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Los incendios en los bosques suelen verse como una desgracia. Pero en realidad el fuego forma parte de la vida natural de un bosque, ya que lo limpia y regenera. El problema es que, en los últimos años, los fuegos se han hecho más intensos, al hacerse menos frecuentes. Lo han revelado dos estudios de la Universidad de Valencia.
El bosque no sirve sólo para hacer picnics y buscar setas. Absorbe la contaminación, proporciona madera y otros productos, mantiene la calidad del agua y da empleo a las personas que trabajan en su limpieza y mantenimiento. Cuando un incendio arrasa un bosque, además de borrar un paisaje, elimina todos estos servicios.
Pero no todo incendio es malo. Desde que hay bosques, hay fuegos. Estos forman parte de la vida natural de las grandes masas vegetales, y contribuyen a limpiarlas y renovarlas. Incluso, se puede decir que una parte de la gran diversidad de plantas de los bosques existe gracias a los incendios. Por ejemplo, árboles como los carrascales y los robles tienen una gran resistencia al fuego, señal de que han evolucionado para convivir con los incendios. La existencia misma del Homo sapiens sería del todo diferente si no hubiera descubierto la generación artificial del fuego.

La naturaleza está adaptada al ritmo natural de los incendios, pero en los últimos tiempos este patrón ha cambiado. Los humanos han expulsado el fuego desde muchos lugares, así que hoy aparece menos a menudo. Pero eso hace que cuando un fuego estalla, sea mucho más intenso que en el pasado. Lo han revelado dos estudios publicados por el investigador Juli G. Pausas, del Centro de Investigaciones sobre Desertificación, CIDE (Universidad de Valencia, CSIC), junto con otros colaboradores, en las revista BioScience y Internacional Journal of Wildland Fire.
El nuevo patrón de los incendios los hace más peligrosos tanto para la biodiversidad, como para la sociedad. Pausas ha podido demostrar que este cambio es de origen humano. Lo ha hecho siguiendo la regeneración de plantas y la pérdida de suelo fértil durante las últimas décadas en la zona occidental del Mediterráneo. De esta manera, ha podido comprobar que la pérdida de suelo fértil, la mengua de los grandes depredadores de los bosques y los cambios de vegetación se producen sobre todo en los bosques más alterados por la mano humana. Este es el caso de las zonas que han sido deforestadas, abancaladas y cultivadas en el pasado, y en las cuales, más recientemente, los cultivos han sido abandonados y reforestados. Las áreas menos alteradas, por el contrario, son también menos sensibles a los incendios.
España es el estado que más bosques crea, sólo por detrás de China y el doble que EUA, según el informe “La situación de los bosques españoles”, elaborado por la Sociedad Española de Ciencias Forestales (SECF). En los últimos 35 años, el crecimiento ha sido del 130%, que corresponde a 17.804 millones de árboles, una media de 284 millones cada año. Aún así, a la luz del estudio de la Universidad de Valencia, ¿es este crecimiento sano? Los investigadores alertan que depende de las nuevas especies que se planten. La repoblación con una elevada densidad de especies muy sensibles a las llamas, como el pino o el eucalipto, también perjudica la regeneración de las masas forestales.

LOS BOSQUES: ¿FUENTE DE ENERGÍA?
¿Para qué dejar que los fuegos se lleven aquello que puede generar energía? Esta es la idea del Centro de la Propiedad Forestal (CPF), que propone utilizar una parte de los bosques para generar biomasa y así producir energía. El CPF es la entidad que reúne todos los propietarios de los bosques de Cataluña. En el pasado, los bosques fueron los principales proveedores de energía, en forma de leña y carbón. El petróleo los sustituyó en esta función, pero el agotamiento de este recurso y el cambio climático podrían devolver el primate a los bosques. Los bosques contienen una gran cantidad de material de desecho que se acumula naturalmente y que representa carburante disponible para los incendios, convirtiendo los bosques en unas bombas de relojería. El CPF propone usar este material, junto con una parte de la madera, para extraer biomasa y generar con ella energía.
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