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escrito por Revista Eureka
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sábado, 20 de octubre de 2007 |
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El bolígrafo es el instrumento de escritura más utilizado del mundo. La bolita que contiene en la punta, que en contacto con el papel va dosificando la tinta a medida que se la hace rodar, es la clave de su funcionamiento.
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Este pequeño invento que revolucionó el mundo fue creación de un periodista húngaro que, furioso por los problemas que le ocasionaba su pluma cuando se encallaba o escupía demasiada tinta en medio de una entrevista, pensó en buscar una solución.
La idea se le ocurrió cuando observaba unos niños jugando con balones en la calle. Una de ellas atravesó rodando un charco de agua y, al salir, siguió dibujando una línea de agua sobre la superficie seca del asfalto. Esta observación le hizo pensar que una pequeña esfera a la punta de la pluma podría ayudar a dosificar la tinta. Con esta idea, en 1938 Ladislau Biro patentó en Hungría un prototipo, que no llegó a comercializarse nunca.
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Aquel mismo año, Ladislau acudía en Yugoslavia para realizar un
reportaje.
Utilizaba su prototipo de bolígrafo para escribir las notas,
y un argentino curioso se le acercó. El invento fascinó a aquel hombre,
que no entendía por qué Ladislau no había recibido apoyo para
difundirlo en su país. Inmediatamente, lo invitó a trasladarse a
Argentina, pero Ladislau le respondió tristemente que no era nada fácil
conseguir un visado. Aquello no parecía preocupar aquel buen hombre, el
cual optó por darle su tarjeta: Agustín Pedro Justo, Presidente de
Argentina.
En 1940 Ladislau, su hermano y su socio Meyne, emigraron a Argentina.
Allá crearon la compañía Biro Meyne Biro y lanzaron al mercado su
invento con el nombre de Birome (acrónimo formado por las sílabas
iniciales de Biro y Meyne).
Todavía así lo denominan en Argentina, en
Paraguay y en Uruguay. Al principio, los tenderos pensaron que un
instrumento tan barato no podía ser considerado como una herramienta de
trabajo, y lo empezaron a vender como un juguete para los niños.
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Con
ironía, en su última entrevista antes de morir, Biro afirmó: “Mi
«juguete» ha dejado 36 millones de dólares al tesoro argentino, dinero
que el país ha ganado vendiendo productos no de la tierra, sino del
cerebro”.
En 1943, Biro vendió su invento al norteamericano Eversharp Faber por
la entonces extraordinaria suma de 2 millones de dólares. Y en 1951, a
Marcel Bich, de Francia. Este último desarrolló un bolígrafo de bajo
coste bajo la marca de BIC, que contribuyó enormemente a popularizar
este invento.
En 1945 la Fuerza Aérea de los Estados Unidos hacía un pedido de 20.000 bolígrafos a Biro.
En Argentina, el 29 de septiembre, día del nacimiento de Biro, se celebra el Día del Inventor.
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