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El diluvio universal, entre el mito y la realidad Imprimir E-Mail
escrito por Carme Puche   
viernes, 07 de diciembre de 2007

El diluvio universal, entre el mito y la realidad

Si fue Noé, Uta-na-pishtim, Deucalion o  los mismos reyes Magos poco importa. Lo que aquí nos interesa del diluvio universal es si hay alguna base científica que apoye este mito que a lo largo de los milenios se ha podido ir exagerando hasta convertirse en leyenda. Reseguimos las pistas que hasta ahora nos ha dejado la  historia para saber qué hay de verdad sobre esta gran inundación. ¡Agarraros fuerte que vienen olas!

Cada cultura tiene su diluvio

Recordamos lo que explica la  Biblia, concretamente el Génesis: Dios ha creado los hombres y  las mujeres, pero está enojado porque se han convertido en personas malvadas y  sin escrúpulos. Así, que decide provocar un gran diluvio que se lo llevará todo para empezar de  nuevo con las únicas personas que considera dignas de  vida: Noé y su familia. Como no podrían sobrevivir solos, le encarga a  Noé que construya una gran barca donde poner una pareja de  cada especie de  seres vivos del planeta. ¡Ni el Titanic!

Mesopotamia

¿Pero qué hay de  cierto en el diluvio universal? Veamos las fuentes: De  entrada, el texto del Génesis se basa directamente en textos anteriores de  la  antigua Mesopotamia (ahora Iraq), concretamente, en el poema de  Gilgamesh (de  unos 2000 años aC). En esta versión, Noé sería Uta-na-pishtim, a  quien también los dioses le mandan que construya un barco para salvarlo, con la  intención de  destruir la  humanidad. En la  versión del poema Atrahasis, también de  la  literatura mesopotámica, los dioses organizan la tromba de agua porque los humanos se han llegado a  multiplicar tanto, que el ruido que provocan se les hace insoportable. Ya lo sabéis: no estorbéis el descanso... de los dioses.

 


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Tabla del Gilgamesh.

Grecia

En la  mitología griega, Zeus se cansa de  la  maldad de  la  humanidad y decide también crear una gran inundación, pero Prometeo consigue avisar a su hijo Deucalion, para que él y  su mujer construyan un barco y  se salven. Cuando el diluvio acaba, avisados por un oráculo, tiran piedras por encima de sus espaldas que se transforman en hombres si las tira Deucalion y  en mujeres si las tira Pirra, su mujer. ¡Imaginaos la  velocidad de  reproducción!

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Decualion y Pyrrha.

China

Los chinos también tienen sus propios diluvios. Algunos mitos explican que fue el dios supremo Tiandi quien provocó la  tormenta. Así como Prometeo había querido proteger la  humanidad salvando a su hijo, aquí fue el demiurg Gun, quien en su día había ordenado el mundo, quien consiguió parar el aguacero. Primero consiguió el polvo mágico de  Tiandi para frenar el diluvio y, más tarde, cuando el dios supremo iba a  matarlo, del primer corte que le hizo con la  espada salió un dragón que pararía todas las inundaciones. Después el mismo Gun se convirtió en un dragón que siempre más viviría sobre los océanos.

En otra versión china, los dos supervivientes del diluvio son A-Zie y  su hermana. Como que ésta no quiere tener hijos con su hermano, le pide que lancen dos cuchillos desde los puntos más altos de  dos montañas. Si se encuentran en medio del valle, se casará con él. A-Zie intenta engañar su hermana colocando unos cuchillos en medio de  las dos montañas, haciéndole creer que son los mismos que ellos han lanzado, pero su hermana lo descubre, coge los cuchillos y  parte A-Zie en dos partes. Ante su sorpresa, el cuerpo partido de su hermano se convierte en un hombre y  una mujer, que repoblarán la  tierra. Cómo son los chinos con esto de  cortar gente...

Y  doscientas más...

En las escrituras antiguas de  la  India es un enorme pescado –reencarnación del dios Visnú- quien avisa al bueno de  Manu y  trae su barco hasta la  salvación; en las tradiciones de los indios americanos Mapuche, el diluvio es consecuencia de  dos serpientes; y  según los aborígenes australianos el responsable de todo fue una rana que se había bebido el agua del mundo y a la cual hacía había que hacer reír para que la devolviera a  la  tierra... Y  así hasta más de  doscientas leyendas, mitos y historias populares que se mezclan en el imaginario de los pueblos de  todo el mundo explicando la  historia de  un gran diluvio que quería acabar con la  humanidad. ¿Podría ser que realmente hubiera pasado algún fenómeno natural que se pudiera interpretar como el inicio de una leyenda que ha llegado hasta nuestros tiempos exagerada y distorsionada? Algunos científicos dicen que sí, que podría ser.

