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escrito por Revista Eureka
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lunes, 15 de octubre de 2007 |
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¿Os recuerda algo este bicho enorme? ¿No creéis que es clavado a aquellos animalitos que encontramos en las piedras y que todos incordiábamos de pequeños para ver como se encogían formando una bolita? ¡Sí! Es como un bichito bola pero a lo bestia!
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El Bathynomus giganteus es una de las 9 especies de grandes isópodos
que se conocen. Pueden llegar a dimensiones de 50 cm y pesar hasta 1,7 kg (la mayoría de
isópodos, hacen entre 1 y 5 cm).
Viven a grandes profundidades lejos de la costa, entre los 170 m y los 2.140 m, dónde las
presiones son altas, las temperaturas bajas y la luz inexistente.
Efectivamente, se trata de un primo lejano de las cochinillas (así se
llaman): el Bathynomus giganteus, conocido popularmente como isópodo
gigante. ¡Al verlo puede darnos la misma sensación que tendríamos si
encontráramos una mosca o una hormiga gigantes!
Los isópodos son un grupo de crustáceos muy diverso, que incluye tanto
especies acuáticas como terrestres.
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De hecho son de los pocos crustáceos que han tenido éxito en el medio terrestre (entre ellos, las cochinillas y las pulgas de mar). ¡Y parecían poca cosa!
Son solitarios y se alimentan barriendo el fondo marino, especialmente
de carroña: ballenas, pescados y calamares muertos aunque también pueden ser
depredadores activos de animales lentos como los pepinos de mar, las esponjas,
algunos nemátodos, etc. Como en los fondos marinos los alimentos son escasos y
oportunos, pueden pasar largos periodos de tiempo sin comida (¡hasta 8 semanas
o más!) y cuando lo encuentran, se llenan tanto que casi no pueden ni moverse.
El reemplaza-lenguas
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Otro primo de la cochinilla es el Cymothoa exigua un parásito
extraordinariamente extraño. Este bichito se cuela por las branquias de
algunos peces y se engancha a su lengua utilizando las pinzas de las
patas delanteras. Allá chupa la sangre de la arteria principal que
nutre este órgano y crece hasta que la lengua se atrofia por carencia
de sangre. Es entonces cuando la reemplaza con su propio cuerpo,
aferrándose a los músculos que han quedado de ella. El pez puede usar
el parásito como si fuera la propia lengua, excepto por el hecho que
debe compartir la comida con él puesto que en este estadio complementa
su dieta con partículas de alimento. Es el único caso conocido de un
parásito que reemplaza un órgano de su huésped. ¡Parece
ciencia-ficción! |
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