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Tres artículos que removieron los cimientos de la física Imprimir E-Mail
sábado, 10 de septiembre de 2005

Einstein

El año 1905 recibe el sobrenombre de “año maravilloso”, porque Einstein publicó tres artículos absolutamente revolucionarios para la física. Sus consecuencias se extenderían al resto de ciencias y cambiarían nuestra vida cotidiana para siempre.

Primer artículo: la luz en paquetes

El primer artículo hablaba sobre la interacción de la luz con la materia. Hasta entonces se pensaba que la luz era una onda energética continua, que distribuía la energía equitativamente por toda la superficie sobre la que incidía. Pero Einstein afirmó que la energía chocaba con la materia repartida en “paquetes” denominados fotones. Esta idea le permitió explicar el efecto fotoeléctrico: cuando la luz incide sobre un metal, su superficie libera electrones de forma instantánea. Si la luz distribuyera la energía de forma continua, se tardarían años en que saltaran los electrones, y lo harían todos a la vez. Pero como la energía está concentrada en paquetes, el choque consigue hacer saltar inmediatamente los electrones de algunos átomos de la superficie del metal. Imaginemos un ejército que trata de derribar las murallas de un castillo golpeando todos los soldados a la vez sobre diferentes puntos de la muralla. Tardarán mucho más en conseguir su objetivo que si unieran su energía, mediante un ariete por ejemplo, dirigido contra algunos puntos de la muralla.


Segundo artículo: el vals de las partículas

En el segundo artículo, Einstein explicaba el denominado movimiento browniano: una especie de baile errático, observable con el microscopio, que muestran las partículas en suspensión en un fluido. Einstein atribuyó este movimiento al hecho de que los impactos de las moléculas del fluido sobre la partícula en suspensión no son simétricos, ahora ganan los de un lado, ahora los del otro, y de aquí el movimiento en zig-zag. Este trabajo proporcionó un apoyo considerable a la teoría atómica (la materia está hecha de átomos), que todavía ponían en entredicho algunos científicos eminentes del siglo XIX.


Tercer artículo: la relatividad especial

En el tercer artículo, Einstein presentaba su célebre teoría especial de la relatividad. A finales del siglo XIX se consideraba que la luz era una onda electromagnética que, como cualquier otra onda, necesitaba de un medio para propagarse. Este supuesto medio, que denominaron éter , debería llenar todo el espacio y así permitir que la luz de las estrellas llegara hasta nosotros; tendría que ser totalmente transparente y tenue para no estorbar el movimiento de los astros, pero tendría que producir efectos detectables desde un laboratorio terrestre. Sin embargo, ningún experimento consiguió detectar la presencia del éter .

Einstein propuso que el éter no existía; que la luz era una onda que se propagaba en el vacío con la misma velocidad en todas direcciones. Este fue el primero de los fundamentos de la teoría de la relatividad.

 
 
 
 
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