 

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Vishnú.

Pero... ¿cómo se encuentra una inundación del pasado?

Descubrámoslo. Si os levantáis un día y queréis encontrar el lugar dónde se produjo una inundación que después se denominaría el diluvio universal, hay unas cuántas cosas que tendréis que tener en cuenta.

Jurisprudencia: ¿hay otros casos?

En  las películas de  abogados muy a menudo utilizan la jurisprudencia para resolver los casos más complejos, es decir, buscan juicios anteriores parecidos a los suyos donde puedan encontrar resoluciones iguales a las que quieren conseguir. Muy bien, en este caso la  jurisprudencia es bien fácil: sólo hace falta encontrar otro caso de gran inundación para poder suponer que, quizás, si hubo una, pueden haber más. En nuestro caso, la jurisprudencia la encontraríamos hace cinco millones de años, cuando el Mediterráneo estaba desecado por la glaciación y separado del Atlántico por lo que ahora conocemos como Gibraltar. Cuando fue subiendo el nivel del océano, la fuerza del agua acabó haciendo ceder el muro que lo separaba del Mediterráneo y lo inundó de  agua salada. ¿Podría ser que la inundación del Mediterráneo fuera el gran diluvio?

La capacidad del lenguaje 

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Noé después del diluvio, visto por Joseph Anton Koch. 

A  ver qué más necesitamos. Muy importante: la presencia humana. Es decir, si estamos hablando de  un mito que ha llegado a nuestros tiempos, parece obvio que alguien lo ha tenido que presenciar para poder explicarlo. No puede ser un ser humano cualquiera, debe ser el que denominamos un humano moderno, es decir, aquellas poblaciones que tenían desarrollado un lenguaje de  comunicación, por una parte, y  una forma de  vida que se viera afectada por una inundación, por lo tanto, un cierto sedentarismo que los hubiera llevado a  vivir en asentamientos. 

Ya tenemos los primeros límites: el Homo sapiens, especie a  la cual pertenecemos, apareció aproximadamente hace unos 400.000 años, pero no fue hasta hace unos 170.000 que hay evidencias del hombre moderno.

Los científicos, sin embargo, parecen ponerse de acuerdo en que, a pesar de  que estos primeros sapiens podían tener un lenguaje más o  menos abstracto, no es hasta que empiezan a  tener una cultura más compleja –que también se asocia a  las primeras pinturas, joyas...- que desarrollan un lenguaje fluido. Y  esto no pasó hasta hace unos 30 o  40.000 años. Bien, esto es mejor que nada: buscamos un acontecimiento que tuvo que pasar hace menos de  30.000 años. Si miramos la  historia del universo, ¡nada, eso fue antes de  ayer! Supongo que ya habéis hecho números: sí, 30.000 años queda muy lejos de los cinco millones de  la  inundación del Mediterráneo. El mare nostrum no es la  inundación que buscábamos...

Un cambio radical de  fauna 

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Noé visto por Edward Hicks. 

Si de repente, o  en muy poco tiempo, ponemos una gran cantidad de  agua en un lugar dónde antes no  había, muchos de los animales que  puedan vivir morirán o tendrán que  ir hacia otra parte. ¿Cómo saberlo? Imaginémonos que la  zona que buscamos es un cuenco. Dentro  viven los animales que denominaremos “no acuáticos”, cuando  echamos el agua salada, éstos mueren y sus restos pueden quedar enganchados en los bordes del cuenco, pero a  la  altura más o  menos de  dónde vivían.

Justo encima de  este nivel,  tendríamos que encontrar los fósiles de los animales que podrían vivir después, los acuáticos. Sería lo que denominaríamos diferentes estratos. ¡Ojo! La  distancia entre los estratos con animales “no acuáticos” y  los acuáticos no puede ser muy grande: si realmente ha habido una inundación, el cambio ha tenido que ser radical, por tanto, los estratos no pueden estar muy lejos el uno del otro. Del mismo modo, encontraríamos un cambio repentino de  fauna si un lugar de  agua dulce fuera cubierto por agua salada de la noche a la mañana.

Y la Tierra se cubrió de agua... ¿O de hielo?

