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¿Quieres ser científico? – Ciencias de la vida Imprimir E-Mail
escrito por Ribas L.   
domingo, 29 de abril de 2007

¿Te has imaginado alguna vez el futuro como científico? ¿Has decidido encaminar tu futuro profesional hacia la investigación? ¿Tienes curiosidad por la ciencia? Si tu respuesta es afirmativa, o simplemente si tienes curiosidad por saber cómo Ian Wilmut se formó profesionalmente y montó su chiringuito para clonar a la oveja Dolly, continúa la lectura.

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Una carrera científica no es cosa de dos días; un buen resultado científico no es moco de pavo. La formación de un gran investigador científico requiere aptitudes como el ingenio, la dedicación, la perseverancia y, sobre todo, mucha paciencia (ya sabéis, ¡la madre de la ciencia!).

Podríamos hacer una metáfora del camino a seguir en el mundo científico, y decir que esta carrera profesional es comparable a la estructura de una pirámide.  

El primer paso a dar cuando decides encaminar tu futuro hacia el mundo de la investigación, es realizar una carrera universitaria superior que te permita licenciarte, adquiriendo unos conocimientos básicos y generales en la materia.

Hay diferentes opciones por dónde podrías empezar escalar hacia la cresta de la pirámide científica: biología, bioquímica, veterinaria, medicina, ciencias ambientales, psicología, etc.  

Después de estos años estudiando (unos 4-5 por término medio, 6 en el caso de medicina), el segundo escalón de la pirámide sería escoger un máster (genética, biología molecular, neurociencias, acuicultura, inmunología,...) que te permitirá especializarte y profundizar en tu campo de interés, a la vez que empezar a poner en práctica tu profesionalidad.  

Con el máster, te estarás entre 1-2 años, y, cuando lo finalices serás considerado un investigador novel... muy novel. Durante este periodo, un buen investigador sentirá vibraciones positivas en el momento de conocer sus resultados, inquietud por saber más de lo que conoce y habrá disfrutado de largas horas en el laboratorio. Si todo esto te ha sucedido, podríamos considerar que la investigación te ha conquistado, y que tu futuro profesional se verá abocado a la plena dedicación a la ciencia y a la investigación.  

Así pues, seguro y contento de ti mismo, empezarás el doctorado, en el que invertirás aproximadamente 4 o 5 años más de tu vida. Una de las partes más conflictivas a la hora de tomar la decisión de continuar adelante es la parte económica, puesto que para ser merecedor de una beca predoctoral (es decir, una especie de primer sueldo) necesitas un excelente currículum académico. ¡Por este motivo, es muy importante estudiar con esmero desde el principio!  

Hacer el doctorado se podría definir como una experiencia profesional y personal única, exclusiva y profundamente enriquecedora. Desarrollarás aptitudes personales, aprenderás a abordar los diferentes temas científicos desde puntos de vista muy diversos y sentirás que tu profesionalidad irá desarrollándose de manera progresiva y continuada. Hacer el doctorado trae días algo grises, pero se compensan con momentos gloriosos que te empujan y te motivan a llegar hasta el final del túnel académico (o lo que es lo mismo, a escalar un escalón más de la pirámide!). Te permitirá viajar, hacer estancias en otros laboratorios dónde adquirirás nuevos conocimientos; te traerá nuevas experiencias, como asistir a congresos, dónde podrás relacionarte con otros científicos, con quienes podrás intercambiar resultados y adelantos en materia de investigación. 

Una de las cosas más positivas es que te permite conocer gente de todas partes con las mismas inquietudes que las tuyas y compartir experiencias.  

Una vez acabada la tesis doctoral y defendida ante un tribunal: ¡ya eres Doctor! El siguiente escalón consiste en hacer un postdoc en un centro externo, es decir, en un centro diferente de dónde has cursado el doctorado, o bien decidir centrar tu investigación en la empresa privada. Si tu preferencia es la investigación pública (un 90% de la investigación en España), deberás solicitar una beca postdoc.  

Un postdoc se caracteriza por ser un periodo de investigación de entre 2 y 3 años en un laboratorio que no sea del mismo centro donde hiciste la tesis doctoral. Un postdoc en el extranjero siempre será más bien considerado, porque te permite vivir, convivir y aprender de otra cultura y de otra forma de trabajar que te permitirá obtener un background (unos cimientos) mucho más intenso.  

Con elevada frecuencia sucede que el investigador decide continuar su trabajo en el centro que inició el postdoc, una vez finalizado este periodo. Este fenómeno, que normalmente se debe a la falta de medios y de reconocimiento al doctor en nuestro país, es el que se conoce como fuga de cerebros.  

Tu bagaje profesional en cualquier parte del mundo, será un sello muy bien valorado en tu currículum. Una vez decidas volver, si es que lo haces (muchos optan por quedarse a vivir en el país de acogida), deberás buscar de nuevo otra beca postdoc que sería como una beca recolectora de cerebros. Por ejemplo, existen las apreciadas Ramon y Cajal o las ICREA júnior. Con estas becas, ya serías considerado, alrededor de los 35-40 años, un investigador sénior.  

En este punto, podríamos considerar que has llegado al colofón de la pirámide de la formación investigadora, pero en realidad, empezarías a escalar otro nueva pirámide, y una bien grande... En esta nueva pirámide, deberás luchar y trabajar por empezar a desarrollar tus propios proyectos, formar tu propio laboratorio, y lo más importante, obtener subvenciones para financiar tu propio grupo. A partir de aquí, dependerá de la institución dónde desarrolles tu investigación el hecho que te propongan la firma de un contrato indefinido.  

La vida cotidiana de un investigador es de trabajo constante, pero nada monótona. Se necesita una disciplina de trabajo y una buena programación a largo plazo. Uno de los hechos más interesantes y excitantes es que, pese a dediques la mayor parte de tu tiempo a investigar algo muy concreto, tu vida laboral será diversa, intensa, y lo que es más importante: ¡harás lo que te gusta!  

Durante la escalada de la primera pirámide, la dedicación a la investigación se basa fundamentalmente en un trabajo experimental y dedicado básicamente al laboratorio. Progresivamente, esta tarea irá siendo sustituida por una trabajo más intelectual y de diseño de los experimentos, cada vez más pronunciado, hasta lograr total autonomía en la segunda pirámide. Investigar va reñido con caducar, es decir, siempre has de estar atento de todo lo que se investiga, siempre inmerso en la más rabiosa actualidad científica, principalmente en tu campo, para ser pionero en aquello a lo que dedicas tu investigación. Publicar artículos en revistas científicas con el mayor índice de impacto posible, innovar y colaborar con otros grupos ha de estar siempre presente en la mente y en la labor de un investigador.  

Finalmente, si te has sentido identificado al leer este texto y no tienes vértigo en la cima de una cumbre, si has experimentado curiosidad y has decidido dedicarte a la investigación, serás muy bienvenido a la comunidad científica. ¡Piensa que hay tantas cosas todavía por descubrir!

 
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