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¿Os habéis
fijado que en los últimos años los árboles caducifolios pierden
las hojas más tarde? ¿Habéis observado que ahora las rosas florecen
incluso en diciembre? ¿Habéis ido en manga corta hasta casi Navidad?
Si sois amantes de l'esquí, de bien seguro os habréis dado cuenta
que este invierno las montañas son más verdes que blancas... ¿Qué
está pasando?
Unas pinceladas
sobre el cambio climático
Que el planeta
s'ha vuelto más cálido en los últimos años es un hecho. El clima,
ha estado siempre en constante cambio. Hace unos 300 millones de años,
la temperatura de la Tierra era hasta 8ºC más elevada que ahora. En
cambio, en la era glacial (hace unos 10.000 años), en la época de
los grandes mamíferos como los mamuts o los bisontes gigantes, la
temperatura global media era unos 5ºC más baja que la actual. ¿Por
qué, decimos entonces que estamos sufriendo un cambio climático?
La gran diferencia
con el pasado es la velocidad del cambio. En los últimos 30 años la
temperatura ha subido 0,2ºC cada 10 años, mientras que en el pasado
esta variación tardaba siglos! Con este ritmo tan acelerado, los sistemas
naturales y las especies no tienen tiempo de adaptarse al nuevo clima.
La segunda
gran diferencia es el origen. La mayoría de los científicos están
d'acuerdo al señalar al hombre como responsable principal del cambio
climático actual. Desde la revolución industrial, la temperatura ha
aumentado a medida que aumentaban nuestras emisiones de dióxido de
carbono (CO2) y otros gases a l'atmósfera. Este *CO2,
junto con el vapor d'agua y otros gases, dejan pasar la energía del
Sol pero impiden que se escape la energía irradiada por el planeta,
hecho que contribuye a mantenerlo caliente, del mismo modo que lo haría
un invernadero. Este efecto invernadero es un fenómeno natural que
permite que haya vida en la Tierra, pero últimamente se ha visto potenciado
por la actividad humana y el aumento de temperatura se ha disparado.
Variación de la temperatura global (rojo) y de la concentración de
dióxido de carbono (azul) presente en el aire en los últimso 1000 años.
¿Y qué
si aumenta la temperatura?
Los científicos
prevén una subida de temperatura de entre 1,4ºC y 5,8ºC para los
próximos 100 años. Pero los efectos del cambio climático ya son apreciables
en cualquier parte del mundo. La tercera parte de la capa de hielo del
Kilimanjaro ha desaparecido en los últimos 12 años y es probable que
antes del 2020 ya no quede nada. El 87% de los glaciares de la Antártida
han sufrido un retroceso durante los últimos 50 años, los cinco últimos
años a un ritmo de 50 metros por año. Este deshielo, junto con la
expansión de los océanos cada vez más calientes, hace que esté subiendo
el nivel del mar. En los próximos 100 años se calcula que subirá
cerca de 90 centímetros, cosa que supondría la desaparición de muchas
islas y de muchas poblaciones costeras. Es el caso de las islas Maldivas,
un estado constituido por unas 200 islas en el océano Pacífico que
desaparecería del mapa al quedar totalmente sumergido.
Por otra parte,
el aumento de temperatura altera los flujos atmosféricos y oceánicos
que inciden en el clima, y esto hace que cada vez sean más frecuentes
los sucesos climáticos extremos, como huracanes, fuertes lluvias, sequías
severas, oleadas de calor y de frío, etc. ¿Recordáis el huracán
Katrina en EE.UU en el año 2005, la oleada de calor del 2003 en Europa,
o las inundaciones en Pakistán del 2005? Todas son catástrofes recientes
que se cobraron centenares de vidas.
Por otra parte,
la elevada temperatura también afecta de manera directa numerosas especies.
El coral es una de las más perjudicadas. El año 1998, el más cálido
del siglo, murió el 16% de los corales del planeta, y la gran barrera
coralina de Australia está condenada a desaparecer en los próximos
50 años.
