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Ya a en la antigüedad, babilonios, egipcios, griegos y romanos elaboraban jabón hirviendo grasas animales con cenizas de leña y agua. Se cree que esta práctica fue importada en Europa en el siglo VI aC por los fenicios, pueblo de mercaderes que utilizaba el jabón para lavar los tejidos con los que comerciaba.
No obstante, el uso del jabón para la higiene personal no queda documentado hasta que así lo menciona el famoso médico Galeno en el siglo II dC. Galeno también indica que el uso del jabón tenía un efecto sanador en algunas enfermedades de la piel. Plinio el Viejo, en sus textos de historia (77 dC), escribió que los galos elaboraban jabón con la grasa de las cabras y la ceniza del haya (potasa), y lo utilizaban como tinte y ungüento para los cabellos. Pese a que se piense lo contrario, durante la Edad Media la fabricación y el uso del jabón estaban muy extendidos (especialmente entre las clases acomodadas).
España era el principal productor de jabón en el siglo IX, y más tarde la siguieron Marsella, Génova, Venecia y Savona, gracias a su abundancia de aceite y sosa. Fue a finales de la Edad Media cuando el uso del jabón declina y la gente prefiere ocultar los olores con perfumes en lugar de lavarse. Hasta el siglo XIX no volverá a utilizarse de forma habitual el jabón para la higiene personal.
1) MATERIAL
- Un recipiente de vidrio, metal o barro
- Una cuchara de madera
- Una caja de madera
- ¼ litro de aceite (aproximadamente, un vaso)
- ¼ litro de agua
- 3 cucharaditas de sosa cáustica
ATENCIÓN: ¡La sosa cáustica es muy corrosiva! Tienes que evitar que entre en contacto con tu ropa o tu piel. En el supuesto de que esto suceda, lávate inmediatamente con abundante agua y jabón.
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2) MANOS A LA OBRA
- Pon la sosa cáustica en el recipiente y añade poco a poco agua. ¡Cuidado! ¡No toques en ningún momento la sosa cáustica con la mano porque puedes quemarte la piel! Preparando esta disolución comprobarás que se desprende calor; este tipo de reacciones se llaman exotérmicas.
- Añade el aceite lentamente, removiendo sin parar con la cuchara de madera durante un buen rato. Cuando aparezca una espesa pasta blanquecina (paciencia), habrás conseguido tu objetivo.
- Si por mucho que remuevas el jabón, no consigues que se espese, no lo tires: pasa la mezcla a una cazuela y caliéntala en el fuego de la cocina. Removiendo de nuevo aparecerá por fin el jabón.
- Para que el jabón salga más blanco se le puede añadir un producto blanqueador, como un chorro de añil; para que haga buen olor se le puede añadir alguna esencia (limón) e incluso hierbas aromáticas.
- Pon la pasta obtenida en una caja de madera para que se vaya escurriendo el líquido sobrante. Al cabo de uno o dos días podrás cortarlo en trozos con un cuchillo... ¡Y ya estará listo para usar!
3) ¿QUÉ HA PASADO?
Los aceites están formados por moléculas alargadas llamadas ácidos grasos. Estas moléculas no se mezclan con el agua y por ello se les llama hidrofóbicas (que tienen “miedo" al agua). Al mezclar la sosa cáustica con aceite y agua, la sosa libera cationes de sodio (átomos de sodio con carga positiva, Na+) que se unen al extremo de los ácidos grasos. Así se crea una molécula asimétrica que por una parte repele el agua (hidrofóbica), pero por el otro lado la atrae (hidrofílica). Éstas son las moléculas del jabón.
¿Cómo lava el jabón?
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Cuando ponemos el jabón en contacto con el agua, las moléculas de jabón se disponen formando diminutas esferas llamadas micelas, donde la parte hidrofílica (afín al agua) de las moléculas se coloca en la superficie, y la parte hidrofóbica se esconde hacia dentro. La grasa de las manchas es atraída hacia el interior hidrofóbico de las micelas, y se separa de la superficie de la ropa o la piel. De esta forma se produce una emulsión: una suspensión de moléculas de grasa en el agua. Cuando aclaramos, la emulsión se va con el agua.
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