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Protagonista
de una de las hazañas más increíbles de la Antigüedad, Aníbal fue
el general del ejército cartaginés que más veces derrotó a Roma
durante la guerra que mantuvieron a lo largo de todo un siglo romanos
y cartagineses. Aníbal hizo tambalearse al Imperio Romano y estuvo
a punto de cambiar el rumbo de la historia de Occidente. Pero su decisión
de no atacar la ciudad de Roma convirtió a los romanos en amos y señores
de todo el Mediterráneo. De una forma o de otra, Aníbal marcó nuestra
historia.
Cartago contra Roma
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Choque de potencias
Cartago, al
norte de la actual Túnez, fue fundada en el Siglo IX a.C por los comerciantes
marítimos fenicios, originarios del Oriente Próximo, como base mercantil.
Pero ya a principios del siglo III a.C se había convertido en la primera
potencia del Mediterráneo occidental. Había conquistado los territorios
del norte de África, las islas de Sicilia, Sardenya y Córcega y el
sur de la península ibérica y se había transformado en todo un imperio.
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Al mismo tiempo,
a lo largo de los siglos V y IV a.C, Roma había colonizado toda Italia.
A finales del siglo III a.C, quiso imponer su dominio sobre Sicilia
y envió un ejército. Debido a lo cual estalló la guerra con Cartago. |
Las guerras púnicas
Las guerras
púnicas fueron las guerras entre cartagineses y romanos para hacerse
con el poder político y económico del Mediterráneo. Afectaron a muchos
pueblos, desde el norte de África hasta Italia, pasando por la península
Ibérica. Representaron una auténtica guerra mundial de la época.
Primera guerra púnica
La primera
guerra púnica tuvo lugar en Sicilia y se alargó durante más de dos
décadas. La victoria fue de Roma, que obtuvo el dominio de Sicilia,
Sardenya y Córcega e impuso el pago de una gran suma de dinero a Cartago
como compensación por los daños causados.
Segunda guerra púnica
Además de
haberle impuesto el pago de mucho dinero, Roma se apoderó de las Islas
de Sicilia, Córcega y Cerdeña, que proporcionaban muchos recursos
a la capital fenicia. Para recuperarse económicamente, los cartagineses
emprendieron la conquista de la península ibérica, la cual les podía
suministrar abundantes recursos. Contrariamente, al atacar la ciudad ibérica
de Sagunto, aliada de Roma, éstos exigieron su retirada. De todas formas,
el ejército cartaginés arrasó la ciudad y, consciente de que
esto desencadenaría la guerra, se dirigió hacia Italia. Si debilitaban
a los romanos en Italia, los pueblos sometidos a Roma conseguirían
liberarse de sus opresores y abandonarían su defensa, de manera que
Cartago podría recobrar el dominio de Sicilia y de las otras islas.
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Dibujo: Oriol Massana
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| Además, los romanos se sorprenderían de que los cartagineses fueran
a Italia desde la península ibérica y entraran por el norte, y aún
más de que lo hicieran con tanta rapidez. El ejército cartaginés
obtuvo grandes victorias en Italia, pero finalmente fue derrotado y
desarmado y tuvo que ceder sus conquistas ibéricas a Roma. |
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Tercera guerra púnica
A pesar de
haber sido derrotados por los romanos, los cartagineses se habían recuperado
y Roma decidió acabar definitivamente con su peor enemigo. Declaró
la guerra y rodeó la ciudad de Cartago durante tres años, mientras,
la capital fenicia resistía heroicamente. Tras su caída, la ciudad
fue quemada por los romanos, que además prohibieron su reconstrucción.
Mostrando así el odio (y el miedo) de los romanos hacia Cartago.
Este hecho
ha supuesto que no se conserven restos del pueblo cartaginés. La historia
de Cartago nos llega únicamente gracias a los textos romanos, que fueron
manipulados para justificar las dudosas acciones de su República.
La destrucción de Cartago por parte de Roma podría ser considerada uno de los primeros genocidios de la humanidad.
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Anibal contra Roma
A la conquista de Hispania
Aníbal tenía
sólo nueve años cuando abandonó Cartago, su ciudad natal, para acompañar
a su padre, jefe de las tropas cartaginesas y protagonista de la primera
guerra púnica, durante la conquista de la península ibérica. Cuenta
la leyenda que Amílcar, padre de Aníbal, hizo prometer a su hijo,
delante del altar del dios cartaginés Ball que odiaría a Roma eternamente,
y que esta promesa marcó para siempre la vida de Aníbal.
