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El mecanismo de Anticitera. Imprimir E-Mail
escrito por Daniel Roig   
miércoles, 01 de junio de 2011

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¿Un ordenador en la antigua Grecia?

Unos pequeños y deteriorados fragmentos de 2.000 años de antigüedad han revolucionado la idea que se tenía sobre el nivel tecnológico alcanzado en la antigua Grecia. Después de pasar años inadvertidos en el almacén de un museo y gracias a más de 50 años de investigaciones, los científicos e historiadores comienzan a desentrañar el misterio que escondían. Los análisis efectuados sobre los restos del artefacto han revelado que se trataba de una calculadora astronómica que se adelantó siglos a su tiempo. Parece una historia sacada de una novela de ciencia ficción, pero es real y trae de cabeza a un equipo internacional de científicos que intentan descubrir cómo es posible que existiera un objeto así hace más de 2.000 años. 

anticitera-1-mapa-esp 

¿POR QUÉ ANTICITERA?

Anticitera es una isla griega cercana a Creta con cuyo nombre fueron bautizados los restos arqueológicos más desconcertantes del siglo XX. Fueron descubiertos en el fondo del mar, entre los tesoros de un barco mercante romano del siglo II antes de Cristo.
Los pequeños fragmentos recuperados estaban muy deteriorados e inicialmente fueron dejados de lado. Difícilmente podían imaginarse los arqueólogos que, de entre decenas de esculturas griegas y valiosas obras de arte, aquellos descompuestos fragmentos metálicos se convertirían en uno de los descubrimientos arqueológicos más revolucionarios del siglo.
Aunque no se conoce con certeza el origen del misterioso objeto, se cree que podría provenir de la antigua ciudad de Siracusa. Dos hechos apoyan esta hipótesis: unas inscripciones descubiertas recientemente en una de las piezas y el hecho de que fuera la ciudad donde nació y vivió Arquímedes. Cabe pensar, pues, que la máquina hubiera sido fruto de la escuela de conocimiento técnico iniciada por este gran filósofo de la ciencia. No obstante, es una suposición muy controvertida y llena de incógnitas no resueltas hasta el momento.

¿UN ARTEFACTO DE
ARQUÍMEDES?

Arquímedes fue asesinado en el año 212 a. C., cuando la ciudad de Siracusa fue saqueada. Tal y como atestigua Cicerón, el general Marcelo, a cargo del saqueo, se llevó como trofeo un artefacto astronómico que pertenecía al filósofo. ¿Podría ser éste el mecanismo de Anticitera? Todo parece indicar que no, pero probablemente la herencia técnica de aquel instrumento hizo posible que apareciera décadas más tarde.

anticitera-2Domenico Fetti, Arquímedes pensativo, 1620

El artefacto presenta inscripciones de carácter geográfico. Curiosamente, una de las localizaciones que se ha conseguido transcribir es «ISPANIA» (Hispania). Se cree que la máquina era capaz de predecir eclipses y si éstos serían visibles desde diferentes lugares del Mediterráneo.

anticitera-3Reproducción en bronce del aspecto que pudo haber tenido la máquina.

anticitera-4

Fragmento recuperado de la misteriosa máquina de Anticitera.

LA MÁQUINA

El aparato consistía en una caja de madera de unos 30 cm de largo, el tamaño aproximado de una guía de teléfonos. En su interior estaba el conjunto de engranajes y piezas de bronce que hacían funcionar la máquina. Se cree que al menos 30 ruedas dentadas diferentes constituían el mecanismo. Parece que el aparato funcionaba por acción manual mediante una manivela situada en uno de los laterales. La caja tenía dos tapas metálicas con inscripciones que contenían información sobre las funciones del mecanismo. Gracias al hecho de que se han podido transcribir y traducir algunas de las palabras, se han podido adivinar ciertas funciones que realizaba la prodigiosa máquina. Entre otras, el mecanismo era capaz de predecir eclipses lunares y solares con décadas de antelación. Se trataba, pues, de una potente calculadora de efemérides astronómicas. En las caras frontal y posterior de la caja, unos diales de tamaños diversos señalaban una posición dentro de unos espirales segmentados que había grabados. De esta manera se podía leer la fecha que se quería calcular. Su aspecto era como el de un reloj muy sofisticado, pero con más manecillas que daban diversas informaciones.

UN PRODIGIO DE LA TÉCNICA

Recientes análisis efectuados sobre las piezas recuperadas han permitido aclarar un poco más cómo era el artefacto. La clave de su funcionamiento era un sistema de engranajes epicicloidales (o planetarios). Este tipo de engranajes consisten en un sistema de ruedas dentadas superpuestas que giran a velocidades diferentes. Actualmente se emplean, por ejemplo, en el sistema de transmisión de movimiento de los coches.

Los científicos se han quedado boquiabiertos al descubrir que la máquina aún era más compleja de lo que pensaban inicialmente.Se cree que la alta complejidad del sistema probablemente respondía a la complicación creciente de los modelos astronómicos de la época. Para corregir las desviaciones observadas, las órbitas de los cuerpos celestes se modelizaban con numerosos movimientos circulares anidados. El resultado era un modelo muy complicado que requería muchos cálculos para hacer cualquier predicción. Todo parece indicar que aquel complicado artefacto permitía hacer predicciones muy precisas ahorrando los cálculos matemáticos. Era una calculadora analógica de efemérides astronómicas.

UN OBJETO FUERA DE LUGAR

Desde su descubrimiento, el mecanismo de Anticitera ha estado rodeado de controversia y misterio. Su existencia demuestra que en la antigua Grecia se alcanzó un nivel técnico muy superior al que se creía hasta ahora. Además de ser el mecanismo de engranajes más antiguo encontrado hasta el momento, su complejidad y la precisión de sus cálculos se creían totalmente imposibles para aquella época. De hecho, no se tiene constancia de la existencia de ningún otro artefacto de sofisticación comparable hasta 1.500 años más tarde.


Lo que más desconcierta a los historiadores es que la literatura de la época no dejara constancia de una tecnología así. Además, parece difícil de creer que un objeto como éste fuera el único que existiera en aquellos días. Sin embargo, es imposible pensar que apareció de repente de la nada. Y resulta sorprendente que aquella tradición técnica se interrumpiera de la noche a la mañana sin dejar rastro.
Éstas y otras incógnitas no se habrían planteado nunca si los restos de la máquina estuvieran aún en el fondo del mar. Tendremos que esperar que futuros hallazgos como éste nos ayuden a aclarar cuán evolucionada estaba realmente la tecnología en la Antigüedad.

 
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