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El VideoArte se ha convertido en una de las disciplinas artísticas más
de moda desde su aparición en los años '60. Festivales como el "Loop" y
exposiciones en el MACBA (The killing machine) o en el ciclo Pantalla CCCB
, han demostrado recientemente las posibilidades de este medio
creativo, estrechamente ligado a los continuos cambios que se dan en la
tecnología electrónica y digital.
Los orígenes: de la TV al vídeo
El vídeo como medio creativo nació en Estados Unidos a
principios de los años '60, cuando un grupo de artistas, vinculados a
las vanguardias artísticas, empiezan a usar la nueva tecnología de la
imagen electrónica con fines artísticos. En ese momento la cultura de
la imagen estaba dominada por la televisión, y hacía muy poco que
habían aparecido los primeros equipos portátiles de vídeo.
En 1961, Nam June Paik y Wolf Vostell fundan el movimiento FLUXUS,
en el que se sitúan los orígenes del VideoArte. Su forma radical de
pensar, influenciada por el Dadaísmo, tenía como objetivo principal la
apropiación de hechos, objetos y signos de la vida cotidiana, que se
ofrecían de una forma original e irónica. La TV y el vídeo les abrían
nuevas vías creativas para reflejar sus ideas. La manipulación y
combinación de imágenes, retocadas y distorsionadas, y también la
mezcla de colores, eran el resultado de varios años experimentando con
los componentes electrónicos de la TV y el vídeo. Con este proceso
nació una nueva disciplina artística, que tenía al vídeo como
protagonista.
La grabación en vídeo también permitía guardar, retocar o combinar algunas performances, happenings y
otras expresiones artísticas contemporáneas (vinculadas al teatro y la
música). Esto es lo que el recientemente fallecido Paik denominó como
"composición multimedia": la imagen electrónica se podía cruzar con
otras experiencias y actividades del arte contemporáneo.
La evolución: el espectador como parte de la obra
No fue hasta 1965 que Paik bautizó y dio a conocer el
VideoArte. El vídeo tenía interés como creación artística
principalmente por las variadas posibilidades creativas que ofrecía,
por su continua renovación (ligada a los avances tecnológicos y
técnicos), y por su compromiso directo con el entorno. Su versatilidad
y fácil manejo abrían un camino nuevo y comprometido en el ámbito
artístico.
En sus inicios, el vídeo intentó hacerse hueco entre
los programas de TV, proponiendo obras para una audiencia amplia.
Progresivamente los artistas adoptaron posiciones más críticas frente a
las emisiones televisivas, y aprovecharon las propias cualidades del
vídeo para elaborar nuevas creaciones más independientes y eficaces. Se
pasó de los vídeos emitidos a través de monitores, a las
"vídeo-esculturas" (montajes de varios televisores), y finalmente a las
tan fructíferas "vídeo-instalaciones".
En los años '70 la organización de varios vídeos en el
espacio sustituyó el vídeo simple que se daba antes. Esto hizo que el
VideoArte adoptara una nueva función crítica respecto al papel que el
público tenia en la obra. La interpretación de las imágenes alternadas,
mezcladas o repetidas en un espacio cerrado quedaba determinada por la
actitud del público ante ellas.
Es así como en los años '80 y '90 la experimentación
evoluciona hasta consolidar las video-instalaciones, que permitían el
uso de varios elementos espaciales y la implicación directa del
espectador. Artistas como Samuel Beckett o Bruce Nauman
lograran con sus instalaciones que el espectador fuera un elemento más,
pero determinante en el significado que se desprendía de la obra. La
creación ya no era estática: la presencia de cada persona, sus
reacciones y movimientos, dotaban a la instalación de nuevos
significados y mensajes.
En estas décadas, el VideoArte se pasaría a conocer
internacionalmente como "nuevos medios", por la gran variedad de
elementos, disciplinas y técnicas que se combinaban en una misma
creación audiovisual. El sonido, la informática, las imágenes, objetos
cotidianos, la TV, el espectador, etc., son algunos de los componentes
que convierten a las instalaciones en exhibiciones dónde uno ha de
involucrarse necesariamente, ya que se puede mover y participar de todo
lo que contienen. El espectador también puede pasar a ser el único
protagonista o motor de la obra. La disposición de cámaras y monitores
producen muchas veces percepciones insólitas, que siempre cuentan con
la posición y la participación del espectador, lo que éste ve de sí
mismo y cómo se convierte en una referencia figurativa dentro del
artificio espacial que el artista construye.
El presente: entre lo digital y la realidad inmediata
Se puede decir que a partir del año 2000 se abren
nuevos caminos, ya avanzados unos años antes, en la tecnología
audiovisual, dónde lo digital lo abarca prácticamente todo. Surgen
varias direcciones estéticas y nuevas investigaciones tecnológicas, que
hacen de los "nuevos medios" una disciplina de gran actualidad por su
estrecha relación con estos avances y por cómo se aprovechan de las
novedades que desprenden.
Pero también es muy importante que cada vez hay mayor
interés por la realidad y los problemas del mundo. Los artistas más
jóvenes toman como modelo obras de décadas anteriores, pero abren su
mirada a culturas ajenas y a problemas mundiales a menudo despreciados
en otros ámbitos artísticos. El Videoarte siempre se acercó a la
realidad, pero generalmente para ridiculizarla o transformarla. Ahora
hay un mayor interés en mostrar las cosas tal como son, pero sin perder
las cualidades artísticas. Los vídeos, por su contenido, a veces se
aproximan al documental, pero la forma de presentarse sigue jugando con
el espacio y el montaje, la distorsión de formas y la repetición, etc.
El impacto de las imágenes y del sonido van directamente dirigidos a
abrir la mente del público a los problemas que le rodean. Por eso no se
trata sólo de un arte ligado a nuevas tecnologías, sino de una actitud
artística que utiliza el vídeo para reflejar y transmitir las
reflexiones y contradicciones de nuestra sociedad.
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