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¿Qué es la democracia? Imprimir E-Mail
escrito por Andreu Traserlo   
lunes, 10 de diciembre de 2007

¿Qué es la democracia?

Decía Platón, para muchos el filósofo más importante de todos los tiempos, que la  democracia es uno de los peores regímenes políticos que existen, porque es el que más se aleja del régimen ideal: aquel en el que solamente gobierna uno, el filósofo, el más sabio. Otros pensadores han opinado que la democracia es la  forma de  gobierno menos mala posible. Hoy en día, a pesar de todo, la democracia es considerada como el sistema político que mejor garantiza el respeto a los Derechos Humanos y, con esto, la dignidad de las personas.

Grecia, cuna de  la  democracia

Precisamente debía ser un abuelo de  Platón llamado Soló quien, en el siglo VI aC, introdujo durante su mandato en  la  ciudad-estado de  Atenas las primeras reformas democráticas que se conocen en la  historia. Pero fue Pericles, durante el conocido como el Siglo de  Oro de  Grecia (siglo V aC), quien verdaderamente llevó a  término un gran impulso democrático que lo hizo merecedor de  ser considerado el primer gobernante demócrata de  todos los tiempos. 

En la Atenas de Pericles, efectivamente, se estableció la Asamblea como órgano consultivo que permitía la  toma de  decisiones relacionadas con el gobierno de  la polis.

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A la izquierda, Platón (c) Ricardo André Frant. A la derecha, Pericles (c) Museum Gunnar Bach Pedersen.

En una asamblea (se sabe que las más multitudinarias llegaron a  reunir a más de  5.000 personas) podían participar todos los hombres libres mayores de  edad que no fueran extranjeros. Las mujeres, en consecuencia, quedaban excluidas.  Existía isegoría o  derecho de  todos a  hablar por igual. Esto permitía que cualquier ciudadano, gracias a sus razonamientos, pudiese convencer a los otros de que su propuesta en relación con el desarrollo de  las acciones de  gobierno era la  mejor y  así, posteriormente, ver realizada su aplicación.  También existía un Consejo de los Quinientos (formado por representantes vecinales) y  otro Consejo de los Cincuenta (más selecto). Cada año se escogía un jefe de  gobierno y, si este no cumplía debidamente con sus funciones, podía ser enviado al exilio e incluso ser ejecutado.  

Un paréntesis sin democracia

Tras  la   época clásica y  hasta el siglo XVIII, se puede decir que la  democracia a duras penas se desarrolla en ningún lugar del mundo, siendo prácticamente todos los sistemas de  gobierno absolutistas o, lo que es el mismo, totalitarios, autoritarios: ejerce el poder una persona por encima de  las otras (que en muchos casos incluso llega a  considerarse escogida por Dios).

El siglo XVII fue Thomas Hobbes quien más defendió la  idea de que el poder, en efecto, tiene que estar en manos de  un solo individuo, el soberano.

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Thomas Hobbes.

Según él, por naturaleza los hombres somos egoístas y  nos comportamos como lobos con cualquiera de nuestros parecidos. Para evitar entonces una situación de  guerra de  todos contra todos, se hace necesario escoger un gobernante al que se le entregue todo el poder para que lo administre como crea más conveniente.
Esta cuestión de  la  legitimación del poder o de la autoridad, tan estrechamente ligada al ejercicio de  la  democracia, fue muy estudiada después por un grupo de  autores a los que se ha denominado contractualistas.

Entre ellos destacarían Locke, Rousseau y  Kant. 

La  democracia moderna

Locke pasa por ser uno de los padres de  la  democracia moderna. En su Ensayo sobre el gobierno civil dejó sentadas las bases sobre las características que reúne este régimen de gobierno. Entre ellas, que sea un conjunto de  representantes lo que ejerza el poder haciéndose eco de  las ideas, demandas, etc. de  toda la  ciudadanía y  que siempre se lleve a cabo lo que estime conveniente la  mayoría, pero respetando la  minoría.

Rousseau pensó que era mejor que el poder radicara en la voluntad general. Todos y cada uno de los miembros de  una comunidad tienen que estar presentes en la toma de decisiones relacionadas con el gobierno. Todos ejercen su soberanía o su derecho a  participar en la administración del poder. A partir de  aquí surge un acuerdo (ésta es la voluntad general) con el que cualquiera debe comprometerse, puesto que es la  suma de  todas y cada una de  las voluntades individuales.

