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Madame Curie, la madre de la radioactividad |
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escrito por Revista Eureka
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viernes, 15 de febrero de 2008 |
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A finales del siglo XIX y principios del XX, la revolución científica tuvo nombre de mujer: Marie Curie se ganó un lugar privilegiado gracias a sus descubrimientos sobre la radioactividad. Decidida a saber siempre más sobre aquello que estaba investigando, fue la primera mujer en doctorarse a Francia y la primera –entre hombres y mujeres- en ganar dos premios Nobel en categorías científicas distintas, Física y Química. ¡Una todo terreno!
Ciencia, amor y más ciencia
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Nacida en Polonia bajo el apellido Sklodowska, Marie venía de una familia humilde. Haciendo lo imposible, consiguió ahorrar para poder estudiar en Paris. Llegó el 1891 y al cabo de cuatro años se licenció en física y matemáticas. Impresionante, ¿no? Para ella lo más importante eran los estudios, no pensaba en matrimonios ni hijos... hasta que conoció a Pierre Curie, ¡un apasionado de la ciencia como ella!
Pierre estaba tan enamorado como Marie, así que finalmente decidieron casarse, hacer el viaje de boda en bicicleta y continuar investigando. Su marido acabó metido en las cavilaciones de Marie: la polaca se había empeñado en saber qué pasaba con las sales de uranio, puesto que el francés Antoine Henri Bequerel había descubierto que emitían unos rayos de luz extraños. ¿De dónde venía aquella energía?
Marie puso todo su empeño: descubrió que las fuertes radiaciones no venían del uranio, sino de otros elementos que había en las sales minerales. En un edificio desvencijado y frío, el matrimonio tardó cuatro años en poder aislar esos elementos y demostrar que existían. ¡Sí! Marie Curie había descubierto el radio y el polonio, denominado así en honor a su tierra natal, su querida Polonia...
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Entre descubrimiento y descubrimiento, habían tenido a su primera
hija, Irene, y el dinero empezó a escasear. A pesar de todo, el
matrimonio decidió hacer público el aislamiento del radio sin ánimo de
lucro. Como dijo Marie, “el radio se utilizará para combatir el cáncer.
Sería imposible aprovecharse de esto...”. En 1906 llegó el
reconocimiento cuando recibieron, junto con Becquerel, el premio Nobel
de Física por sus descubrimientos en radioactividad... y con él un buen
puñado de dinero que compartieron con sociedades científicas, amigos y
familiares. ¡Unos altruistas, los Curie!
La soledad y la fama
Cuando las cosas les empezaron a ir bien, Pierre murió atropellado por
un coche de caballos. Marie se aisló en sus estudios, rechazó la
pensión de viudedad que se le ofrecía, y le otorgaron la cátedra de
Física en La Sorbona, donde había estudiado. Creó un Instituto de
Radioactividad, que ella dirigía, y otro para la investigación sobre
el cáncer. El segundo Premio Nobel, ahora de Química, le llegaba en
1910 y Madame Curie, como ya se la conocía, decidió dedicarlo a su
querido Pierre. Un viaje a los Estados Unidos le hizo darse cuenta de
que se había convertido en algo más que una investigadora y que el
mundo la veía como un referente. A partir de entonces empezó a dar
conferencias intentando ser útil en todo lo que podía.
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Premio Nobel de Física de 1906.
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Madame Curie murió a los 67 años de leucemia, seguramente provocada por las múltiples exposiciones a la radioactividad.
Por suerte, es imposible olvidar el valor científico y humano de una mujer que dedicó su vida a interrogar a la ciencia sin esperar nada más que respuestas.
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