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Ésta es
una versión reducida y libre de la novela Drácula
de Bram Stoker.
Drácula se transforma. Ha sido un personaje histórico, una superstición, una pesadilla y una inspiración. Bram Stoker lo convirtió en un personaje literario que popularizó la leyenda. Muchos de vosotros habréis visto la película que Francis Ford Coppola hizo basándose en este libro. Olvidadla por unos momentos. El Drácula de Stoker es diferente, la historia de Stoker es diferente. Descubridla en estas líneas, pero hacedlo a la luz del día, ya sabéis, dicen que, cuando se pone el sol..., Drácula recobra vida.
CASTILLO DEL CONDE DRÁCULA, TRANSILVANIA
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“¡Sea bienvenido a mi casa! ¡Entre al castillo por su propia voluntad!”. El conde Drácula pronuncia estas palabras mientras Jonathan Harker, desde el rellano de la puerta, se mira a aquel hombre viejo, de bigote blanquinoso y túnica negra. El miedo no es nuevo, el joven procurador lo ha sentido durante todo el viajo de ida al castillo del conde Drácula, en Transilvania. La gente que le acompañaba en el carruaje no dejaba de santiguarse y de suplicarle que no acudiera a la cita con el conde. Pero éste era su encargo: encontrarse con su cliente para cerrar una de las ventas más importantes que había hecho hasta el momento, una gran mansión en Londres. El trabajo es fácil: acabar de concretar los detalles, firmar los documentos y de vuelta a casa. ¡Pero nada es fácil en Transilvania!
Al día siguiente y tras arreglar los documentos, el conde le pide que
se quede unos días más en su castillo. ¿Por qué? No hay respuesta.
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| Los días pasan y Jonathan se da cuenta de que algo extraño sucede en aquel horrible lugar: el conde nunca cena con él, sólo se ven por la noche y de día parece que no hay nadie, ningún servicio; algunas de las puertas están cerradas y ya se ha dado cuenta de que en el resto de habitaciones no hay ningún espejo. Las conversaciones con el conde son amenas, sobre Inglaterra y la forma de ser de los ingleses, pero a veces tiene reacciones extrañas, como cuando tiró el espejo por la ventana. Jonathan ya se ha dado cuenta de que este insólito individuo no tiene sombra... Le ha pedido que escriba tres cartas, una dirigida a su jefe y dos más a su querida Mina, su prometida, diciendo que se quedaría una temporada en el castillo del conde en la primera y explicando que volvía a casa en la segunda. |
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“Quiera Dios que conserve mi equilibrio mental, puesto que es lo único que me queda. La seguridad, o la sensación de seguridad, es una cosa que forma parte del pasado” Diario de Jonathan Harker, desde el castillo de Drácula.
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Es por la noche, Jonathan se siente prisionero y ha decidido investigar por el castillo... Decide abandonar sus habitaciones habituales –su cuarto y la biblioteca, básicamente–, baja unas escaleras de caracol, cada vez más llenas de polvo y telarañas, hasta llegar a un cuarto donde tres mujeres increíblemente bellas, pero aterradoramente blancas, empiezan a mirarlo y a acercarse hacia él de forma lasciva.
Sus labios rojos parecen pintados por el mismo Demonio y unos dientes blancos –¡afilados!– atraen la mirada del joven. Se acercan a él, como unas bailarinas contemporáneas que caminan sin tocar el suelo, le piden su sangre..., ¿su sangre? ¡De qué hablan aquellas mujeres! Jonathan reacciona justo cuando el conde entra en la habitación y con voz profunda les dice: “Es para mí, cuando haya acabado, ya os lo daré...”. Y les ofrece un bebé que ellas..., Jonathan huye, sube corriendo la escalera, ¡no puede creer en tales horrores!
Quiere escribir todo lo que ha pasado en su diario. Sabe que puede estar volviéndose loco y quiere dejar constancia. Y huir, tiene que intentar huir...
