|
Pocas fotografías han conseguido hipnotizar al mundo entero por su belleza y hacerse un hueco en el mundo del arte. Ésta es una de ellas. Pocos fotógrafos han logrado capturar una imagen que llegara a convertirse en icono de un lugar y un momento. Robert Doisneau es uno de ellos.
La fotografía como arte
En un principio, la figura del fotógrafo se limitaba a aportar documentos gráficos y de estudio. La fotografía era testimonio de momentos históricos clave, un medio de comercialización y publicidad, entre otras cosas. El fotógrafo era visto por muchos como una persona sin un medio de vida estable, que se aprovechaba de la imagen de los demás para lucrarse. Veían esta profesión como algo inútil, sin mérito, que podría hacer cualquiera. El propio Doisneau, en 1992, dijo: “mis jóvenes colegas no pueden imaginar con qué menosprecio eran considerados los que declaraban dedicarse a la fotografía”.
Poco a poco, la fotografía fue ampliando su campo de visión; las técnicas mejoraban y crecía el número de personas que se dedicaban a ella profesionalmente. Gracias a los montajes visuales de algunos fotógrafos, a la fuerza estética de sus obras y al impulso que les dieron certámenes y revistas, se empezó a reconocer la vertiente artística del fotógrafo, y su fotografía pasó a ser arte.
En Doisneau se puede apreciar esa vertiente artística: encontrar la magia en lo cotidiano, la belleza que hay detrás de cada momento, e inmortalizarla. El fotógrafo es fiel espectador de la vida, con su mirada atenta y paciente analiza lo que se mueve a su alrededor, y se encarga de fijarlo para siempre. Hace que la propia realidad, sin tapujos, se convierta en arte.
El autor Doisneau, de espíritu autodidacta, descubrió su vocación por la fotografía de manos de André Vigneau, artista surrealista que le enseñó a observar lo que le rodeaba en el París de los años 30. Tras su difícil experiencia durante la 2ª Guerra Mundial, recibiendo encargos para mostrar la ciudad ocupada, se dedicó plenamente a la fotografía, trabajando con otros grandes de la época, como Cartier-Bresson, Kertész o Brassaï. Su gusto por el reportaje humanista le hizo centrar su obra en ese campo, reflejando la vida pública de París, que tras la guerra volvía a mostrar su cara más alegre.
Él mismo se definía como un “pescador de imágenes”. Encontraba la anécdota en las pequeñas historias del día a día. Es en estos momentos dónde la cámara capta instantes llenos de belleza. Su obra es natural, íntima y honesta, y a la vez se envuelve en el aura mágica propia del arte.
|
Robert Doisneau.
|
| Aunque el fotoperiodismo entró en crisis en los años 60, más tarde la
obra de Doisneau recupera su popularidad y recorre el mundo entero. No
hay ninguna duda de que la imagen que le consagró como uno de las
artistas más admirados de la historia de la fotografía fue Le baiser de
l’Hôtel de Ville. |
La verdadera historia de Le baiser
En 1950 la revista American’s life encargó a la agencia RAPHO, en la que trabajaba Doisneau, un reportaje sobre París y sus habitantes, que recogiera a parejas mostrando sus sentimientos. De ahí surgió la serie fotográfica Baisers, donde está incluida la obra Le baiser de l’Hotel de Ville. La idea era reflejar París como ciudad del amor, ofreciendo escenas espontáneas con las que la gente se pudiera sentir identificada, o al menos atraída. El encanto de Le baiser permanecía en gran medida en el hecho de ser un instante casual, en que la pareja había sido pillada in fraganti.
Años más tarde, en 1992, un matrimonio francés aprovechó la reciente y
estricta ley sobre los derechos de imagen para denunciar al artista.
Jean y Dense Lavergne declararon que ellos eran los protagonistas de la
fotografía y exigían una compensación por el uso de esa imagen sin su
consentimiento. Doisneau se vio obligado a confesar que la escena en
realidad había sido preparada junto a una pareja de actores a los que
acababa de conocer en un café. Les vio besarse y les pidió si podían
repetirlo paseando por la calle. Los denunciantes, por supuesto,
perdieron el juicio, por las declaraciones del artista y porque no se
podía demostrar su identidad después de cuarenta años.
Recientemente, en el 2005, la auténtica protagonista de la foto,
Françoise Bornet, puso a subasta una copia firmada por el fotógrafo,
que había guardado todos esos años, confirmando la “puesta en escena”.
Esa copia se vendió ni más ni menos que por 155.000 euros a un
coleccionista suizo.
Icono del París romántico
“París es un teatro en el que se paga el asiento con el tiempo perdido. Yo me planto allí con mi cámara y espero”. Son palabras de Doisneau sobre su labor como fotógrafo en la ciudad de la luz. Precisamente en el centro de París, frente al Ayuntamiento (l’Hotel le Ville), es dónde el artista logró captar esta instantánea, de las más hermosas de la fotografía contemporánea, y sin duda, de las más románticas.
Doisneau, a modo de voyeur, congeló este momento lleno de sentimiento, paralizando a la pareja, que contrasta con la sensación de movimiento que los rodea. La belleza estética de esta imagen no está sólo en la intensidad de la acción, sino también en la posición de los protagonistas. Ella parece rendirse, permanece flácida ante el beso apasionado de él, que la estrecha fuertemente, como si intuyera su caída. Son curiosas las similitudes que tiene esta postura con la también reconocida pintura de Klimt, El beso.
A pesar de que fue una escena preparada, no pierde la sensación de espontaneidad. Los protagonistas pasan delante de la terraza, él coge a su amada y la besa apasionadamente, y todo esto con una naturalidad tan grande que por un momento olvidamos que la escena sea premeditada. Aunque sí es cierto que parte de su encanto se pierde al saber que no es fortuita, su belleza sigue ahí y lo que representa también. Quitarle mérito a la imagen por ello, como muchos hicieron, es una simpleza, ya que precisamente en el arte lo que importa es lo que nos transmite la obra en el momento que la miramos, no cómo haya sido hecha. Quince años después de la confesión de Doisneau, Le baiser sigue decorando paredes y protagonizando calendarios. Sigue inspirando romanticismo y provocando suspiros a todo el que la mira.
|
|