Desde tiempos remotos los hombres han intentado justificar los escritos de la Biblia con teorías científicas. Ya en el siglo II había propuestas de  pensadores que decían que los fósiles de  animales marinos como morenas que se habían encontrado a las cumbres de  las montañas eran organismos que habían muerto durante el diluvio universal. En el siglo XIX, un importante geólogo, William Buckland, publicó un libro dónde detallaba cómo aquellas extrañas morenas eran evidencia de la gran inundación. También propuso que las grandes piedras que se encontraban a centenares de  kilómetros de  las montañas, de  donde eran originarias, también habían acabado en su emplazamiento actual debido al diluvio bíblico. Su teoría se llamó el Diluvialismo. 

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Pero el mismo Buckland tuvo que  aceptar las teorías de  un joven naturalista suizo que en 1837 revolucionaría las ideas que hasta entonces se tenían sobre cómo se había ido modelando la Tierra: Louis Agassiz expondría su teoría de  las eras glaciales, según la cual un gran “océano de  hielo” había cubierto Europa y  el norte de  Asia. Así se fueron explicando estas “extrañas” formaciones y  pistas que la  misma naturaleza nos había dejado para que las encontrásemos y, finalmente, las interpretásemos correctamente. ¡Nada que  ver con el diluvio universal!

Los descubrimientos científicos

Estas pistas que vosotros habéis descubierto son, a  grosso modo, las que fueron siguiendo varios científicos para intentar averiguar qué  podía ser real en el mito del diluvio universal. La  primera parada de  este apasionante viaje fue en 1961, cuando en una primera exploración del mar Negro se descubrió un río escondido sobre el estrecho del  Bósforo (que une este mar con el de Mármara y  después con el Mediterráneo). Era el rastro de  un río que parecía que podía ser de  agua dulce y demostrar que el mar Negro antes había contenido un lago de  agua dulce.

La  cosa quedó aquí. Nueve años más tarde, en 1970, Bill Ryan estableció que el Mediterráneo se había inundado de  forma más o menos abrupta hacía cinco millones de  años. 

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Vista por satélite del estrecho de Bósforo, en Estambul.

¿Recordáis las pistas? Si lo había hecho el Mediterráneo, ¿por qué no podía haber pasado en otro lugar, pero ante la mirada de un hombre moderno? 

Los rusos fueron los primeros en encontrar la pista de la inundación. Detectaron sedimentos que sugerían que el mar Negro había cambiado de  agua dulce a salada hacía unos 7.000 años y que había aumentado su nivel cien metros más del que había originalmente. Pero, ¿había sido una inundación rápida y catastrófica o más bien pausada y progresiva?

Tras varias investigaciones, en 1998, los geólogos William Ryan y Walter Pitman, de la Universidad de Columbia, pudieron explicar el cambio radical de la fauna. Habían encontrado conchas de moluscos procedentes de la cuenca sumergida en el agua. Estas conchas se dividían en dos grupos: las más antiguas, de especies de  agua dulce, y las más recientes, de especies de  agua salada. Para comprobar “la  edad” de estas conchas utilizaron la técnica del carbono 14 (cualquier animal, cuando muere, va perdiendo carbono 14 a un ritmo determinado de forma que, midiendo la  proporción que queda en el animal, podemos saber cuanto tiempo hace que murió). Por si esto fuera poco, los científicos norteamericanos comprobaron que entre los dos tipos de  sedimentos donde  se encontraban las diferentes conchas de moluscos  había menos de un milímetro, lo cual indicaría una transición muy rápida, como la  provocada por una inundación.

Los misterios del Mar Negro

Un mar rodeado de culturas, que actualmente se encuentra entre dos continentes –Asia y  Europa – y  que durante la  guerra fría era infranqueable (¡los submarinos rusos no dejaban que se acercase nadie!). Hablamos de un mar que los griegos denominaban axeons, que significa inhóspito, por las fuertes tormentas y por el carácter áspero de sus habitantes, y  que los turcos de  la  edad mediana bautizaron como karadeniz, que significa el mar negro, el precursor de  la  muerte. Un mar que no tiene oxígeno en sus profundidades y, por lo tanto, no hay casi nada que  pueda vivir traspasados unos metros... Éste fue el escenario propuesto por los geólogos norteamericanos Walter Pitman y  William Ryan en 1998 como posible origen del mito del diluvio universal.  

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Vista desde satélite del mar Mediterráneo, con el mar Negro situado en la parte superior derecha. (c) Nasa Planetary Photojournal.

