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Mediante rayos X se ha podido comprobar que diversas manos intervinieron en algunos cuadros de Leonardo y que Rafael cambió muchas veces la posición de los personajes en sus cuadros. Estos y muchos otros resultados revelan cómo la ciencia puede desenmascarar los secretos del pasado. Por ejemplo, el año pasado un equipo de físicos excluyó que Napoleón hubiera muerto envenenado, después de estudiar la concentración de arsénico en su pelo con un reactor nuclear experimental. Otro grupo utilizó también técnicas de física avanzada para fechar una de las túnicas de San Francisco de Asís y excluyó que pudiera haber pertenecido al santo.
Ahora un equipo de la Universidad Autónoma de Barcelona y de la Universidad de Granada, bajo la dirección de la historiadora Mariona Ibars, han descubierto mediante técnicas de DNA que los restos conservados en el Real Monasterio de Poblet y atribuidos al Príncipe de Viana, no son en realidad los del noble.
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El Príncipe de Viana. Imagen cabecera: "El Príncipe de Viana" de José Moreno Carbonero (1858-1942). © Wikimedia.org
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Carlos de Aragón, príncipe de Viana e hijo primogénito de Juan II y de Blanca I de Navarra, tendría que haber heredado en 1441 la corona de su madre recién fallecida, si su padre Juan II no la hubiera usurpado. En 1462, el príncipe murió, según algunos por una enfermedad pulmonar, según otros envenenado por su madrastra. Después de su muerte, se desencadenó la Guerra Civil Catalana, que enfrentaba a Juan II con la Diputación del General de Cataluña, el cual defendía los derechos de Carlos de Viana. Después de su muerte, se difundió la leyenda de que el cuerpo del príncipe hacía milagros e incluso uno de sus brazos se convirtió en una reliquia. En 1935, el cuerpo, que estaba custodiado en Tarragona, fue trasladado al Monasterio de Poblet. Los investigadores han realizado un estudio genético de la momia y lo han comparado con el de los restos atribuidos a la reina Blanca I de Navarra (conservados en Segovia), madre del príncipe, y con los de familiares de origen indudable, como la zarina Alexandra de Rusia, el Duque de Edimburgo y Juana de Habsburgo (en la capilla de los Médicis). El estudio concluye, de manera inesperada, que ni los restos de Poblet corresponden al príncipe ni los de Segovia corresponden a la reina.
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En primer lugar, los investigadores han llevado a cabo un estudio antropológico de la momia, descubriendo que, de hecho, se trata de los restos de tres individuos diferentes que consisten en un fragmento de la columna y dos segmentos corporales momificados. El análisis ha demostrado que los restos fueron manipulados para reconstruir un cuerpo a partir de fragmentos de otros, ya que se observan marcas de cortes de sierra en la columna del segmento inferior. El segmento superior, que conserva la cabeza con la cara destrozada, el tronco y un brazo, perteneció a un hombre de media edad.
Con el fin de poder atribuir con garantías cada uno de los tres fragmentos al Príncipe de Viana, se ha llevado a cabo a continuación una identificación a partir de un estudio genético. Para tal fin, ha sido necesario obtener DNA de los diferentes segmentos momificados y compararlos con los de cuerpos que, sin lugar a dudas, corresponden a familiares del Príncipe, identificados mediante un estudio genealógico. Sorprendentemente, el análisis genético ha confirmado que el supuesto cadáver del Príncipe no es tal, como tampoco lo es el supuesto cadáver de la reina.
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