Foto del Kilimanjaro
No a todos nos afecta por igual
Los países
más pobres son los que menos contribuyen al cambio climático, pero
en cambio son los que seguramente sufrirán más sus efectos. Por el
contrario, los países fríos y desarrollados, como los EE.UU. y los
países del norte de Europa, además de contar con mejor tecnología
y medios para afrontar los daños, el aumento de temperatura incluso
proporcionar algunos efectos positivos. La producción del vino en Inglaterra
empieza a ser muy rentable y de una calidad insospechadamente buena,
y otros productos, como los cereales o ciertas frutas y verduras se
podrán cultivar en estas latitudes. También el turismo puede mejorar
en estos países si empiezan a disfrutar de buen "tiempo". Se prevé,
que los efectos positivos sean cada vez menos y más débiles. Pese
a estos efectos positivos, la proximidad de las Islas Británicas al
polo norte hace que la subida del nivel del mar amenace sus costas.
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¿Y a
nosotros, cómo nos afecta?
El efecto más
importante sobre la zona mediterránea es el aumento de la sequía.
El agua es ya un bien escaso en nuestro país. Muchas poblaciones sufren
restricciones de agua en verano y todos recordamos el conflicto que
supuso el proyecto del trasvase de agua del Ebro hacia tierras del sur.
Estos conflictos pueden verse agravados con el incremento de la sequía,
cuando agua sea, cada vez más, un factor limitante para el crecimiento
de las ciudades y el mantenimiento de la población y las actividades
con el actual ritmo de consumo.
Respecto al
turismo, pudimos ver un ejemplo durante el pasado puente de diciembre
(2006), con buena parte de las pistas d'esquí cerradas por carencia
de nieve. Por otra parte, una temperatura demasiado tórrida, unas playas
reducidas por la subida del nivel del mar y dificultades para abastecer
de agua a las ciudades no son un buen atractivo para los turistas.
Según las
predicciones de los expertos, la agricultura en nuestro país se vería
afectada sobre todo por el incremento de la sequía, con una mayor pérdida
de cosechas y una extensión de las zonas desérticas. También se prevé
un aumento de las plagas.
Temperaturas
más altas agravan los problemas sanitarios derivados de la contaminación
atmosférica y de las oleadas de calor. El calentamiento del mar ya
ha provocado la proliferación de medusas y hay más insectos. Algunos
estudios advierten de un incremento de ciertas enfermedades tropicales.
La Península Ibérica será un terreno propicio para los mosquitos
que transmiten la malaria. El mosquito tigre, que es un vector potencial
de esta enfermedad, ya ha colonizado Barcelona, aunque todavía a día
de hoy no la transmite.
En general,
el cambio climático provocará una pérdida de biodiversidad. El delta
de l'Ebro, las zonas húmedas del Empordá, las maresmas de Doñana
y las Tablas de Daimiel son ejemplos d'espacios naturales húmedos
que pueden desaparecer con un clima más cálido y seco. Con ellos desaparecerían
las especies propias de estos ambientes, como muchas aves y casi todos
los anfibios. También los espacios de alta montaña peligran con temperaturas
más cálidas.
Qué
hacer... mitigación y adaptación
La acción
más lógica es, sin duda, reducir las emisiones de los gases que provocan
el cambio climático. A pesar de la evidencia, poco se ha hecho desde
los gobiernos del mundo en este sentido. El protocolo de Kyoto, un compromiso
mundial para reducir las emisiones de los gases de efecto invernadero,
no ha sido ratificado por el principal emisor, los EE.UU., responsables
del 25% de las emisiones mundiales de CO2. Con respecto a los países
que sí lo ratificaron, no todos han cumplido los objetivos. En 2004
España emitió casi tres veces más de lo que se había establecido
en este protocolo.
No hace falta
esperar políticas contra el cambio climático por reaccionar. Cada
uno de nosotros somos responsables de una gran cantidad de emisiones
de gases efecto invernadero. Utilizar el transporte público, no consumir
más productos y energía de las necesarias, reducir los embalajes,
comprar productos locales y utilizar bombillas y electrodomésticos
de bajo consumo son algunos de los ejemplos de acciones que contribuyen
a reducir nuestras emisiones de CO2 y otros gases efecto invernadero.
Hay que tener
en cuenta que aunque se dejaran de emitir gases de efecto invernadero
en este mismo instante, no se notarían los efectos positivos hasta
de aquí un tiempo. No sólo hacen falta todas estas acciones mitigadoras,
sino que también hace falta asumir que nos tocará vivir en un país
más cálido y más seco. La adaptación a las nuevas condiciones climáticas
acontece también una estrategia necesaria por hacer frente al cambio
climático.
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