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Europa fue una de las muchas amantes de Zeus, el Dios más poderoso de la mitología griega. Cierto día, Zeus se enamoró de Europa (la hija del Rey de Sidón) mientras ella jugaba en la playa.
Zeus tenía la cualidad de transformarse en lo que se propusiera. Para conseguir a Europa, se transformó en un toro de resplandeciente blancura y enormes cuernos. Una vez convertido en toro, fue a tumbarse a los pies de la doncella. Europa, aunque asustada en un primer momento, se sintió tan atraída por el animal que acabó por sentarse sobre su espalda. Zeus aprovechó la oportunidad para levantarse y lanzarse hacia el mar con Europa en su lomo. A pesar de los gritos de la muchacha, aferrada a los cuernos, el toro se adentró en las olas y se alejó de la orilla.

El rapto de Europa, Rubens (1628-29)
Zeus se llevó a la joven a Creta, donde consumieron su amor junto a una fuente y bajo unos plátanos que, en memoria de ese día, obtuvieron el privilegio de no perder jamás sus hojas.
Europa tuvo tres hijos con Zeus, uno de los cuales fue Minos. Cuando Europa murió, recibió honores divinos. El toro cuya forma había adoptado Zeus se convirtió en una constelación y fue colocado entre los signos del Zodíaco (Tauro).
Minos
Zeus casó a Europa con Asterión, rey de Creta, quien adoptó a los hijos de Europa, entre los que destacaba Minos.
Tras la muerte de Asterión, Minos pretendía el poder de Creta, pero no contaba con el apoyo de sus hermanos. Para ganárselo, afirmó que los dioses le destinaban el reino y que como prueba de ello le concederían cuanto les pidiese. Así, pidió a Posidón (Dios del mar) que hiciese salir un toro del mar y le prometió que, en correspondencia, sacrificaría al animal en su honor. Posidón envió el toro y Minos pasó a ser, sin discusión, el nuevo rey de Creta.
Con el paso del tiempo, sin embargo, Minos no sacrificó al animal ya que se trataba del ejemplar más magnífico que había visto nunca. Mientras tanto, la esposa de Minos, Pasífae (hija del Sol), se enamoró del toro y engendró a un hijo mitad hombre, mitad toro: el Minotauro.
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Minotauro
Oriol Massana
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Minos, asustado y avergonzado al ver al monstruo fruto del amor de Pasífae por el toro, mandó construir al artista ateniense Dédalo un inmenso palacio (el Laberinto), formado con un embrollo tal de salas y corredores, que nadie, excepto Dédalo, era capaz de encontrar la salida. Allí encerró al monstruo Minotauro.
Después de haber vencido a los habitantes de Atenas en la guerra, Minos les condenó a entregar cada año a siete chicos y siete chicas que tenían que ser el alimento del Minotauro.
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Teseo
Teseo, el gran héroe ateniense, se integró voluntariamente en uno de los grupos de estos jóvenes y se embarcó hacia Creta para acabar con el Minotauro.
Ariadna, hija de Minos, se enamoró de Teseo nada más verlo y prometió ayudarlo. Le regaló un ovillo de hilo para que, si conseguía matar al Minotauro, pudiese salir del Laberinto siguiéndolo.
Teseo mató al Minotauro de Creta y logró salir del Laberinto donde vivía gracias al ovillo de hilo.
Se cuenta también que antes de partir, Teseo recibió de su padre Egeo dos juegos de velas para el barco: velas negras para la ida y velas blancas para la vuelta. Al volver, Teseo olvidó cambiar las velas negras de su nave e izar las blancas, signo de la victoria. Su padre Egeo, al ver las velas negras, pensó que su hijo había muerto y se arrojó al mar que, desde entonces, lleva su nombre: el Mar Egeo.
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Esquema del Palacio de Cnosos (www.ancientworlds.net)
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El laberinto
Esta leyenda conserva el recuerdo de la civilización “minoica”, que parece haber tenido un culto del toro y palacios inmensos como los encontrados en Cnosos y otras partes de las excavaciones de Evans. El Laberinto es, efectivamente, el “palacio de la dobe hacha”, símbolo que aparece repetidamente en los monumentos minoicos y que quizá tenga una significación “solar”.
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