes del vaso que desencadenan una reacción muy compleja con otras proteínas presentes en el plasma sanguíneo: los factores de coagulación. El resultado es que alrededor de la herida se despliegan unas redes de proteínas que, junto con las plaquetas, formarán un tapón, el coágulo.
Esta es una solución provisional, pero muy rápida y efectiva. Una vez solucionada la pérdida de sangre, el tejido volverá a regenerarse lentamente y nuestro cuerpo volverá a producir la sangre perdida.
¿Por dónde circula la sangre?
La sangre circula por el interior de los vasos sanguíneos, impulsada por el corazón. En los seres humanos hay dos recorridos principales: del corazón a los pulmones (para recoger oxígeno) y del corazón al resto del cuerpo (para distribuir el oxígeno recogido en los pulmones). En función de nuestra actividad, la sangre puede situarse preferentemente en unas zonas concretas: en el estómago (haciendo la digestión), en los músculos (haciendo ejercicio), en el cerebro (estudiando), en la piel (cuando hace calor), etc. Por esto no son buenos los cambios bruscos de actividad, como por ejemplo bañarse en agua fría mientras hacemos la digestión. Para conseguir esta distribución diferencial, los vasos sanguíneos se dilatan en las zonas dónde hace falta más sangre y se comprimen en el resto.
Aunque Galeno ya sospechaba de su existencia, no fue hasta el siglo XVI que Miquel Servet describió la circulación de la sangre a través de los pulmones, y sólo en el siglo XVII, Harvey consiguió describir cómo la sangre se movía por el organismo.
Oriol Massana
Oriol Massana
La sangre corre por un circuito que pasa dos veces por el corazón. Primero va del corazón a los pulmones a través de la arteria pulmonar; de allí vuelve al corazón llena de oxígeno y entonces sale disparada por la arteria aorta hacia todos los tejidos del cuerpo, ramificándose por arterias más pequeñas. Los tejidos recogen el oxígeno y liberan los productos de deshecho a la sangre, que vuelve hacia al corazón, esta vez a través de las venas, las cuales van afluyendo hasta unificarse todas en la vena cava. La vena cava desemboca en el corazón y el ciclo vuelve a empezar.
El vampirismo, ¿una enfermedad de la sangre?
El nombre de vampiro proviene de especies de murciélagos americanos que se alimentan de la sangre. Pero también se aplica al mito del vampiro humano, como el famoso Conde Drácula. ¿Podría ser que estos seres fantásticos hubieran existido realmente? No es nada probable. Aun así existe una enfermedad, la porfiria, que por la naturaleza de sus síntomas podría haber alimentado la imaginación popular sedienta de seres sobrenaturales. Esta enfermedad es debida a una disfunción en la síntesis de la hemoglobina.
(c) Maartje van Caspel
Esto provoca que la piel se vuelva muy sensible al Sol, anemia, pilosidad y que algunos tejidos se degraden, produciendo un recorte de los labios y afinamiento de las orejas. Todas éstas, características propias de los vampiros. Esto explicaría también la necesidad de sangre y la aversión a los ajos, puesto que se ha demostrado que los ajos contienen alquildisulfuro, un compuesto que destruye moléculas del tipo de la hemoglobina. Para acabar de dar forma al mito, se sabe que el aumento de las historias de vampiros coincidió con una epidemia de rabia, una enfermedad contagiosa que provoca agresividad e hidrofobia (miedo al agua). Esta podría ser una explicación de por qué los vampiros rehuirían el agua (bendita o no bendita) y por qué se creía que el vampirismo se transmitía con mordiscos.
Células de la sangre
El 45% del volumen de la sangre corresponde a los denominados elementos formas: células y fragmentos de células con diferentes funciones.
Los eritrocitos o glóbulos rojos se encargan del transporte de oxígeno en condiciones normales. Los trombocitos o plaquetas son fragmentos de células (megacariocitos) que participan en la coagulación de la sangre. Los leucocitos o glóbulos blancos intervienen en la respuesta inmunitaria y los hay de muchos tipos: los granulocitos (neutrófilos, eosinófilos y basófilos), los linfocitos y los monocitos. Estos últimos se internan en los tejidos convirtiéndose en macrófagos, enormes células que devoran todo cuerpo extraño que se cruce en su camino.
Oriol Massana
¿Qué son los grupos A-B-O y Rh?
(c) Nancy Louie
Nuestros glóbulos rojos tienen proteínas en su superficie que varían según los genes que tiene cada individuo, de forma que cada persona pertenece genéticamente a un grupo sanguíneo. Si nuestros glóbulos rojos tienen la proteína A, somos del grupo A. Si tienen la proteína B, somos del grupo B. Si tienen las dos, somos AB, y si no tienen ninguna de las dos, somos 0 (como mucho podemos tener dos diferentes, puesto que heredamos una de nuestro padre y otra de nuestra madre).