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WITHBY, UN PUEBLECITO EN LA COSTA NORTE DE INGLATERRA, CASA DE VERANO DE LUCY
Mina Murray seca la frente sudada de su amiga Lucy. Las dos están empapadas, ha tenido que ir a buscarla junto al cementerio, donde había llegado en pleno ataque de somnambulismo. Hace días que está extraña, con grandes fiebres, perdiendo la fuerza, saliendo por la noche de la habitación... Mina está muy preocupada. Cuando consigue calmarla, se pone a leer los periódicos de la semana. Es maestra, le gusta estar al día y ¡todavía no ha tenido tiempo de hacer nada! Todos estos días en casa de su amiga no han sido nada relajados. Está preocupada por ella, pero también por su adorado Jonathan, hace semanas que le escribió una carta muy fría diciéndole que todavía se quedaría un tiempo en Transilvania, pero, ¿por qué no vuelve? Los periódicos quizás la distraerán, hablan de un barco que ha llegado misteriosamente al puerto de Withby... Mina aparta la mirada, no se puede creer lo que lee: ¡el capitán estaba atado al timón y muerto! Los expertos todavía se preguntan cómo pudo llegar el barco a puerto, en medio de un temporal enfurecido y cubierto de niebla. Se ve que el barco transportaba unas enormes cajas llenas de arena y que toda la tripulación ha desaparecido..., no, esto no le ha tranquilizado.
Han pasado algunos días desde aquella horrible noche y parece ser que Lucy se encuentra mejor. Mina también se siente dichosa, ha recibido la carta de una monja de Budapest diciendo que Jonathan está con ellas. No sabe cómo ha llegado hasta allí y dice que se está recuperando de unas extrañas fiebres, pero que está bien. Mina no se lo piensa ni un minuto, coge las maletas y emprende su viaje hacia Budapest.
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HILLINGHAM, BARRIO DE LONDRES, HOGAR DE LUCY EN LA CIUDAD
Empeora. Ahora que se había decidido entre sus tres pretendientes –el doctor Seward, el vaquero Quency Morris y el elegante Arthur Holmwood–, ahora que se había casado con Arthur, ¡su escogido! Ahora que él se había tenido que ir porque su padre se estaba muriendo..., ahora ella empeora. Lucy está cada vez más débil y su querido amigo, el doctor Seward, no sabe qué hacer. Ha decidido llamar a su maestro, el profesor Van Helsing, para que le ayude a encontrar una cura para Lucy. Desde Holanda, Van Helsing ha venido respondiendo al aviso de su alumno y amigo. Pero sus métodos, cada vez más anómalos, todavía no funcionan. Flores de ajos por toda la habitación y una vigilancia estricta de la pobre Lucy no sirven de nada. Continúa teniendo las dos marcas redondas en su cuello y cada vez está más débil. De nada ha servido la transfusión de sangre del doctor Seward y después del amigo Quency, que vino por la preocupación de su marido. Después, el mismo Van Helsing ofreció su sangre, ya vieja, para la transfusión. Más tarde, el enamorado Arthur ha llegado desconsolado al llamamiento..., pero todo ha sido inútil.
A pesar de todo, esta noche parece calmada. La madre de Lucy ha insistido en dormir con ella puesto que Arthur ha tenido que marchar por la muerte de su padre y todo el mundo necesitaba descansar. Pero todo es aparente, no hay calma. La madre de Lucy ha retirado las flores de ajo desde la ignorancia, ¡pobre mujer! No hay nada a hacer, los ojos rojos ya no esperan más, baten la puerta, la madre de Lucy muere en el acto de un pánico inexplicable y Lucy se deja llevar por aquella fuerza, que la chupa...; cuando Van Helsing y el doctor Seward llegan a la habitación ya es demasiado tarde. Encuentran un cadáver y lo que queda de la dulce Lucy, que en breve morirá.
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***Tras el entierro, Quency se lleva a Arthur a descansar a su casa de campo. Pero Van Helsing y el doctor Seward no descansan. ¿Qué ha pasado? ¿Por qué el cadáver de Lucy lucía una belleza más extraordinaria incluso de la que ya tenía en vida? La respuesta de Van Helsing es terrorífica, el doctor Seward no se lo puede creer: Lucy es una no-muerta, ha pasado a formar parte de un mundo eterno de oscuridad y no descansará hasta que le claven una estaca en el corazón y le corten la cabeza. ¡Pero cómo puede decir eso Van Helsing! Su querida Lucy..., pero las pruebas lo convencen. Aquella misma noche, Van Helsing le acompaña al cementerio: en la oscuridad, el doctor Seward puede ver con sus propios ojos cómo una figura blanca se acerca al mausoleo con un niño en brazos, Van Helsing se acerca a ella con un pan sagrado y ésta suelta el niño, los mira con rabia..., y sí, ¡es Lucy! Es ella y no es ella, es su cuerpo, su cara, pero aquel rostro, aquella expresión de odio y perversión..., no, ¡aquella no es Lucy! Qué verdad más dura. Pero hace falta convencer a Arthur para que participe. Hace falta que él también entienda qué está pasando y por qué Lucy no puede descansar en paz. Hace falta que tanto él como Quency les ayuden después, porque todo no acabará con Lucy. La operación se repite: ante el terror de Arthur, Van Helsing le muestra en el cementerio cómo Lucy aparece con un niño, cómo se le transforma el rostro al ver el pan sagrado y cómo se cuela por la grieta de la puerta del mausoleo, como un fantasma. Frente el horror y con el corazón más destrozado que cuando la vio
morir, Arthur se convence. Esperan a que se haga de día y entran al
mausoleo. |
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“Arthur cogió la estaca y el martillo y, ya decidido firmemente a obedecer, sus manos no temblaron en absoluto. Van Helsing, Quency y yo, nos lo mirábamos aterrorizados” Diario del doctor Seward.
