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Todos hemos oído hablar de la teoría de la relatividad y conocemos el nombre de su autor: Albert Einstein. Sin embargo, esta teoría que es una de las más revolucionarias de la historia de la ciencia es a la vez una de las menos comprendidas. Entender sus implicaciones puede ser complicado. Sin embargo, sus principios básicos están al alcance de cualquier curioso. Sólo hay que prestar un poco de atención:
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Imaginemos que pasa un tren por delante de nosotros a 10 km/h, y que una persona que viaja sobre él lanza una pelota hacia adelante a 10 km/h. Para esa persona, la pelota irá a 10 km/h; pero para nosotros, el movimiento del tren y el de la pelota se sumarán, y la pelota viajará a 20 km/h. De igual forma, para el pasajero del tren no será él quien se mueva a 10 km/h, sino nosotros. La velocidad de un objeto, pues, depende del observador, o en otras palabras, es relativa al observador. Cualquier teoría que describa un fenómeno en relación a su observador es una teoría de la relatividad.
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La teoría de la relatividad de Einstein destaca porque afirma que lo
que es válido para un tren y para una pelota, no es válido para la luz:
la luz se propaga siempre a la misma velocidad independientemente del
observador (300.000 km por segundo). Así, la velocidad de la luz es una
constante absoluta universal. Pero si la velocidad de la luz es igual
para todos los observadores, vayan a la velocidad que vayan, debe haber
algo que imaginábamos absoluto que no lo es.
Efectivamente, según Einstein, el tiempo no es igual para todo el mundo, es una variable relativa al observador. De hecho, el tiempo pasa más deprisa o más despacio según la velocidad del observador. Esta es la peculiaridad de la relatividad de Einstein.
Esta afirmación supuso reestructurar toda la física del momento y Einstein así lo hizo en su teoría de la relatividad general, en 1915. El resultado fue una teoría de la gravedad que superaba la de Newton y la corregía para aquellos fenómenos en que intervienen velocidades grandes o una gravedad muy intensa.
El tiempo es relativo
Si sincronizamos dos relojes idénticos y los hacemos recorrer caminos diferentes, a velocidades distintos, cuando se vuelvan a encontrar no indicarán la misma hora. A más velocidad, más lento pasa el tiempo. Pero esto sólo es apreciable a velocidades muy superiores a las que habitualmente viajamos.
Un reloj situado en el ecuador de la Tierra se retrasará respecto a uno colocado sobre uno de los polos.
La gravedad también tiene efectos sobre el tiempo. Si ponemos dos relojes sincronizados a alturas diferentes, el que está a mayor altura, dónde la gravedad es menos intensa, se adelantará.
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| Un reloj en órbita se adelantará respecto a otro que esté sobre la superficie de la Tierra. |
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La paradoja de los gemelos
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Para explicar el efecto de la velocidad sobre el tiempo, se usa esta famosa paradoja.
Si uno de dos gemelos idénticos se hace astronauta y se pasa años viajando en su nave espacial a grandes velocidades, próximas a la de la luz, cuando vuelva a la Tierra su hermano (y todos los de su generación) habrá envejecido notablemente más que él.
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