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Voces en la roca: el desciframiento de las lenguas antiguas Imprimir E-Mail
escrito por Héctor Ruiz   
viernes, 04 de mayo de 2007

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El desciframiento de las lenguas antiguas es una de las aventuras más emocionantes y motivadoras de la arqueología. No es en absoluto una tarea sencilla; pero una vez se obtienen los primeros indicios, es imposible abandonar: de pronto, los mensajes sobre piedra, papiro o pergamino empiezan a hablarnos y a explicarnos fascinantes historias de los pueblos del pasado. Las civilizaciones extinguidas renacen en nuestra imaginación a través de sus propios escritos. 

Los pueblos de la antigüedad hablaban lenguas diferentes a las actuales. Igual que nosotros, utilizaban la escritura para dejar constancia de informaciones o acontecimientos importantes en su propia lengua. Pero las maneras de representar un idioma por escrito pueden ser muy diversas. Nosotros contamos con el alfabeto, donde cada símbolo representa un sonido (un fonema). Es un sistema bastante sencillo; por lo menos, fácil de memorizar y utilizar (¡y aun así cometemos faltas de ortografía!).

Sin embargo, los sistemas que utilizaban las lenguas antiguas para ser representadas gráficamente, mediante le escritura, eran muy variados y no siempre intuitivos. Podían consistir en sistemas fonéticos, como nuestro alfabeto, dónde cada símbolo representa un sonido; sistemas silábicos, en los que cada símbolo representa una sílaba; sistemas logográficos, es decir, donde cada símbolo corresponde a una palabra o un concepto; sistemas semasiográficos, formados por dibujos que representan el concepto cifrado... Incluso podía ser que los signos no se correspondieran con la manera de hablar (glotográfico).

Algunas de aquellas lenguas han evolucionado dando paso a las lenguas actuales, que conservan algunas características de las ancestrales. Esto nos puede dar algunas pistas sobre como interpretarlas. Pero la mayoría de ellas se extinguieron y llegaron a nosotros únicamente en forma de documentos escritos, que ya nadie sabía leer. Ante un mensaje escrito en una lengua muerta, ¿cómo debemos abordar su interpretación? ¿Cómo podemos conseguir descifrarlo?

Descifrar la escritura y descifrar la lengua

 

En primer lugar, hace falta que distingamos entre descifrar la escritura y descifrar la lengua. Cuando desciframos la escritura tratamos de averiguar cómo se leían los mensajes escritos, es decir, a qué sonidos hablados correspondían los símbolos escritos. Esto nos permito leer la lengua en voz alta, pero no significa que entendamos lo que dice.

Descifrar la lengua, pues, corresponde a la tarea de entender el significado de los símbolos y la gramática que siguen, con vistas a comprender los mensajes que se esconden tras ellos. 

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Inscripciones íberas sobre una placa de plomo. Siglo IV a.C.

Hay lenguas, como el ibérico, cuya escritura se ha podido descifrar, pero poco se sabe del significado que ocultan sus textos.

 

Empecemos a descifrar

Cuando nos plantamos ante un documento escrito en una lengua desconocida (y lo queremos descifrar) lo primero será aventurarnos a averiguar cuál será el sistema de representación gráfica que utilice: ¿fonético, como el nuestro? ¿Quizás logográfico? ¿Una combinación de los dos? Si nos equivocamos en nuestra predicción, no conseguiremos llegar a ninguna parte. Esto es lo que pasó durante mucho tiempo con los jeroglíficos egipcios. Los investigadores estaban convencidos de que debía tratarse de un sistema semasiográfico, donde los dibujitos deberían representar precisamente aquello que la imagen mostraba. Aun así, Champollion, en el siglo XIX, apostó por un sistema mixto fonético, silábico y logográfico. Y lo acertó.

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Los jeroglíficos parecían un sistema semasiográfico, donde los dibujos representan el concepto dibujado. Champollion demostró que se trataba de un sistema mixto: fonético, silábico y logográfico.

 

¿Hay algo que podamos hacer para decantarnos por un sistema u otro? Bien, podemos contar cuántos símbolos diferentes se usan. Si hay pocos, entre 20 y 40, probablemente se trate de un sistema fonético (nuestro alfabeto tiene 25 símbolos). A medida que el número de símbolos crece, podemos decantarnos por un sistema silábico, que necesita de muchos más signos para representar las diversas combinaciones de sonidos. Si hay muchísimos más, incluso miles, probablemente se trate de un sistema logográfico, como pasa con el chino.