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Ha llegado el momento de ser más valientes que nunca, de hacerle el último gran favor a la preciosa Lucy: Arthur sigue las instrucciones de Val Hensing, coge la estaca y con todo su amor por Lucy, con todo su odio por aquella forma espantosa que ahora ocupa su alma, se la clava en medio del corazón. La escena es terrorífica, el cuerpo de Lucy se remueve en la tumba..., antes de cortarle la cabeza, cuando la chica parece haber recuperado sus facciones dulces, Van Helsing deja que Arthur la bese en los labios. Último adiós. Acaban el trabajo poniéndole ajos en la boca y salen abatidos.
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EXETER, UN PUEBLO EN LA COSTA SUR DE INGLATERRA, HOGAR DE LOS HARKER
Todavía le da vueltas la cabeza. ¡Han sido tantas emociones en tan poco tiempo! La llegada a Budapest, la enfermedad de Jonathan, que continúa teniendo pesadillas horrorosas, después la boda –¡sí, ahora ya es Mina Harker!–, la llegada a Exeter, la emoción de la nueva casa..., ¡y ahora Lucy está muerta! ¡La dulce Lucy! Van Helsing ha venido a visitarlos esta mañana, se lo ha explicado todo. ¡Cuántos horrores ha pasado la pobre Lucy! Cuando el profesor ha acabado el relato, Mina se ha dado cuenta de la valentía de aquellos cuatro hombres y de la horrible pesadilla que también ha debido pasar Jonathan. Por eso ahora Van Helsing está aquí, por el diario de su marido. Mina había pactado con Jonathan que no leería aquel diario si ella no lo encontraba necesario. Pero ahora era el momento. Mina lo ha taquigrafiado todo para que Van Helsing lo pudiera leer bien. Para Jonathan, oír al profesor diciéndole que todo lo que había vivido en el castillo era real, ha sido un desahogo. Le angustiaba más su propia locura que lo que vivió. Ahora sabe que todo aquello que vio, desgraciadamente, era real y no fruto de su imaginación. Deben hacer los preparativos, irán a Londres para reunirse con aquellos valientes hombres, con el doctor Seward, con Quency y Arthur, con el mismo Van Helsing, para parar este monstruo. Sea cómo sea.
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MANICOMIO DEL DOCTOR SEWARD, PURFLEET, A LAS AFUERAS DE LONDRES
El nombre del barco es Zarina Catalina. Ha costado mucho conseguir saber este nombre y ahora el tiempo es más importante que nunca. La desgracia ha caído sobre Mina, ella que tanto ha ayudado el grupo, que ha taquigrafiado los diarios del doctor Seward y su propio diario para ponerlo todo en común, para hacer una cronología de todo lo que hasta ahora ha pasado en lo referente al conde. Ha sido gracias a ella que han podido saber que Drácula había venido en aquel barco que se había estrellado contra el puerto, con el capitán muerto atado al timón. Gracias a ella han podido perseguir las cajas por territorio inglés, santificando toda la tierra que había traído el conde para que se quede sin ningún refugio donde esconderse durante el día; ella los ha ayudado a descubrir que al lado del manicomio donde ahora se encuentran hay una de las casas de Drácula, ¡Carfax!
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“Me alegro de que Mina Harker haya copiado mi diario a máquina. Sin él, nunca hubiéramos podido comparar las fechas de todo lo relacionado con el conde” Diario del doctor Seward.