Kant, por su parte, dará a entender que aquello que dicta la razón humana es que cada cual hace con su poder lo mismo que le gustaría que hicieran los otros. Ésta sería la consecuencia política de su célebre Imperativo Moral, el estudio detallado del cual, junto con el de  las fórmulas de otros autores como J. Rawls o J. Habermas, que en el siglo XX siguen la misma línea (por eso reciben el nombre de  neocontractualistes), merece un capítulo aparte.

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Immanuel Kant.

El gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo

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Abraham Lincoln. 

De  estos planteamientos, ¿cuál podría decirse que responde mejor al que es propiamente un gobierno democrático? Probablemente los tres. La  verdad es que la cuestión resulta complicada, porque aunque democracia es una palabra que usamos todos, suele presentar problemas de  falta de  definición y univocidad.

En un intento por aclarar cuáles son sus principales características, podríamos decir que el término surge de  la  unión de  dos raíces: demos –‘pueblo'- y  kratos –‘poder'-. Democracia sería así el gobierno del pueblo.

Abraham Lincoln, en su famosa Proclamación de  Gettisburg, el 1861 dirá: “Democracia es el gobierno del pueblo, por el pueblo, para el pueblo”. 

Requisitos de la democracia 

  • Para que se desarrolle plenamente un sistema de gobierno democrático, el pueblo (en principio el conjunto de todos los ciudadanos y ciudadanas) debe participar en la actividad política con libertad, igualdad e información suficiente.

  • Por participar puede entenderse prestar interés, informarse, expresarse en relación con los asuntos políticos o, lo que es más importante, formar parte en la  toma de  decisiones que afecten al gobierno. Esto último puede hacerse o  bien directamente (como, por ejemplo, cuando se vota en una asamblea o  en las elecciones generales o  municipales) o  bien a través de  unos representantes (cuando las circunstancias no hagan posible la  participación directa en cada toma de  decisiones relativas al gobierno). En este segundo caso, lo deseable es que los representantes actúen en todo momento siguiendo la  voluntad del pueblo.

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  • En democracia siempre se tiene que aceptar lo que subscriba la  mayoría, pero atendiéndose también a los requerimientos de  las minorías. 
  • La  toma de decisiones de cada persona en particular debe hacerse en absoluta libertad, es decir, sin sufrir amenazas o  presiones de  ningún tipo, de acuerdo con su propia voluntad (y  también, claro está, dentro de las leyes aceptadas por la  comunidad).
  • También se debe considerar en democracia que todos disfrutamos de  igualdad (por ejemplo, a la hora de votar: un voto vale exactamente lo mismo que los otros o a la hora de ejercer nuestros derechos y  obligaciones).
  • Finalmente, para que podamos hablar de la buena salud de una democracia es necesario que la ciudadanía esté bien informada (no manipulada) con respecto a las cuestiones políticas que haga falta tratar.
  • Por otro lado, la literata y filósofa María Zambrano dijo una vez que “democracia es el sistema político en el cual a  cada uno/a se le exige ser persona”, dando a  entender después de que ser persona requiere, además de  ensalzar la  libertad y  la igualdad, la  práctica de  una serie de  valores, como el respeto, la  tolerancia o  la solidaridad. 

 

La democracia en el estado español

En España, el conjunto de leyes que garantizan que el régimen político con el que nos gobernamos sea democrático están recogidas a la Constitución del 1978. Antes hubo otras constituciones, entre las cuales podrían destacarse la que se promulgó en Cádiz el 1812, inspirada en el ideario de pensadores ilustrados, como Montesquiu o Rousseau; la  del 1837, durante la Regencia de  María Cristina; la del 1869 o la del 1931.

De La Gloriosa de 1812 llama la  atención, por ejemplo, el artículo 2 que afirma que “la Nación española es libre e independiente y no es ni puede ser patrimonio de ninguna familia o persona”. En el mismo artículo de la del 1837 leemos:“Todos los españoles pueden imprimir y publicar libremente sus ideas sin previa censura con sujeción a las leyes.”