Aun así, a la hora de la verdad, las cosas pueden ser mucho más complicadas porque no siempre encontramos sistemas puros, sino mezclas de ellos. Por ejemplo, el sistema usado por las lenguas que se hablaban antes de la llegada de los romanos en la Península Ibérica (el denominado paleohispánico) era una combinación de signos fonéticos y signos silábicos. Como antes hemos indicado, los jeroglíficos egipcios también consistían en un sistema mixto, que combinaba signos fonéticos, silábicos y logográficos.

 

Los nombres propios son clave

Una buena estrategia para empezar un desciframiento es partir de los nombres propios. Este ha sido casi siempre el punto de partida de todo desciframiento. Los nombres propios (de reyes, de faraones, de lugares) suelen pronunciarse de formas muy parecidas en las diferentes lenguas. Si podemos contar con documentos bilingües que contengan nombres propios podremos empezar a descifrar nuestros primeros símbolos.

Ésta es la estrategia que usó Champollion para descifrar los jeroglíficos a partir de la piedra de Rosetta, portadora de un mensaje en jeroglífico, demótico y griego. También se utilizó este recurso para descifrar el alfabeto sidético de Pamfilia, gracias a la existencia de textos bilingües en sidético y griego que contenían nombres de personas.

 

Incluso si no contamos con textos bilingües, podemos buscar nombres conocidos en objetos que presumiblemente los contengan: por ejemplo, en monedas, inscripciones funerarias, etc. A la hora de descifrar el paleohispánico, Manuel Gómez Moreno recurrió a las monedas, donde supuso, correctamente, que aparecería el lugar de la acuñación.

Para descifrar el cuneiforme persa, Georg Grotefend intuyó que las inscripciones en esta escritura, todas de la época de los reyes aqueménidas, deberían empezar con el nombre de algún rey (Jerjes, Darío, etc.). La hipótesis resultó correcta y a partir de las primeras correspondencias se descifró todo el sistema gráfico.

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El rey persa Jerjes (Persépolis).

Reacción en cadena

Habitualmente, una vez obtenemos los primeros signos descifrados, el resto del proceso suele seguir una “reacción en cadena”, dado que unos signos nos llevan a otros y estos otros a otros más. Éste suele ser uno de los momentos más emocionantes para un descifrador. Pero no siempre es tan fácil. Determinados sistemas gráficos han requerido un desciframiento lento y laborioso.

 

 Segunda fase: interpretar la lengua

Cuando por fin hemos conseguido descifrar la escritura, empieza la segunda parte de nuestra tarea: debemos interpretar la lengua, entender aquello que dice. Los textos bilingües resultan de gran ayuda en esta empresa. Ésta, por ejemplo, es la manera como se aprendió a interpretar el sumerio a partir del acadio.

Por otra parte, si resulta que al descifrar la escritura descubrimos que la lengua está emparentada con alguna otra, podemos partir de sus similitudes. Así, al descifrar el acadio o el ugarítico se vio que constituían lenguas semíticas, hermanas del hebreo, el arameo y el árabe. En el caso del egipcio jeroglífico, el mismo Champollion empleó su similitud con el copto.  

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Lápida con inscripciones en lengua caria. 

 

Si no contamos con ninguna de estas opciones, ni textos bilingües ni lenguas hermanas, podemos acudir a otras estrategias más originales. Por ejemplo, el método combinatorio. Este método consiste en buscar fórmulas repetidas en textos con finalidades similares. Así, en las inscripciones funerarias, esperaríamos encontrar siempre unas palabras determinadas (‘vivió’, ‘murió’, ‘años’, etc.) mientras que la información específica de cada caso irá cambiando (el nombre, el número de años, etc.). Esta ha sido la estrategia utilizada para interpretar buena parte de la documentación etrusca.

 

 

Otro método bastante original es el de las bilingües indirectas, que consiste en buscar fórmulas que nos sean conocidas en otras lenguas de la época. De esta manera hemos conseguido entender qué significa la inscripción etrusca ei minipi capi (y variantes) que aparece sobre algunos objetos: ‘no me cojas’, una típica advertencia a los ladrones que también se usaba en latín (ne me attigas).

 

Muchas lenguas esperan

Aún así, todavía quedan escrituras, como la maya o la minoica, que se resisten a desvelar los secretos que esconden. El desciframiento de las lenguas antiguas continúa. Quién sabe qué secretos esconderán los mensajes que tenemos ante nosotros y que somos incapaces de comprender hoy por hoy. Quién sabe qué historias están esperando, adormecidas en la piedra, a que alguien las desvele para cumplir así su objetivo: superar el paso de los siglos para transmitirnos la memoria de nuestros antepasados, para convertirse en los mensajes intertemporales que nos dejaron los pueblos de la antigüedad.

¿Quieres saber cómo se descifraron algunas lenguas antiguas?

 


 
 
 
 
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