| El David (1501-1504) de Miguel Ángel |
| escrito por Patricia Ordóñez | |||||
| jueves, 08 de junio de 2006 | |||||
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Extraído de un bloque de mármol al que otros escultores no supieron dar vida, El David de Miguel Ángel se convirtió en el ideal del arte renacentista. Símbolo del poder y la sociedad de la Florencia del Siglo XVI, pasó a ser modelo estético del arte posterior. Hoy, 500 años más tarde, esta figura majestuosa y de proporciones perfectas, sigue siendo admirada como el primer día. Miguel Ángel: paradigma del genio renacentista
Hombre de espíritu noble y culto, en sus obras se plasma el vigor de su carácter, sentimientos dispares que transmite a su obra con una facilidad digna de admiración. Esto, junto a su particular visión de la figura humana, es lo que llevó a príncipes, papas y cardenales a encargarle obras muy diversas.
Su formación artística fue temprana: a los 13 años ya estudiaba las esculturas de la antigüedad clásica que había en la colección de los Médici (gobernadores de la República de Florencia), y también tuvo la oportunidad de examinar las ruinas romanas que se estaban descubriendo. De este modo, Miguel Ángel encarnó los valores del Renacimiento, con el retorno a los modelos clásicos, exaltando la figura humana desnuda y su conciliación con la naturaleza. El hombre se convertía en la medida de todo.
En primer lugar, apreciamos su mano izquierda en la honda, que cae sobre el hombro, mientras el brazo derecho pende en vertical junto al cuerpo. La cabeza también gira a la izquierda y nos ofrece su perfil. Todo su cuerpo trasmite tensión, pero sin gestos violentos. Este estado de energía contenida, en un cuerpo idealizado de belleza y fuerza sobrehumanas, y en una escala propia de héroes, es característico de la escultura de Miguel Ángel.
Por otra parte, esta figura simboliza, además de las virtudes físicas masculinas, las virtudes morales, y no sólo del hombre, sino de la sociedad republicana de Florencia. Su fortaleza, la cólera limitada y valentía encarnan las virtudes cívicas florentinas y el poder de las familias más influyentes de esta ciudad-estado. La autoridad de su presencia, además de su perfección formal y todo lo que representaba dentro de la Florencia renacentista, hizo que mereciera ser situada en un lugar visible y de categoría en la ciudad. Finalmente, aunque fue encargada para la fachada de la catedral de Florencia, se instaló frente a la casa del Gobierno, en la Plaza de la Signoria. De este modo, se convertía en símbolo de la República. Actualmente, se puede contemplar en la Galería de la Academia de Florencia (desde 1873), conservándose una copia en su emplazamiento original. Un David muy diferente
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