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La reina María Cristina

En la del 1869, el artículo 17 reza que “tampoco podrá ser privado ningún español (…) del derecho a asociarse para todas las finalidades de la vida humana que no sean contrarias a la moral pública”.

En la del 1931, el artículo 1 proclama: “España es una República democrática de  trabajadores de toda clase, se organiza en régimen de Libertad y  Justicia. Los poderes de  todos sus órganos emanan del pueblo.” El artículo 2: “El Estado español no tiene religión oficial.” El artículo 7: “El Estado español acatará las normas universales de Derecho Internacional (…).”

En la Constitución del 1978, el artículo 14 expresa que todos somos “iguales ante la  ley, sin que pueda prevalecer ninguna discriminación.” Gracias al artículo 16 “se garantiza la libertad ideológica, religiosa y  de culto de los individuos”. 

La Constitución del 78 y el sistema político español

La Constitución del 1978, consensuada por todas las fuerzas políticas de nuestro país tras la  dictadura del General Franco, establece que nuestra democracia será desarrollada desde una Monarquía parlamentaria. Esto quiere decir que la  máxima autoridad en nuestro país lo ostenta La Corona, representada por el Rey, si bien queda circunscrita a  las leyes elaboradas por el Congreso y el Senado.

El Senado cuenta con representantes de  las provincias y  de las comunidades autónomas. Esta cámara se encarga, fundamentalmente, de  la  elaboración de  propuestas de ley y de llevar a cabo acciones de control sobre el gobierno. El Congreso es el principal órgano legislativo. Cuenta con 350 diputados. Estos, a través de los debates, tienen como cometido principal ejercer el gobierno de la Nación y elaborar leyes. Asimismo, puede desestimar las propuestas del Senado.

Hay leyes que tienen carácter nacional y  otras carácter autonómico. Recordamos que España es un Estado compuesto por 17 comunidades autónomas. Cada una de ellas tiene concedido un Estatuto que le permite desarrollar determinadas medidas de gobierno. También cada ayuntamiento puede llevar a cabo iniciativas políticas de carácter local.

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Diputados (nacionales y  autonómicos), senadores y alcaldes son presentados por diferentes partidos políticos y escogidos por la ciudadanía cada cuatro años. El equipo de gobierno lo forman algunos diputados del partido que obtiene la  mayoría absoluta, bien a través de sus votos, bien con sus votos y los de otros partidos que le apoyen.

Los jueces se encargan de administrar la  justicia de acuerdo con las leyes. 

Estos actúan en los juzgados (en los casos corrientes), en los Tribunales Superiores de  Justicia (en los casos de  índole regional) o en la Audiencia Nacional (en los casos de importancia para todo el Estado). Por encima de todos estos niveles de judicatura está el Tribunal Supremo. Éste, a su vez, cuenta con el Consejo General del Poder Judicial (órgano de gobierno de los jueces) y con el Tribunal Constitucional (que se encarga de interpretar las leyes cuando hay alguna duda en relación con ellas y de amparar a quienes sienten vulnerados sus derechos fundamentales por parte de la Justicia).

Después existen otros tribunales europeos e internacionales (el Tribunal de Estrasburgo, el Tribunal de La Haya, entre otros, que juzgan delitos económicos, penales, etc.).

Del cumplimiento de las leyes se encargarán las Fuerzas de Seguridad del estado (el Ejército, los diferentes cuerpos de  Policía y  la Guardia Civil).  

La democracia empieza en casa

En la vida cotidiana la democracia se manifiesta en el mundo laboral, dado que los trabajadores ven reconocido su derecho a afiliarse a un sindicato que defienda sus intereses, a cobrar un salario digno, al descanso, a las vacaciones y a realizar asambleas. Hay democracia en la calle, por ejemplo, cuando alguien disfruta de la presunción de inocencia aunque sea sospechoso de cometer un delito. Democrática es la forma de llevar a cabo las reuniones de una comunidad de vecinos. Se actúa democráticamente en los centros de enseñanza, a la hora de escoger los personales de dirección, los delegados o delegadas, los representantes del alumnado, profesorado, personal asociado y de los padres y madres en el Consejo Escolar… Y en casa serán comportamientos democráticos todos aquellos que se basen en el diálogo razonado y no en la imposición.

 
 
 
 
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