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¿Te has imaginado alguna vez
el futuro como científico? ¿Has decidido encaminar tu futuro profesional
hacia la investigación? ¿Tienes curiosidad por la ciencia? Si tu respuesta
es afirmativa, o simplemente si tienes curiosidad por saber cómo Ian
Wilmut se formó profesionalmente y montó su chiringuito para clonar
a la oveja Dolly, continúa la lectura.
Una carrera científica no
es cosa de dos días; un buen resultado científico no es moco de pavo.
La formación de un gran investigador científico requiere aptitudes
como el ingenio, la dedicación, la perseverancia y, sobre todo, mucha
paciencia (ya sabéis, ¡la madre de la ciencia!).
Podríamos hacer una metáfora
del camino a seguir en el mundo científico, y decir que esta carrera
profesional es comparable a la estructura de una pirámide.
El primer paso a dar cuando
decides encaminar tu futuro hacia el mundo de la investigación, es
realizar una carrera universitaria superior que te permita licenciarte,
adquiriendo unos conocimientos básicos y generales en la materia.
Hay diferentes opciones por
dónde podrías empezar escalar hacia la cresta de la pirámide científica:
biología, bioquímica, veterinaria, medicina, ciencias ambientales,
psicología, etc.
Después de estos años estudiando
(unos 4-5 por término medio, 6 en el caso de medicina), el segundo
escalón de la pirámide sería escoger un máster (genética, biología
molecular, neurociencias, acuicultura, inmunología,...) que te permitirá
especializarte y profundizar en tu campo de interés, a la vez que empezar
a poner en práctica tu profesionalidad.
Con el máster, te estarás
entre 1-2 años, y, cuando lo finalices serás considerado un investigador
novel... muy novel. Durante este periodo, un buen investigador sentirá
vibraciones positivas en el momento de conocer sus resultados, inquietud
por saber más de lo que conoce y habrá disfrutado de largas horas
en el laboratorio. Si todo esto te ha sucedido, podríamos considerar
que la investigación te ha conquistado, y que tu futuro profesional
se verá abocado a la plena dedicación a la ciencia y a la investigación.
Así pues, seguro y contento
de ti mismo, empezarás el doctorado, en el que invertirás aproximadamente
4 o 5 años más de tu vida. Una de las partes más conflictivas a la
hora de tomar la decisión de continuar adelante es la parte económica,
puesto que para ser merecedor de una beca predoctoral (es decir, una
especie de primer sueldo) necesitas un excelente currículum académico.
¡Por este motivo, es muy importante estudiar con esmero desde el principio!
Hacer el doctorado se podría
definir como una experiencia profesional y personal única, exclusiva
y profundamente enriquecedora. Desarrollarás aptitudes personales,
aprenderás a abordar los diferentes temas científicos desde puntos
de vista muy diversos y sentirás que tu profesionalidad irá desarrollándose
de manera progresiva y continuada. Hacer el doctorado trae días algo
grises, pero se compensan con momentos gloriosos que te empujan y te
motivan a llegar hasta el final del túnel académico (o lo que es lo
mismo, a escalar un escalón más de la pirámide!). Te permitirá viajar,
hacer estancias en otros laboratorios dónde adquirirás nuevos conocimientos;
te traerá nuevas experiencias, como asistir a congresos, dónde podrás
relacionarte con otros científicos, con quienes podrás intercambiar
resultados y adelantos en materia de investigación.
Una de las cosas más positivas
es que te permite conocer gente de todas partes con las mismas inquietudes
que las tuyas y compartir experiencias.
Una vez acabada la tesis doctoral
y defendida ante un tribunal: ¡ya eres Doctor! El siguiente escalón
consiste en hacer un postdoc en un centro externo, es decir, en un centro
diferente de dónde has cursado el doctorado, o bien decidir centrar
tu investigación en la empresa privada. Si tu preferencia es la investigación
pública (un 90% de la investigación en España), deberás solicitar
una beca postdoc.
Un postdoc se caracteriza por
ser un periodo de investigación de entre 2 y 3 años en un laboratorio
que no sea del mismo centro donde hiciste la tesis doctoral. Un postdoc
en el extranjero siempre será más bien considerado, porque te permite
vivir, convivir y aprender de otra cultura y de otra forma de trabajar
que te permitirá obtener un background (unos cimientos) mucho
más intenso.
Con elevada frecuencia sucede
que el investigador decide continuar su trabajo en el centro que inició
el postdoc, una vez finalizado este periodo. Este fenómeno, que normalmente
se debe a la falta de medios y de reconocimiento al doctor en nuestro
país, es el que se conoce como fuga de cerebros.
Tu bagaje profesional en cualquier
parte del mundo, será un sello muy bien valorado en tu currículum.
Una vez decidas volver, si es que lo haces (muchos optan por quedarse
a vivir en el país de acogida), deberás buscar de nuevo otra beca
postdoc que sería como una beca recolectora de cerebros. Por ejemplo,
existen las apreciadas Ramon y Cajal o las ICREA júnior. Con estas
becas, ya serías considerado, alrededor de los 35-40 años, un investigador
sénior.
En este punto, podríamos considerar
que has llegado al colofón de la pirámide de la formación investigadora,
pero en realidad, empezarías a escalar otro nueva pirámide, y una
bien grande... En esta nueva pirámide, deberás luchar y trabajar por
empezar a desarrollar tus propios proyectos, formar tu propio laboratorio,
y lo más importante, obtener subvenciones para financiar tu propio
grupo. A partir de aquí, dependerá de la institución dónde desarrolles
tu investigación el hecho que te propongan la firma de un contrato
indefinido.
La vida cotidiana de un investigador
es de trabajo constante, pero nada monótona. Se necesita una disciplina
de trabajo y una buena programación a largo plazo. Uno de los hechos
más interesantes y excitantes es que, pese a dediques la mayor parte
de tu tiempo a investigar algo muy concreto, tu vida laboral será diversa,
intensa, y lo que es más importante: ¡harás lo que te gusta!
Durante la escalada de la primera
pirámide, la dedicación a la investigación se basa fundamentalmente
en un trabajo experimental y dedicado básicamente al laboratorio. Progresivamente,
esta tarea irá siendo sustituida por una trabajo más intelectual y
de diseño de los experimentos, cada vez más pronunciado, hasta lograr
total autonomía en la segunda pirámide. Investigar va reñido con
caducar, es decir, siempre has de estar atento de todo lo que se investiga,
siempre inmerso en la más rabiosa actualidad científica, principalmente
en tu campo, para ser pionero en aquello a lo que dedicas tu investigación.
Publicar artículos en revistas científicas con el mayor índice de
impacto posible, innovar y colaborar con otros grupos ha de estar siempre
presente en la mente y en la labor de un investigador.
Finalmente, si te has sentido
identificado al leer este texto y no tienes vértigo en la cima de una
cumbre, si has experimentado curiosidad y has decidido dedicarte a la
investigación, serás muy bienvenido a la comunidad científica. ¡Piensa
que hay tantas cosas todavía por descubrir!
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