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Asteroides. La amenaza llega desde el espacio Imprimir E-Mail
escrito por Héctor Ruiz   
lunes, 03 de marzo de 2008

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Cada año caen sobre la Tierra decenas de miles de meteoritos. La mayoría de ellos son muy pequeños, del tamaño de una piedra, y acaban desintegrándose en la atmósfera. Pero de vez en cuando se puede producir un impacto con un asteroide de dimensiones más preocupantes, incluso de algunos kilómetros de longitud. Cuando esto sucede se producen grandes explosiones que dejan cráteres enormes. El ejemplo más famoso, el que contribuyó a la desaparición de los dinosaurios hace 65 millones de años. Actualmente, sin embargo, no estamos fuera de peligro. Precisamente, se ha detectado un gran asteroide que se nos acerca...

¿Asteroides o meteoritos? ¿Cuál es la diferencia?

Los asteroides son cuerpos rocosos que vagan por el espacio, en general, orbitando alrededor de alguna estrella o planeta. Son demasiado pequeños como para tener la forma esférica característica de los planetas, que es debida a la propia fuerza de la gravedad. Los más grandes miden unos 900 km de diámetro y los más pequeños no llegan ni al tamaño de una piedra (estos últimos reciben el nombre de meteoroides).

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En la izquierda, el Asteroide Ida (c) NASA-JPL. En la derecha, el Meteorito Gibeon (fragmento de 4,5 kg y 19 cm de anchura) (c) H, Raab.  

Cuando los asteroides (sobre todo los pequeños, los meteoroides) se cruzan con la órbita de un planeta pueden impactar con él. Seguro que has visto alguno entrando en la Tierra: cuando se adentran en la atmósfera a gran velocidad, la fricción con el aire provoca que se calienten y entren en ignición, dejando un rastro brillante y efímero en el cielo nocturno: son las estrellas fugaces. Normalmente, la fricción con la atmósfera hace que se desintegren completamente antes de que puedan llegar al suelo; pero si una parte consigue llegar, entonces este fragmento rocoso recibe el nombre de meteorito.

Lo que denominamos estrellas fugaces son en realidad meteoroides que se adentran en nuestra atmósfera y se queman. Si una parte de ellos consigue llegar al suelo tierra, recibe el nombre de meteorito.

¿Dónde se encuentran los asteroides?

Entre Marte y Júpiter existe un cinturón lleno de asteroides que orbitan alrededor del Sol. Allí se sitúan la mayor parte de los asteroides del Sistema Solar. Hay millones de ellos, muchos miden más de 1 km de diámetro; pero si sumamos las masas de todos ellos no se llega al 6% de la masa de la Luna. Su órbita es estable alrededor del Sol, pero algunos son desviados y se cruzan con las trayectorias de los planetas. Se dice que este cinturón de asteroides es el resultado de la imponente fuerza gravitatoria de Júpiter, que no permitió que estos fragmentos de roca se aglomeraran durante las primeras etapas del Sistema Solar para formar otro planeta. Aparte del cinturón, también encontramos asteroides orbitando alrededor de algún planeta. A estos los denominamos asteroides troyanos. Júpiter es el planeta que más tiene, porque su fuerza gravitatoria es enorme. También existen los asteroides centauros, que orbitan alrededor del Sol pero más allá del cinturón, entre los planetas gigantes.

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(c) NASA-JPL.

Finalmente, son especialmente interesantes para nosotros los asteroides NEO (asteroides próximos a la Tierra). Sus órbitas interceptan la órbita de nuestro planeta, por lo que son vigilados desde muy de cerca...

Cicatrices planetarias

Cuando un asteroide impacta con un planeta, dependiendo de sus dimensiones, composición y trayectoria, provocará una explosión más o menos grande que dejará un cráter como testigo. Un objeto de unas pocas decenas de metros de diámetro puede provocar una explosión mucho mayor que la de una bomba atómica.