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| Y ahora es ella la que tiene una marca roja en la frente, porque hace
días que empezó a encontrarse mal, hace días que perdió el hambre y
hace días que, por la noche, el conde transformado en aquel joven de
facciones duras, alto y delgado, entró a su habitación y le chupó la
sangre. Fue aquella noche que todos entraron corriendo en su habitación
y Van Helsing intentó ponerle pan sagrado en la frente, y su piel se
quemó como si le hubieran puesto hierro al rojo vivo. Pero todavía no
está todo perdido, saben que la última caja del conde, su último
refugio, ha sido embarcada en el barco Zarina Catalina, porque Mina se
ha dejado hipnotizar y se lo ha indicado. Sí, ahora ella está conectada
con el conde y siente y ve lo mismo que él cuando llega la noche. Por
eso les pide que, del mismo modo que ella se ha ofrecido a tan terrible
experiencia, sean ellos los que ahora juren que, si llega el momento,
le darán la paz que también supieron dar a Lucy. ¡Qué horror! Jonathan
se tapa las manos con la cara, su pelo se ha vuelto gris del espanto en
esta noche horrible en la que han decidido seguir el barco del conde
Drácula, acabar para siempre jamás con el horror antes de que sea
demasiado tarde para Mina. ¡Hace falta ir hacia Transilvania! |
AL PIE DEL CASTILLO DEL CONDE DRÁCULA, TRANSILVANIA
El profesor Van Helsing ha rodeado a Mina con un círculo de agua sagrada. Está demasiado cerca del mal, necesita protección. La pasada noche las tres mujeres bellas pero maléficas se han querido acercar a ella, pero el círculo sagrado las ha alejado. Los lobos aúllan mientras Van Helsing y Mina esperan la llegada de los cuatro caballeros. Quency y Jonathan han cogido una lancha para intentar seguir el rastro del barco por uno de los afluentes próximos al castillo, pero su transporte se ha estropeado. Ahora vienen montados a caballo, al igual que Arthur y el doctor Seward por otro camino.
El viaje hasta aquí ha sido largo. Mina ha tenido que dejarse hipnotizar cada noche, unos minutos, para ir explicando lo que sentía, lo que sentía el conde: oleadas contra el barco, ruido de cajas... Cada vez ha tenido menos vida propia, por la noche poseída por las pesadillas y durante el día absorta en una felicidad irreal; sólo unos segundos, al alba, ha podido ser ella misma.
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| Pero ahora está agotada. Van Helsing levanta la cabeza, oye ruido de caballos, los aullidos de los lobos cada vez se oyen con más fuerza. Un grupo de gitanos guía un carruaje que carga la gran caja. Llegan Quency y Jonathan, al cabo de pocos segundos lo hacen Arthur y el doctor Seward, todos saben qué hay dentro la gran caja. Empieza la lucha. Pero no con el conde, Drácula está indefenso, ¡sino con los gitanos! Todavía la luz del sol aguanta el día, pero los minutos fuerzan a los valientes en la batalla, porque en breve llegará la noche y Mina estará perdida. Los gitanos se resisten a dejar el carruaje en manos de unos extranjeros, sacan sus cuchillos, Jonathan se tira sobre uno de ellos, Arthur los rodea por detrás, el doctor Seward consigue tirar al suelo al conductor, Quency defiende a Jonathan de un agresor y éste le clava un cuchillo. Pero Quency no se queja, se levanta, Jonathan tira la caja al suelo con toda la fuerza que ahora libera su coraje, sacan las escopetas y los gitanos, frente a las armas, se rinden. |
En el suelo, el cuerpo del conde está pálido como el de un muerto, pero sus ojos abiertos miran con rabia al sol que ya empieza a esconderse detrás de las negras montañas de Transilvania. Pero Jonathan no se lo piensa, coge el cuchillo y le corta la cabeza, acto seguido Quency hace un salto y le penetra el corazón con el suyo. Y así, en un instante, el conde Drácula se transforma en arena ante los ojos de todos los presentes. Los gitanos huyen aterrorizados, los aullidos de los lobos se apagan y sólo se oyen los pasos alejándose. Quency cae al suelo, herido de muerte y Mina corre hacia a él, ahora ya puede salir del círculo sagrado. Todos rodean el cuerpo moribundo de Quency cuando éste exclama: “¡Vale la pena que yo muera! ¡Mirad todos!”, y señala la frente de Mina, que ahora es blanca como la misma nieve que pisan. Son las últimas palabras de Quency, que todos oyen mientras ven como la marca de la maldición ha desaparecido del rostro de Mina. La pobre Mina que, con todo lo que ha pasado, mira la arena que ahora queda allí dónde antes había un monstruo y no puede evitar recordar que, justo antes de desaparecer, la cara del conde Drácula parecía el rostro de alguien que ha recuperado la paz.
Una historia fragmentada
Bram Stoker escribió Drácula en 1897. La novela se mueve entre el género de terror y la trama policíaca en un relato construido a partir de los diarios de algunos de sus personajes, así como también de las cartas que se envían entre ellos. Drácula es un libro extraordinario donde el narrador va cambiando en función de quien firma el diario. ¡Leerlo es toda una experiencia!
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