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La cabra enana de las Baleares Imprimir E-Mail
escrito por Michele Catanzaro   
martes, 20 de octubre de 2009

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Unas cabras grandes como chihuahuas corrían por las islas de Mallorca y Menorca cuando los primeros humanos llegaron a ellas, hace unos tres o cuatro mil años. Estos ejemplares de Myotragus balearicus se extinguieron poco después, pero quizás un día podrían renacer en un laboratorio científico. Un grupo de investigadores de Barcelona y Mallorca ha conseguido reconstruir una pequeña parte de su ADN.

Así, la cabra-rata prehistórica se añade a la lista de animales extinguidos de los que se empieza a conocer el patrimonio genético. ¿Se podrían volver a “fabricar” estos animales a partir de su ADN? De momento, imaginar una especie de Parque Jurásico en las islas Baleares es ciencia-ficción. Pero, los científicos aseguran que todos los procesos necesarios para “recrear” un animal son teóricamente posibles: sólo hace falta superar muchas dificultades técnicas.

El Myotragus balearicus se parecía a una cabra, pero encogida: su altura variaba entre los 25 y 50 cm. Su mirada tenía que ser muy humana, ya que tenía ojos frontales. Finalmente, entre otros rasgos sorprendentes, tenía un incisivo inferior como el de un roedor, que crecía constantemente. Este animal no existía en ningún otro lugar a parte de Menorca y Mallorca. Sus progenitores llegaron hace más de cinco millones de años. Al vivir en una isla, un ambiente casi cerrado a todo tipo de influencia externa, esta especie fue evolucionando hasta desarrollar caracteres únicos.

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Esqueleto de Myotragus balearicus.

 

Los efectos del aislamiento insular

Éste es un fenómeno típico de la evolución y se llama insularismo. Todos los animales tienen mutaciones casuales de generación en generación y, según el ambiente en el que se encuentren, algunas de estas mutaciones son especialmente convenientes y hacen que los animales que las sufren tengan más facilidad para sobrevivir y reproducirse. A través de esta selección natural, las especies evolucionan. Dado que el ambiente de las islas es tan particular y diferente del continente, la selección natural suele dar resultados insólitos. Por ejemplo, el Myotragus no es el único animal enano que poblaba las islas del Mediterráneo: se han encontrado restos de elefantes, hipopótamos y ciervos en miniatura. En otros casos, el insularismo favorece la selección de animales gigantes, como por ejemplo las tortugas de las Galápagos.

Entender el cómo y el por qué se desarrollan estas adaptaciones tan excepcionales es uno de los objetivos de los grupos de Carles Lalueza Fox, del Instituto de Biología Evolutiva (CSIC-UPF, Barcelona) i Josep Antoni Alcover, del Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados (IMEDEA-CSIC, Mallorca), que han coordinado el estudio del Myotragus y han publicado sus resultados en la revista Plos ONE. Los investigadores han obtenido el ADN a partir de una tibia de un ejemplar de hace 6.000 años, encontrada en la Cova Estreta, en Pollença (Mallorca). A través de una de las más avanzadas técnicas genéticas han conseguido extraer una gran cantidad de material genético a partir de estos restos.

“Para hacerse una idea de la potencia de esta técnica, basta con pensar que con ella se puede secuenciar en pocas horas todo un genoma humano, una empresa que hace sólo una década requería años de trabajo”, así lo explica Carles Lalueza-Fox. Aparte de descubrir que la tibia pertenecía a un ejemplar macho, los investigadores han podido compararla a la de otros animales y deducir que el Myotragus se puede considerar más cercano a una oveja que a una cabra, en términos evolutivos. Pero la importancia del estudio consiste sobre todo en demostrar que es posible recuperar un ADN antiguo de un animal del Mediterráneo, una zona que por su temperatura y humedad no conserva tan fácilmente los restos prehistóricos como, por ejemplo, el Ártico.

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Reconstrucción de Myotragus balearicus.

 

Clonar animales extinguidos

“Hasta ahora, se habían recuperado porciones más o menos grandes de ADN de oso de las cavernas, de mamut, todos ellos animales conservados en zonas de la Tierra con hielo”. Otras especies “recuperadas” al menos parcialmente son el lobo marsupial, que se extinguió en los años 1930 y del que se conservaron muchos restos, y el hombre de Neandertal, del que hay restos en los Balcanes, entre otros lugares. Estos esfuerzos se han agrupado en un único campo científico, llamado paleogenómica. Tal y como algunos científicos apuntan, se podría pensar en utilizar técnicas de clonación para reconstruir estos animales extinguidos, a partir de los genomas recuperados. 

“La técnica utilizada en el artículo de Plos ONE es lo bastante buena para llevar a cabo estudios sobre la evolución de las especies, pero en ningún caso permite hacer ninguna hipótesis sobre revivirla”, afirma David Bueno Torrents, investigador en genética de la UB no implicado en el estudio. “La razón es muy clara: no se tiene el genoma de esta especie, sino sólo algunos fragmentos de su material genético”, explica.

Sin embargo, el investigador no excluye que, un día lejano, este objetivo se pueda lograr. Se han inventado todas las tecnologías para hacerlo, pero existe un largo rosario de dificultades técnicas. “Primero, en todos los genomas hay regiones difíciles de las que no se consigue producir un mapa fiable”, detalla Bueno. “Asimismo, estos mapas se tienen que convertir en moléculas reales; e incluso sabiendo fabricar un genoma de grandes dimensiones, el problema más difícil sería introducirlo en una célula, obtenida de un animal afín al que se quiere resucitar”. En el caso del Myotragus, se podría utilizar una cabra, por ejemplo. “Si se superasen estas dificultades se obtendría una célula artificial parecida a las que se utilizan en las clonaciones. Ahora, por tanto, llegaría el turno de las dificultades típicas de estos procesos”, continúa Bueno. Para terminar, se tendría que implantar con éxito el embrión en una hembra de una especie parecida a la extinta.

Finalmente, si se llegase a una gestación viable, ¿el animal obtenido sería verdaderamente parecido al original? El ambiente original de la especie es difícil de reproducir: por ejemplo, los mamuts no encontrarían llanuras gélidas por las que corrían. “En cualquier caso, resucitar animales prehistóricos a partir de su ADN permitiría observar detalles del metabolismo y el comportamiento –contesta Bueno- y esto ampliaría enormemente los conocimientos sobre la evolución”.

 
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