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“En este planeta sólo seis individuos me separan de cualquier otro individuo, ya sea el presidente de los Estados Unidos o un gondolero de Venecia. Estas seis personas me separan no sólo de los personajes famosos, sino de cualquier persona: un indígena de la selva tropical, un habitante de la Tierra del Fuego, un esquimal. Estoy vinculado a todos los otros seres humanos del mundo por un camino que pasa por seis personas...” (John Guare, dramaturgo inglés)
La experiencia del "aperitivo"
¡Qué pereza hacer un aperitivo con unos desconocidos! Los que ya se conocen se ponen a hablar entre ellos, ignorándome sin escrúpulos. La persona a mi lado calla, mirando hacia otro lado. Lo puedo entender: yo tampoco sé qué decir. Sin embargo, soy una persona sociable e intento entablar una conversación. Le pregunto cómo se llama, qué hace, y... ¡milagro! Al cabo de un rato resulta que tenemos en común mucho más de lo que pensábamos: dicha persona conoce muy bien a mi hermana, o es el mejor amigo de un viejo compañero de escuela, o juega al fútbol con un colega mío del trabajo. Estoy a salvo: ¡ya tendré temas de conversación para un buen rato!
Todos sabemos que experiencias como estas no son raras: ¿cuántas veces hemos exclamado “el mundo es un pañuelo”? Ya sea en una fiesta en Nueva York o tomando un té en Tokyo, si buscamos bien entre los asistentes no será demasiado difícil encontrar a alguien que tenga alguna conexión con nosotros.
Imagen: Davide Guglielmo
El experimento de Stanley Milgram
En 1967, un brillante psicólogo americano, Stanley Milgram, llevó a cabo un experimento que demostraba que la expresión “el mundo es un pañuelo” es algo más que un tópico. Milgram envió más de 150 cartas a ciudadanos de la Zona Central de Estados Unidos, escogidos al azar. Les proponía tratar de hacer llegar una carta a unos voluntarios que vivían en Boston, en concreto, a la mujer de un estudiante de teología y a un agente de bolsa.
Sin embargo, no sabrían ni podrían investigar la dirección de éstos, sino que deberían conseguir hacerles llegar la carta por medio de intermediarios. Es decir, simplemente tenían que enviar las cartas a alguien conocido que pensaran que pudiera ser, por alguna razón, más próximo que ellos a los destinatarios.
Además, por cada carta enviada, se tenía que enviar otra al mismo Milgram, para que el científico pudiera seguir el viaje de las comunicaciones. Uno podría pensar que, en un país de cientos de millones de habitantes como Estados Unidos, muy pocas cartas lograrían llegar a su destino final, o que lo harían tras dar muchísimas vueltas.
Sorprendentemente, al cabo de pocos días los destinatarios de Boston empezaron a recibir las primeras cartas, que habían pasado por un solo intermediario. Cuando el experimento acabó, más de la mitad de las cartas habían llegado: ninguna había pasado por más de doce manos, y, en promedio, los “grados de separación” fueron seis.
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Si escogemos unas cuantas personas al azar en un evento multitudinario cualquiera, es muy probable encontrar rápidamente conexiones entre todas ellas, utilizando únicamente los lazos entre los asistentes.
El Oráculo de Kevin Bacon
| El experimento de Stanley Milgram tuvo una resonancia extraordinaria: parecía ser que todos los seres humanos estábamos mucho más cerca los unos de los otros de lo que pensábamos. Pronto llegaron más confirmaciones. El “Oráculo de Kevin Bacon” (http://www.cs.virginia.edu/oracle/) tiene grandes poderes: si le damos el nombre de cualquier actor de Hollywood, nos dice cuántos grados lo separan de Kevin Bacon, en términos de colaboraciones en las mismas películas. Sorprendentemente, la mayoría de los actores tienen distancia dos, mientras que es casi imposible encontrar alguien a más de ocho grados.
Uno de los matemáticos más reputados de la historia fue el húngaro Paul Erdos. Haber colaborado con él representa un gran honor para un científico. Un investigador que lo haya hecho, tiene un “número de Erdos” igual a uno.
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Kevin Bacon en The Woodsman, New Market Films 2004
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Para un investigador que haya colaborado con otro que haya colaborado con Erdos, éste numero tiene valor 2. Reconstruyendo las colaboraciones, cada científico tiene su número de Erdos. El autor de éste articulo puede estar orgulloso de su 4. Aunque, en realidad, no es que sea un resultado muy brillante.
En efecto, también la ciencia “es un pañuelo”, y no es muy difícil tener un “número de Erdos” bajo. En 1995, el New York Times lanzó una iniciativa: los “seis grados de Monica Lewinsky”. Resultó que mucha más gente de la que se esperaba tenía algo que ver con la becaria de la Casa Blanca.
Conexiones sexuales
La proximidad entre todas las personas no es solo una curiosidad. Tiene muchas implicaciones importantes. El círculo social de un individuo es también el contexto en el que él o ella escogen sus parejas sexuales.
Existe una percepción difundida de que enfermedades como el SIDA están vinculadas a círculos sociales muy concretos, como el ambiente de la homosexualidad o el de la prostitución. Claramente, se trata de una percepción equivocada, y el experimento de Milgram lo demuestra.
Aunque todos mis amigos estén sanos, es posible que entre los amigos de mis amigos haya alguien enfermo y, a tres o cuatro grados de separación, es prácticamente seguro. El SIDA viaja de un individuo a otro también a través de las relaciones sexuales. Muchos estudios demuestran que, por lo que atañe al sexo, todos estamos cerca de todos. Por eso más vale tomar siempre precauciones.
Foto: Bas
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