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Si te has pasado últimamente por un aeropuerto, te habrás dado cuenta que el transporte aéreo esta cada vez más congestionado. Pese a los frecuentes retrasos, el avión es la forma más rápida para viajar a grandes distancias. Las únicas alternativas son demasiado lentas para satisfacer las necesidades de una sociedad vertiginosa como la nuestra. Aún así, hay una nueva forma de transporte que podría revolucionar nuestra manera de viajar en el siglo XXI, como lo hicieron los aviones el siglo XX. E igual que los aviones, viaja sin tocar tierra: los trenes de levitación magnética.
¿Te imaginas un tren que flote sobre sus raíles sin rozarlos nunca? No es ciencia ficción, ni mucho menos magia. De hecho ya hay algunos países por dónde circulan estos trenes "voladores" que pueden viajar a más de 500 km/h. ¿Cómo se lo hacen para levitar? Utilizan las fuerzas magnéticas. Si alguna vez has jugado con dos imanes, sabrás que los polos opuestos se atraen y los polos equivalentes se repelen. Éste es el principio básico que explica la levitación y propulsión de estos trenes.
Electroimanes para levitarComo sabes, hay materiales que muestran un magnetismo intrínseco, es decir, son imanes de forma natural. Pero cualquier cuerpo conductor de la electricidad puede convertirse en un imán de forma temporal cuando se hace pasar una corriente eléctrica por su interior. Esto es lo que llamamos un electroimán. Tú mismo puedes crear uno fácilmente conectando los extremos de un cable de cobre a los polos positivo y negativo de una pila. Esto crea un pequeño campo magnético que desaparece después de desconectar alguno de los extremos. Su intensidad depende de la intensidad de la corriente eléctrica que circule, y su sentido, del sentido de la corriente eléctrica. Con este sencillo principio se pueden crear aparatos muy diversos: motores, altavoces, discos duros... y trenes de levitación magnética. La gran diferencia entre un tren maglev (del inglés, magnetic levitation) y uno convencional, es que los primeros no tienen motor. De hecho, quien propulsa el tren no es él mismo, sino la vía, que obviamente es muy diferente a la que usan los trenes de toda la vida.
La propulsión del tren se consigue con los electroimanes de los lados de la vía.
Las vías de un maglev tienen dos partes: una situada bajo el tren y la otra situada en sus flancos. La parte de debajo funciona como un gran electroimán que repele los imanes en la parte inferior del tren y lo hacen levitar. La propulsión del tren se consigue con los electroimanes de los flancos. Puesto que el magnetismo producido por un electroimán se puede modular regulando la cantidad y el sentido en que circula una corriente eléctrica por su interior, podemos crear un sistema de campos magnéticos alternos que estiren y empujen el tren a lo largo de la vía. La corriente eléctrica aplicada a los flancos de las vías se va modificando continuamente para cambiar la posición de los polos magnéticos a lo largo de su recorrido. Así, podemos hacer que el campo magnético del trozo de vía que hay delante del tren estire de él y que el campo magnético del trozo de vía que va quedando detrás del tren, lo empuje.
Los trenes maglev quedan suspendidos en el aire, de forma que se elimina totalmente la fricción con el suelo. Este hecho, combinado con diseños aerodinámicos para minimizar la fricción con el aire, hace que los maglevs logren velocidades de vértigo: hasta 580 km/h. ¡Podríamos ir de Barcelona a París en un par de horas! ¡Además son muy silenciosos y consumen menos energía!
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