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Cuando nos hablan de la evolución de los seres vivos pensamos en un proceso lento y gradual que sólo se hace patente a lo largo de millones de años. Y aunque la evolución biológica es un hecho demostrado, algunos todavía insisten en dotarla de carácter hipotético argumentando que no podemos ver en directo cómo las especies evolucionan. Nada más lejos de la realidad. Son muchos los casos documentados de primera mano sobre fenómenos evolutivos observados en periodos inferiores a la vida de un investigador. Los organismos con ciclos de vida cortos, que en el tiempo que dura una vida humana han producido miles de generaciones, son los protagonistas de estas historias naturales de la evolución.
Grillos que enmudecen
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© Marie Read, Universidad de Toronto. Fotomontaje cabecera artículo: mferraro / tuareq (sxc)
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En la isla Kauai del archipiélago hawaiano vive una única especie de grillo que llegó desde las costas del oeste del Pacífico. Como todos los grillos, los machos cantan por la noche para atraer a las hembras y aparearse. Pero hace unos años, un nuevo inquilino llegó a la isla y ahora amenaza con hacer desaparecer a los grillos. Se trata de una mosca (Ormia ochracea) que pone sus huevos sobre el cuerpo de los grillos, de manera que cuando las larvas emergen, utilizan el grillo como alimento, y lo matan. Como los grillos macho cantan, estos son detectados fácilmente por las moscas en la oscuridad, y por eso la mayor parte de grillos infestados son machos.
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Un grupo de investigación se dio cuenta de que a medida que pasaban los años, los estragos producidos por la mosca se manifestaban con noches cada vez más silenciosas. Las moscas estaban llevando los grillos a la extinción. No obstante, sorprendentemente, el equipo de investigación observó que cuando realizaban capturas de grillos para sus estudios, no parecía en absoluto que el número de éstos hubiera disminuido. ¿Qué había ocurrido? Los grillos habían enmudecido.
Existe una mutación que hace que los grillos no puedan cantar. En condiciones normales, estos grillos no se podrían reproducir con mucho éxito, porque no atraerían a las hembras. Pero en la situación que se da en Hawai, este "defecto" es una ventaja porque evita ser localizado por la mosca asesina. Así, los grillos que no cantan habían empezado a hacerse abundantes en detrimento de sus antecesores cantarines. Es un ejemplo de selección natural muy rápida. A pesar de eso, resulta que estos grillos, con el fin de encontrar hembras, dependen de sus compañeros que sí pueden cantar (las interceptan cuando éstas acuden al canto de un grillo normal). Por lo tanto, si la mosca acaba con todos los grillos cantarines, probablemente desaparezcan todos -mudos y no mudos- y la mosca con ellos. La selección natural no actúa con vistas de futuro, sólo selecciona aquellos caracteres que en un momento dado son ventajosos para reproducirse. Y a veces mete a las especies en estos callejones sin salida hacia la extinción.
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Resistencia a los antibióticos
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Otro ejemplo de evolución en acción que nos toca a todos de muy cerca es la resistencia a los antibióticos que muchos microorganismos están desarrollando. Si utilizamos los antibióticos inadecuadamente, por ejemplo, si no cumplimos el tratamiento hasta el final y no acabamos de eliminar los microbios que nos producen una enfermedad, podemos darles la oportunidad de evolucionar y hacerse resistentes. A menudo dejamos los tratamientos antes de lo prescrito porque nos encontramos bien.
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Pero en nuestro cuerpo todavía quedan microbios y éstos vuelven a tener la oportunidad de reproducirse. Puesto que los microbios que todavía sobreviven son los que mejor han soportado el ataque del antibiótico, porque poseen caracteres que los hacen más resistentes, sus descendientes los heredarán y estarán mejor preparados para superar futuros tratamientos con el mismo antibiótico. En poco tiempo, los microbios habrán evolucionado y, a diferencia de sus antecesores, serán invulnerables delante de estos medicamentos. Eso representa un gravísimo problema dado que la búsqueda de nuevos antibióticos es muy lenta, y mientras se realiza, nos encontramos absolutamente indefensos ante muchas infecciones que hasta hace poco eran fácilmente curables.
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Escapar a los insecticidas
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Piojo transmisor del tifus (Pediculus humanus). © Vincent Smith.
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No sólo las bacterias son capaces de desarrollar resistencia delante de las armas que inventamos para mantenerlas a raya. Organismos mucho mayores que ellas también lo hacen. Es el caso de la evolución de la resistencia en los insecticidas. Cuando se empezó a utilizar el D.D.T. (dicloro-difenil-tricloroetano), el éxito fue total. Era un insecticida infalible. En el transcurso de los años, sin embargo, su eficacia fue disminuyendo progresivamente. Después de haber combatido el piojo transmisor del tifus en Nápoles en 1944, y en Japón y en Corea el 1945 y 1946, respectivamente, no se pudo controlar una epidemia de tifus en España en 1948. En el año 1957 el piojo ya se había hecho resistente al D.D.T. prácticamente por todas partes.
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El mosquito Anopheles.© James D. Gathany (CDCP).
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De forma comparable, el mosquito Anopheles, transmisor de la malaria, ha adquirido una resistencia en muchos países. En 1960 había descritas 28 especies resistentes en comparación de las 5 descritas en 1956. Otro ejemplo son las moscas responsables de muchas disenterías. En 1950 estas moscas desaparecieron completamente de un pueblo egipcio tratado con insecticidas, en el cual, y de manera correspondiente, la mortalidad infantil disminuyó un 50%. Pero el año siguiente las moscas se volvieron resistentes y la mortalidad infantil alcanzó otra vez su valor inicial.
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Defenderse contra un nuevo depredador
En las costas atlánticas de Norteamerica vivían unos mejillones azules (Mytilus edulis) acostumbrados a hacer frente a uno de sus depredadores habituales: el cangrejo verde. La presencia de estos cangrejos en sus aguas era detectada por los mejillones (a través de las sustancias que estos cangrejos liberan) y eso hacía que los mejillones incrementaran el grueso de sus conchas, con el fin de evitar que este cangrejo las rompiera y se los zampara. Hace 15 años, sin embargo, otra especie de cangrejo llegó de Asia (alguien la debió traer voluntaria o involuntariamente). Los mejillones no eran capaces de detectar su presencia y estos cangrejos podían depredarlos con relativa facilidad. Actualmente, después de sólo 15 años, los mejillones han evolucionado siendo capaces de activar sus defensas frente a éste nueve depredador. Ahora son capaces de detectar las sustancias que la especie asiática libera al agua. Otro ejemplo de evolución en acción.
Fotomontaje. © Hans Hillewaert y Darkone.
Las invasiones de un organismo, como este cangrejo asiático, son a menudo causa de evolución, tanto del invasor como de los invadidos. Al fin y al cabo, implican un cambio en el ambiente de ambos bandos. Estas invasiones son un hecho normal en la historia natural. El problema se da cuando suceden demasiado frecuentemente, como ocurre actualmente debido a la acción humana. Los humanos estamos llevando gran cantidad de organismos invasores a los diversos ecosistemas del planeta. Estas invasiones son a veces causa de evolución. Pero muchas otras veces, son causa de extinciones. |