Tras el descubrimiento de Pitman y  Ryan, los exploradores más aventureros no pudieron evitar de viajar en busca de los vestigios de esta civilización que se suponía que había vivido donde ahora era todo agua salada. Si antes el mar Negro había sido un lago de agua dulce de dimensiones más pequeñas que el actual, significaba que sus playas tenían que estar ocupadas por asentamientos de hombres modernos que, en muy poco tiempo, habían tenido que abandonar sus viviendas. Según Pitman y Ryan, después de que el estrecho de Bósforo hubiera cedido al empujón del mar Mediterráneo, el nivel del mar Negro habría subido a  un ritmo de unos quince centímetros diarios; esto significa que los habitantes de la costa habrían sido forzados a  retroceder más de un kilómetro al día. ¿Habría todavía algún rastro de estas poblaciones?

Expediciones con robots

Robert D. Ballard, el explorador que descubrió el Titanic en 1985, no se lo pensó dos veces y aprovechando una campaña que había organizado para recorrer el Mar Negro intentó encontrar alguna de  estas playas ahora sumergidas a más de cien metros bajo el nivel del mar. La ventaja que les ofrecía el mar Negro era su toxicidad. Cuando el agua salada cubrió la  cuenca del antiguo lago, también creó unos metros de agua en su profundidad donde falta el oxígeno: el mar Negro no tiene las diferencias de temperatura de otros océanos que son precisamente las que hacen posible una circulación que ayuda al oxígeno de la atmósfera a llegar al fondo. Sin oxígeno, tampoco hay los organismos que perforan la madera, esto significa que si alguna construcción con madera se había quedado bajo aquellos metros de agua todavía hoy estaría intacta.

 

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El explorador Robert D. Ballard. (c) Commons wikimedia.org.

El intrépido explorador utilizó las tecnologías más punteras de  robots –también exploradores- que bajaban hasta las profundidades del mar Negro para grabar en directo imágenes del fondo marino. Y  Ballard afirma que encontró una de  las playas descritas por Pitman y Ryan... Pero fue imposible conseguir pruebas de  alguna construcción más antigua de  4.000 años, ¡lo cual no está nada mal! Nos hablan de  pueblos griegos, romanos, bizantinos y  otomanos... pero no del diluvio universal.

Desde Canadá, pruebas en contra

El debate sobre si el diluvio universal está basado o no en hechos reales continúa abierto. En realidad hay grupos de investigadores que, de entrada, han encontrado pruebas que parecen refutar las teorías de  Ryan y Pitman. Un grupo de geólogos canadienses liderados por Ali Aksu han estado estudiando movimientos sísmicos que demuestran la existencia de un delta en estrecho de Bósforo, una formación geológica que implica una sedimentación lenta de los materiales y, que por lo tanto, refuta totalmente la teoría de una posible inundación catastrófica. El grupo de investigadores incluso apunta la posibilidad de que el mar Negro no estuviera separado del Mediterráneo. ¡El misterio continúa!

Un simulador del gran cataclismo

Imaginaos por un momento que la  máquina del tiempo existe y que viajáis 7.500 años atrás. Destino: el estrecho de  Bósforo. Os plantáis allá, con unas palomitas y  una bebida refrescante, y  esperáis sentados para  poder ver con vuestros propios ojos el diluvio universal.

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Más o menos, éste es el sueño que tuvo el joven investigador oceanógrafo Mark Siddall y que lo llevó a construir un modelo con ordenador de cómo habría sido la inundación del mar Negro. Probó varias velocidades del agua, primero simulando un aumento del capital gradual y después uno más acelerado y  catastrófico. Pero no sólo esto, sino que el modelo también daba los resultados de qué marcas dejarían estas inundaciones en la  cuenca del antiguo lago, que actualmente es el mar Negro. Sus comprobaciones se acercaron a  las estipuladas por William Ryan y Walter Pitman sobre la posibilidad de que se hubiera producido una fuerte entrada de agua, pero el plazo de tiempo en que esto pasó dista de la teoría de los dos científicos.

El modelo de Siddal demuestra que las marcas que se han encontrado equivaldrían a la entrada en el lago de unos 60.000 metros cúbicos de agua por segundo, el equivalente a más de veinte veces el caudal de las cascadas del Niágara. Este inmenso caudal, pese a su magnitud, hubiera necesitado igualmente 33 años para equilibrar el nivel del mar Negro con el de los mares de Mármara y Mediterráneo, mientras que las primeras hipótesis hablan de que esto hubiera pasado sólo en tres años. ¿Una inundación de 33 años, podría haber desencadenado la leyenda del diluvio universal? Continuará...

 

 
 
 
 
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