Ernesto Guevara de la Serna, más conocido como Che Guevara, era médico de profesión, pero también un revolucionario, un líder y un guerrillero en África y Latinoamérica. Incluso llegó a ser ministro de Cuba. ¿Qué más sabemos de él?
Infancia y juventud
El Che nació un 14 de junio de 1928 en Rosario, Argentina. Ya desde pequeño y por influencia de su madre, se aficionó a la lectura de Marx, Engels y Freud. Durante la adolescencia, le marcaron la experiencia de los refugiados españoles de la Guerra Civil y las continúas crisis políticas en Argentina. Estas vivencias lo harían desconfiar de la alternancia de los partidos políticos convencionales, el ejército y, muy especialmente, del capitalismo y su última expresión, el imperialismo. Sin embargo, el elemento determinante que consolidaría definitivamente sus ideales sería su periplo por Sur América. El Che decía que el conocimiento nos hacía responsables de las injusticias y, al encontrarse de frente con la miseria y el hambre, decidió luchar contra las desigualdades sociales.
Al fondo, de izquierda a derecha, los padres del Che: Ernesto Guevara Lynch y Celia de la Serna y Losa. En frente, sus hijos: Ernesto (1928), Celia (1929), Ana Maria (1934) y Roberto (1932). Un quinto hijo, Juan Martín, nacería años después de hacerse esta fotografía (commons.wikimedia.org).
Cartel de la película "Diarios de motocicleta"" (c) Filmaffinity
Diario de un revolucionario
En 1951 realizó un viaje por el sur de Argentina (lo podemos ver en la película Diarios de motocicleta), Colombia, Miami y Chile, dónde conocería a Salvador Allende, el futuro presidente. Dos años después, partió a Bolivia, Perú y Guatemala; allí defendería el gobierno democrático de Jacobo Arbenz del golpe de estado dirigido por los Estados Unidos ante una reforma agraria que no agradaba a los norteamericanos y que afectaba a la todopoderosa multinacional United Fruit. La resistencia de las milicias populares no fue suficiente y el nuevo gobierno de carácter pronorteamericano lo acabó expulsando.
El nuevo destino fue México y las nuevas amistades allí establecidas con los hermanos Raúl y Fidel Castro lo conducirían a uno de los episodios más importantes de su vida y de la historia reciente del mundo occidental.
El Che se embarcó en la aventura cubana: dirigió la mítica batalla de Santa Clara, que culminó con el derribo del dictador Fulgencio Batista y la victoria de los revolucionarios. La nueva coyuntura le ofreció la oportunidad de ocupar la presidencia del Banco Nacional de Cuba y la del ministerio de industria, cargos que aprovechó para apoyar el movimiento de los países No Alineados con Estados Unidos.
También fue sonada su gestión contra los exiliados cubanos y la CIA en el famoso desembarco de la Bahía de Cochinos, cuando los Estados Unidos intentaron invadir Cuba y salieron humillados de la isla.
Pero en 1965, pese a la gran adhesión al régimen cubano y con más corazón que cabeza, el Che renunció a su posición y a la comodidad de la vida política para ir a otros países en conflicto. Con un comunicado oficial explicaba que "otros pueblos del mundo reclaman mis modestos esfuerzos" y así fue a Guinea, Angola, el Congo y Bolivia, dónde formaría el Ejército de Liberación Nacional de Bolivia y llevaría a cabo su última incursión militar.
El 8 de octubre del 67, el Che resulta herido por una compañía de bolivianos aliada de los Estados Unidos. Es capturado y al día siguiente, con el visto bueno norteamericano, es ejecutado ilegalmente por orden del presidente boliviano René Barrientos.
En 1960 Ernesto Guevara fue portada de la prestigiosa revista americana Time, que analizó el movimiento comunista de la época.
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¿Qué queda del Che hoy en día?
Odiado por los más poderosos y querido por los menos favorecidos, el Che continúa siendo una figura clave. Dejando a un lado la aureola de héroe que lo suele acompañar y los numerosos homenajes que ha recibido por parte del mundo intelectual y de la cultura (Pablo Neruda, Rafael Alberti, Silvio Rodriguez, Jean-Paul Sartre, etc. le han dedicado obras), sus ideas siguen muy vivas a nivel popular y constituyen un referente a la hora de denunciar las injusticias actuales.
Quizás su coherencia, convencimiento y sacrificio personal por lo que creía que valía la pena luchar sean los motivos de la gran simpatía de la que disfruta. Su modernidad y romanticismo han hecho de él uno de los últimos iconos universales capaz de influir en la juventud.