Actualmente caen en la Tierra decenas de miles de meteoritos cada año. Pero esto no es un hecho extraordinario. Al poco de formarse el Sistema Solar, los impactos con asteroides relativamente grandes y pequeños eran mucho más frecuentes en la Tierra y en los otros planetas.

¡El bombardeo era intenso y continuo! Los cráteres de la superficie de la Luna son testigos. 

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© D. Roddy (U.S. Geological Survey), Lunar and Planetary Institute. El cráter Barringer, en Arizona (EEUU), mide 1.200m de diámetro y fue provocado por la caída de un meteorito bastante grande hace 50.000 años. Es de los pocos cráteres provocados por meteoritos que quedan en la Tierra, porque la erosión se encarga de borrarlos. En la Luna, en cambio, donde no hay erosión, podemos verlos. 

¿Pero por qué no encontramos cráteres de aquella época en la superficie de nuestro planeta? ¿Por qué la Tierra no presenta el aspecto de un queso de Gruyère como la Luna? Sencillo: en la Tierra se produce un fenómeno que en nuestro satélite es casi inexistente, la erosión. Éste es un proceso de desgaste provocado por el aire, el agua y los seres vivos, capaz de borrar todas las “heridas” geológicas de la superficie terrestre. Para que te hagas una idea, la erosión puede convertir los Pirineos en una llanura en unos centenares de millones de años.

Impactos con la Tierra

En las primeras etapas de la Tierra, la lluvia de asteroides fue muy intensa. Por suerte, la frecuencia de las colisiones se redujo y esto permitió la aparición de la vida. Se calcula que el último gran impacto, capaz de hacer hervir y evaporar el agua de los océanos se produjo hace unos 4.000 millones de años. Por tanto, hace unos 4.000 millones de años que el agua se ha mantenido en estado líquido, condición necesaria para la aparición y mantenimiento de la vida tal y como hoy la conocemos.

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Los impactos, sin embargo, se siguieron produciendo. El más famoso, evidentemente, fue el que contribuyó a la extinción de los dinosaurios, que cayó cerca del actual México hace 65 millones de años. La explosión producida fue más potente que decenas de bombas termonucleares juntas y levantó enormes cantidades de polvo y vapor que oscurecieron la atmósfera durante muchos años.

Aún así, este impacto no fue ni mucho menos el último. Asteroides más pequeños han seguido cayendo con cierta continuidad y los astrónomos vigilan con cautela el cielo y calculan las trayectorias de los objetos más próximos. De hecho, se ha detectado un asteroide considerablemente grande que se acerca peligrosamente: el 2029 lo tendremos justo encima... ¡Y no es ciencia-ficción!

El misterioso caso de Tunguska

El 30 de junio de 1908, a las 7.17 de la mañana, una gran explosión iluminó el cielo de Tunguska, una región de la estepa siberiana (Rusia). Incendió y tumbó árboles en una área de más de 2.000 km2, rompió vidrios y tiró personas y caballos al suelo que se encontraban a 400 km de distancia, e incluso obligó al conductor del ferrocarril transiberiano a pararse, por miedo a descarrilar. 

La energía liberada fue equivalente a unas 10 o 15 megatoneladas (la bomba de Hiroshima era de 0,015 megatoneladas).

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Imagen del destrozo provocado por la explosión de un meteorito en la región de Tunguska. Commons Wikimedia.

Sin embargo, misteriosamente, no había rastro de ningún cráter. La explicación más aceptada actualmente por la comunidad científica es que la explosión se produjo antes de llegar al suelo, a unos 8 kilómetros sobre la superficie. Se trataría de un meteorito de unos 80 metros de diámetro, rico en hielo, probablemente el fragmento de un cometa. Desde entonces, otros casos similares han sido descritos. 