Amílcar dominaba
todo el sur de Hispania, el cual se había convertido en un gran centro
económico, cuando murió durante el ataque a la ciudad de Hélice,
el Elche actual. Su yerno, Asdrúbal, le sucedió y consolido su obra,
fundando la ciudad de Cartago Nova, la actual Cartagena, como capital
del nuevo territorio cartaginés en la península ibérica. Pocos años
más tarde, Asdrúbal fue asesinado misteriosamente. Aníbal tenía
entonces 26 años y fue aclamado por las tropas como su sucesor. La
asamblea de Cartago dio posteriormente su consentimiento.
Aníbal había
pasado muchos años en Hispania y había participado en muchas batallas,
primero junto a su padre y más tarde al lado de su cuñado Asdrúbal;
de manera que había aprendido a luchar, a elaborar estrategias y había
mostrado a sus compañeros dotes como líder.
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Anibal, por Sébastien Slodtz (1655–1726).
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Durante los
años siguientes, Aníbal prosiguió con la expansión territorial cartaginesa
por la península ibérica. En el 219 a.C, después de 8 meses de asedio,
el general cartaginés conquistó la ciudad de Sagunto, aliada de Roma,
motivo por el cual estalló la segunda guerra púnica, un conflicto
que se alargaría durante 17 años, hasta el 202 a.C.
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La travesía
de los Alpes
La primavera
del año 218 a.C Aníbal elaboró la estrategia militar que le
haría pasar a la historia. Cruzó los Alpes con todo su ejército
para trasladar la lucha a territorio italiano. El general cartaginés
sabía que el enemigo, después de haber arrasado Sagunto, estaría
preparado ara contraatacar. Pero intuía que lo harían por el norte
de África y que no esperarían que el gran ejército cartaginés apareciera
por Italia.
Aníbal y su
ejército partieron de Cartagena y cruzaron el río Ebro. Parece ser
que evitaron la ruta más directa, la del Empordá, para no ser vistos
por los romanos de la colonia de Massalia, la Marsella actual. De esta
forma, se encaminaron hacia la Cerdaña, cruzaron el río Roine, al
norte de la actual ciudad francesa de Aviñón y llegaron a los Alpes
a finales de verano.
Dibujo: Oriol Massana
La travesía
de los Alpes fue extremadamente complicada, teniendo en cuenta que se
trataba de un ejército completo, con material, 90.000 soldados de infantería,
10.000 caballos, tropas auxiliares y unos cuarenta elefantes de guerra.
La verdad es que durante el trayecto hubo muchas bajas en la tropa y
se perdieron gran parte de los caballos y sobretodo de los elefantes,
que no pudieron resistir las temperaturas tan bajas de la gran cordillera
alpina. Este episodio es el que más ha contribuido, sin lugar a duda,
a forjar la leyenda de Aníbal, el general más admirado de la antigüedad.
¿Una decisión
equivocada?
Después de
la caída del gran ejército romano en Cannas, nadie en toda Italia
podía ganar a Aníbal. Parecía que Aníbal podía conquistar la ciudad
de Roma, pero el cartaginés decidió no hacerlo. Sus oficiales intentaron
convencerle pero no hubo manera. Uno de ellos, ante la negativa del
general, pronunció una crítica que se ha hecho famosa:
"Sabes vencer
pero no sabes aprovechar la victoria"
¿Hasta que
punto es cierta esta frase? ¿Tomó Aníbal una decisión equivocada?
Por una parte, es verdad que no disponía de los soldados suficientes
para mantener un largo asedio de la ciudad. Además, Cartago nunca le
envió refuerzos. Los únicos que fueron en su encuentro a llevarle
recursos fueron sus hermanos, que murieron poco antes de poder reunirse
con el ejército de Aníbal.
Por otra parte,
se sabe también que Roma se encontraba verdaderamente en una situación
crítica después de lo sucedido en Cannas, sin ejército y moralmente
destrozada, de manera que quizás sí que podría haber caído a los
pies de Aníbal.
Otra hipótesis
hacer referencia al hecho de que Aníbal no quería destruir Roma, sino
restaurar el equilibrio en el Mediterráneo. Fuera como fuera, el caso
es que esta decisión convirtió al Imperio Romano en el más grande
imperio de la época y en soberano absoluto de todo el Mediterráneo.
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Superior: Grabado alemán que representa el final de la batalla de Cannas s.XIX.