Nuestro sistema inmunitario identifica los elementos que no son propios de nuestro cuerpo, y los ataca. Por esto, cuando se hacen transfusiones de sangre es muy importante que sea entre personas de grupos sanguíneos compatibles. Si inyectamos sangre de un paciente del grupo A en un paciente del grupo B, el sistema inmunitario del paciente receptor B reconocerá la proteína A como algo extraño y se producirá una reacción inmunológica generalizada que puede provocar la muerte del paciente. La presencia (positivo) o ausencia (negativo) de la proteína Rh en la sangre determina otra agrupación por grupos sanguíneos. Un Rh positivo sólo puede dar sangre a otros Rh positivos.
Dice la leyenda...
La sangre ha sido siempre símbolo de vida y fuerza. Quizás por este motivo los egipcios se bañaban en sangre para recuperar las fuerzas. Sin duda más romántica es la conocida historia del caballero Sant Jordi, que mató a un dragón para salvar a una princesa de ser devorada. La sangre derramada por la feroz bestia se convirtió en una bonita rosa que el caballero ofreció a su querida.
Oriol Massana
También el origen de la señera catalana tiene mucho que ver con la sangre. Según la leyenda, la señera con las 4 barras rojas sobre un fondo amarillo nació cuando Carlos el Calvo, rey franco, marcó un escudo de oro con 4 dedos impregnados de la sangre que derramaba de una herida mortal de Gifré el Pilós, el primer noble catalán.
Enfermedades de la sangre
También sufrimos enfermedades en nuestra sangre. Una de las más comunes es la anemia, debida a la falta de hemoglobina, que nos provoca cansancio y dificultad para respirar. Hay también trastornos de la coagulación ya sea por exceso (trombosis), o por déficit (hemofilia). La hemofilia es una enfermedad hereditaria que afecta principalmente a los hombres y suele ser debida a una alteración genética. La sangre de los hemofílicos tiene dificultades para coagularse, cosa que puede provocar hemorragias internas.
Glóbulos rojos infectados de Malaria (Oriol Massana)
La leucemia es un cáncer de células sanguíneas que se caracteriza por un aumento de glóbulos blancos en la sangre, pero en un estado inmaduro, y que por lo tanto no pueden realizar su función de protección ante las infecciones.
Ilustración de la médula ósea
Trasplantando la sangre
Las células de la médula del hueso son las encargadas de fabricar continuamente las nuevas células sanguíneas que necesita nuestro cuerpo. Ante algunas enfermedades hace falta aplicar tratamientos agresivos que eliminen las células problemáticas, pero las células de la médula ósea (o progenitores hematopoiéticos) son muy sensibles a estos tratamientos y mueren. Si perdemos la médula del hueso, no podemos fabricar células sanguíneas.
Con la finalidad de restablecer el equilibrio se utiliza el trasplante de progenitores mediante el cual se sustituye una médula ósea afectada por otra de un donante sano.
Los donantes se seleccionan en función del grado de compatibilidad con el receptor y existen registros internacionales en caso de que los pacientes no dispongan de familiares compatibles.
Fácil, solidario y muy, muy útil... ¡Donemos!
En algunas operaciones quirúrgicas, o para tratar pacientes que han perdido mucha, se necesita sangre. La sangre no se puede fabricar artificialmente, sólo la pueden fabricar nuestros cuerpos. Muchos hospitales y centros de salud disponen de bancos de sangre, donde se guarda la sangre para cuando sea necesaria. La sangre proviene de donaciones voluntarias. Para donar sangre en cualquier centro de Cataluña hace falta tener entre 18 y 65 años y un peso superior a los 50 kilogramos. Y contrariamente a lo que se pueda pensar, no hace falta hacerlo en ayunas. En cada donación se extrae medio litro de sangre, que nuestro cuerpo vuelve a fabricar con rapidez.
(c) Mark Stay
Aun así, hace falta esperar 3 meses si somos hombres y 4 si somos mujeres antes de volver a hacer una donación (para dar tiempo de sobra a nuestro cuerpo para regenerar los glóbulos rojos). Hay otro tipo de donación de sangre que se llama aféresis, que consiste en extraer sólo los componentes de la sangre que se necesitan, devolviendo el resto al donante. Por ejemplo, si se desean las plaquetas, se hace una plaquetoféresis. Dando sangre se salvan vidas. Si estáis interesados en donar sangre, sólo tenéis que acercaros a alguno de los hospitales o C.A.P que tienen unidades de donación permanentes. ¡Ey! ¡Pero hace falta ser mayor de edad y pesar más de 50 kg para poder ser donante! Si queréis saber más concretamente dónde podéis dar sangre, consultad esta dirección: http://www.bancsang.net