Un asteroide viene directo hacia la Tierra

Actualmente hay 4.000 objetos que vagan por el espacio catalogados como NEO, es decir, Near Earth Objects u objetos próximos a la Tierra. Cuando uno de estos cuerpos se acerca a menos de 0,05 unidades astronómicas (7 millones y medio de kilómetros) entonces se clasifica como PHA, siglas que traducidas del inglés indican asteroide potencialmente peligroso. Y ciertamente lo son, de peligrosos. Si uno de estos llegara a chocar con la Tierra, las consecuencias para nuestra civilización podrían ser trágicas. Actualmente, no son menos de 800 los objetos registrados bajo esta categoría, y hay uno que resulta especialmente preocupante. Su nombre: Apophis.  

Según los cálculos realizados por los astrónomos, Apophis es un asteroide de grandes dimensiones que llegará a la Tierra hacia el año 2029 y, aunque no chocará de pleno, pasará tan cerca que producirá grandes desastres. La alarma es tal que ya se han puesto en marcha una serie de proyectos con el fin de desviarlo. Uno de los proyectos presentados corre a cargo de un equipo de investigadores españoles: el Quijote.

En realidad, calcular con precisión la trayectoria de un asteroide es todavía algo muy difícil de conseguir. Los científicos creen que probablemente Apophis no represente ningún riesgo real, pero a sabiendas de que cada 40.000 años se produce un impacto con un asteroide de proporciones notables, no está de más empezar a prepararse en caso de que sea necesario hacer frente a una amenaza parecida.  

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Ilustración de un asteroide de grandes dimensiones impactando en la Tierra.  

Se dice que la Luna se formó cuando un gran asteroide chocó contra la Tierra y le arrancó un trozo, que quedó orbitando a su alrededor.  

¿Asteroides o planetas?

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(c) NASA-JPL-Caltech. 

Existen otros cuerpos rocosos que no son lo suficiente grandes para considerarse planetas, ni lo suficiente pequeños para etiquetarlos como asteroides. El más famoso, por el hecho de que hasta ahora se considerase como un planeta más (aún cuando es más pequeño que nuestra Luna), es Plutón, situado en las afueras del Sistema Solar. Para solucionar esta disyuntiva, los astrónomos crearon un nuevo estatus: el de planeta enano. Desde agosto de 2006 Plutón pasó a ser considerado un planeta enano, junto con Ceras y Eris, que por su parte eran considerados previamente asteroides.

La gravedad de los planetas enanos no afecta demasiado a los cuerpos más pequeños que se encuentran en sus cercanías. No son lo suficiente grandes como para “barrer”, mediante la atracción gravitatoria, los objetos que cruzan sus órbitas, como lo hacen los planetas clásicos.

¿La vida llegó montada en meteoritos?

¿Es posible que todos nosotros seamos extraterrestres? La panspermia es una teoría científica que sostiene que la vida podría haber aparecido en la Tierra transportada en meteoritos. Aún cuando esta teoría tiene muy pocos seguidores, su viabilidad ha recibido una confirmación gracias a un experimento en el cual ha participado Jacek Wierzchos, químico de la Universitat de Lleida. 

Una muestra de líquenes y microorganismos se ha lanzado al espacio en la nave Photon M3, que despegó en septiembre pasado desde Baikonur (Kazajstán). Tras dos semanas en el espacio, muchos de los organismos han regresado a la Tierra vivos y en buenas condiciones. “Si hay organismos capaces de sobrevivir un viaje espacial, no se puede excluir que la vida haya llegado a la Tierra desde el espacio”, explica Wierzchos, que ha ideado y realizado el experimento junto con Carmen Ascaso y Asunción de los Ríos, del Instituto de Recursos Naturales (IRN-CSIC, Madrid), Leopoldo García Sancho, de la Universidad Complutense de Madrid, y Rosa de la Torre, del Instituto Nacional de Técnicas Aeroespaciales (INTA).  

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(c) ESA - S. Corvaja 2007. Imagen de los 43 aparatos científicos y tecnológicos que contiene la cápsula Photon M3.

Quizás la vida no llegó como tal viajando en el interior de meteoritos; pero lo que es cierto es que una gran cantidad de materia orgánica (el tipo de materia que compone los seres vivos) ha llegado y continúa llegando en el interior de meteoritos desde que se formó la Tierra.

 
 
 
 
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