Inferior: Aíibal sobre un elefante. Detalle de un fresco de 1510. Palacio del Campidoglio (Museo Capitolino), Roma.
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Triunfos en Italia
Durante el
otoño del año 218 a.C, Aníbal y su ejército llegaron a Italia y
el pánico se apoderó de Roma. El primer enfrentamiento tuvo lugar
en las orillas de río Tesino, en el norte de Italia. Los cartagineses
mostraron pronto su superioridad y los romanos se vieron obligados a
huir. Poco tiempo después, cerca del río Trebia, los cartagineses
derrotaron nuevamente a los romanos en una emboscada de lo más hábil.
Continuaron
avanzando hacía el sur y saquearon la región de Etruria hasta provocar
que los romanos que, llenos de ira, enviaron un gran ejército para
contrarrestarlos. La victoria de esta batalla, librada cerca del lago
Trasimeno, fue de nuevo para Aníbal. Los romanos cayeron directos en
su trampa. Las tropas cartaginesas se habían escondido y se lanzaron
contra las legiones romanas en un momento en que éstos no podían hacer
ninguna maniobra, ni siquiera la de huir. Aníbal hizo prisioneros a
20.000 soldados, de todas formas, y tal y como había hecho anteriormente
dejó libres a los prisioneros que no eran romanos para poner de manifiesto
que solo hacía la guerra contra Roma.
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Los romanos,
finalmente reunieron un ejército extraordinario de más de 80.000 hombre.
Era el 2 de agosto del año 216 a.C. Este enorme ejército desafiaba
a los cartagineses en Cannas y los hombres de Aníbal jugaron una de
sus cartas, en esta ocasión mejor que nunca. Mediante una técnica
elaboradísima, aniquilaron al adversario en cuestión de horas. Era
el día del desastre militar más grande de Roma. |
Roma contraataca
El orgullo
y la perseverancia de los romanos fueron la clave para su supervivencia
y posterior expansión. Después de la catástrofe militar más grande
de su historia, Roma no se dio por vencida. Rehizo su ejército e incorporó
un general de gran talento, Publio Cornelio Escipión, más conocido
como Escipión de África. Éste había luchado en primera línea de
batalla en diversas batallas contra Aníbal y había estudiado sus estratagemas.
Si alguien podía vencer al cartaginés, era Escipión.
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La batalla de Zama
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| Primeramente
fue a Hispania a conquistar Cartago Nova y luego desembarcó en las
costas africanas. Aníbal corrió a defender Cartago. Cerca de la capital
fenicia, en Zama, tuvo lugar la batalla en la que finalmente el cartaginés
sería derrotado. |
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Grabado de Rubens representando Publi Cornelius Escipión (1638)
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Los elefantes de Aníbal
Una de las
claves de las victorias militares de Aníbal fueron los elefantes. Los
romanos nunca habían visto ninguno y les parecieron monstruos horribles
ante los cuales no sabía de qué forma actuar.
Aníbal viajó
a Italia por tierra, desde la península ibérica y a través del sur
de la Francia actual, es otro de los motivos por los cuales se llevó
los elefantes, porque sabría que tendrían un terrible efecto sobre
el ejército romano. De todas formas, el camino por ríos y montañas
no resultó fácil: los elefantes tenían miedo al agua y no resistían
las bajas temperaturas a las cuales tenían que hacer frente.
Los cronistas
romanos afirman que, en la batalla de Zama, Escipión clavó su espada
en el pecho de un elefante, que cayó herido. Los oficiales y soldados
romanos le siguieron, hasta doblegar a toda la manada, pudiendo así
acceder a la caballería que se encontraba escondida tras ellos.
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| Aún
así, no dejaron de temer a las fieras: una vez ganada la lucha, los
romanos exigieron a los cartagineses que entregaran todos los elefantes
de guerra para hacerlos desaparecer. |
Un final doblemente trágico: el suicidio de Aníbal y la desaparición de Cartago
Una vez finalizada
la segunda guerra púnica, Aníbal ejerció de cabeza de gobierno de
su ciudad natal, impulsando la recuperación económica. Aun así, sus
opositores políticos le acusaron ante Roma de idear una conspiración.
Roma lo perseguía y Aníbal huyó de Cartago para refugiarse en Siria
y después en el Asia Menor. Finalmente, en el año 183 aC, no pudo
seguir huyendo e ingirió un veneno antes de caer preso en manos de
l'enemigo. Cartago también desaparecería sin dejar rastro 37 años
más tarde, completamente devastada por los romanos.
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